Estudiando la obra del Dr. Corsi

Portada libro Corsi1.- ¿QUÉ PASÓ CON HERMANN FEGELEIN?

¿FUE CONDENADO A MUERTE O SE ESCAPÓ TAMBIÉN?

   Jerome R. Corsi publicó Hunting Hitler a principios de 2014. Cuando tuve noticia de él, estaba plenamente dedicado a preparar la edición del libro para que apareciera en 2014, fecha fijada desde el principio como la ideal, y no tuve tiempo de estudiarlo. Ha sido ya en 2015, cuando lo he pedido. Creo que el Dr. Corsi ha hecho un estudio serio, bien escritas sus 138 páginas de texto y otras 24 de reproducciones, de las cuales 18 son documentales (realmente 14, ya que cuatro son ‘ampliaciones’ de algunos párrafos) y, aunque discrepemos en algunos puntos, que estudiaré en tres partes, creo que merece la pena leerlo. Pero lo primero que hay que dar a conocer es algo que, de atenerse al documento que cita el autor americano ―yo no he podido verificarlo todavía―, obliga a cambiar algún punto más de la doctrina oficial sobre los últimos días del III Reich.

   Quede claro que yo nunca he estudiado específicamente el final de Hermann Fegelein y, aunque me había llamado la atención la confusión de algunos relatos, incluído el de Trevor-Roper, nunca llegué a imaginar que el fin del ‘cuñado’ de Hitler también hubiera sido una gran patraña. Si el documento, que el Dr. Corsi estudia, responde a la realidad, debo modificar el planteamiento que he hecho en mi libro, porque Fegelein no sería un traidor a quien no quedaba más remedio que eliminar, ya que sabía dónde estaba el escondrijo y podría decir dónde se habría escondido Hitler, si quedaba alguna duda de que se hubiera suicidado. Siempre creí que Hitler no se podía fiar de su propio ‘cuñado’.

   Corsi nos dice (p. 58-62) que “ya en octubre de 1945, un informe de la inteligencia militar estadounidense afirmaba claramente que los familiares de Eva Braun estaban haciendo declaraciones sugiriendo que tenían información positiva y fiable de que Hitler había escapado”. Y cita un documento del CIC, la contrainteligencia americana, de 13 de octubre de 1945, que informaba de unas declaraciones que había hecho al CIC el padre de Fegelein.

   Sabido es que Hermann Fegelein se había casado el 3 de junio de 1944 con ‘Gretl’ (Margarethe Franziska), hermana de Eva Braun, y en las fechas de su ejecución (o fuga, según este documento) su mujer estaba a punto de dar a luz. El 5 de mayo de 1945 nació una niña, que se llamó Eva Bárbara y se suicidó a los 21 años.

   Como la inmensa mayoría, yo estaba convencido de que el temor de Hitler a la traición de su ‘cuñado’, estrechamente vinculado a Himmler, tenía que haber sido muy, pero que muy grave, para que Eva no hubiera empleado toda su influencia para que Hitler no lo sometiera al sumarísimo juicio en que, según la versión oficial, lo condenaron a muerte, siendo ajusticiado en la noche del 28 al 29 de abril mediante dos tiros por la espalda.

   Nadie se extrañaba, por tanto, de que una ‘Gretl’ viuda se casara con Kurt Berlinghoff el 6 de febrero de 1954, según nos dice Fernando Navarro en su Diccionario.

   Bueno, pues en este documento, cuyo contenido nos ofrece Corsi, aparecen los padres de Fegelein, Hans y su esposa, declarando, aunque quien realmente lo hace es él con respuestas repetitivas. Luego deduces que el interrogatorio pudo haber sido repetitivo, algo impensable en las actas de los interrogatorios rusos, recogidas en Hitler’s Death de Vinogradov, Pogonyi y Teptzov. La clave se hace un poco inteligible cuando Corsi nos dice que el interrogador era Walter Werner Hirschfeld, ex oficial alemán de las SS que colaboraba con la Contrainteligencia americana, preguntando a un ex-colega que había pertenecido al Standarte SA-I de Munich, que después sería el ‘Leibstandarte Adolf Hitler’.

   Corsi reproduce literalmente 594 palabras, de las cuales 550 son de Fegelein padre y 44 del interrogador Hirschfeld. En la página 59 recoge 203 palabras, en las que Fegelein padre dijo cosas como estas (quito algunas repeticiones): “creo que puedo decir con certeza que el Führer está vivo. He recibido la noticia por un mensajero especial.” “Créeme, es seguro que el Führer volverá.” “Recibí el recado a través de un mensajero especial. Todavía estábamos en guerra. Fue después de la capitulación”. “Mi hijo indicó que él está con el Führer y que el Führer todavía está vivo.” E insiste: “Estoy seguro de ello, porque mi hijo Hermann me envió un mensajero después de la capitulación.” “Sí, en este momento aún estaban en Alemania. El correo me dijo que Hermann [Fegelein] había mandado decir, El Führer y yo estamos seguros y bien. No se preocupen por mí. Le llegarán más mensajes míos, aunque tarde algún tiempo.’ Hans nos dice que cree que fue Baur, el piloto de Hitler, quien sacó de Berlín a los tres.

Fegelein

   ¿Es posible que Hermann Fegelein, esposo de la hermana de Eva Braun, se escapara también? El Dr. Corsi dice haber manejado un documento del CIC de 13 de octubre de 1945, en que el padre del presunto ajusticiado lo aseguró unas cuantas veces.

   En la página 60 interviene Hirschfeld: “Muchos oficiales de las SS establecen que el Führer está muerto y que su cuerpo fue quemado”, pero Hans replica inmediatamente: “No te dejes engañar por la propaganda. Todos ellos son de confianza y verdaderos hombres de las SS que tienen órdenes de hacer estas declaraciones. Probablemente, Dönitz  también cumplió órdenes al hacer las declaraciones que hizo”.

   Después Fegelein padre parece tan lanzado que identifica al informante, confundiendo el grado y no queda claro si se trataba del Sargento o Brigada ‘Reinckey’. Se supone que, al aparecer entre corchetes, es Corsi quien matiza que se trata del “[General Hermann]”. De ser así, yo también tendría que matizar que debía tratarse del General Hermann Reinecke, militar afiliado y muy nacionalsocialista. “Este último dejó Berlín en avión la noche anterior a la caída, trayendo consigo las posesiones de mi hijo, Hermann”. Y da una dirección: “Él llegaría a Fischhorn (cerca de Zell am See, Austria) al día siguiente”.

   Hay que decir que Fischhorn está a unos 750 kms de Berlín y a unos 315 de Vaduz y es, más o menos, por donde buscó el Mariscal Schörner durante ocho días el Alpenfestung y, al no encontrarlo, se entregó a los americanos.

   En la página 61 insiste en el mensaje recibido de que “el Führer y mi hijo Herman habían viajado o volado fuera de Berlín“; que no cree que Hitler hubiera fusilado a su hijo y que los rumores sobre el envenenamiento y cremación fueran falsos, concluyendo el párrafo de 174 palabras con un rotundo: “Nada de eso es cierto”.

   A ello añade Corsi que “Hans Fegelein aconsejó a la inteligencia militar de EE UU: ‘Miren a América del Sur’”, a lo que Hirschfeld respondió: “Entonces, donde estaría el Führer sería en América del Sur. Eso no funcionaría: sin duda, lo reconocerían”, pero Hans Fegelein no se amilanó: “Funcionaría perfectamente. Tienen medios para conseguirlo”. Tras una alusión al Japón, el documento concluye con la rotunda afirmación: “Están en Argentina”.

   Corsi cierra el punto con la valoración del CIC: el relato de Hans Fegelein era creíble.

   En mi opinión, la exposición de Corsi habría merecido el “cum summa laude”, si hubiera reproducido el documento en esas 24 páginas centrales de facsímiles, pero no lo hizo.

   Solo nos queda preguntarnos por las respuestas que ofrece Hans Fegelein, el padre de Hermann. ¿Cómo las podemos entender? ¿Es creíble que un padre declare lo que le ha comunicado su hijo fugado cinco meses y medio antes, cuando todos creían que había sido fusilado? ¿Pretendía jugar fuerte ante un ex-colega colaboracionista, para que se enterara de que Hitler estaba vivo e iba a volver, trayendo a su lado a su hijo, cuñado del Führer, aunque los aliados se enteraran de que seguía vivo y pudieran capturarlo…?

   Por otra parte, ¿de qué sirvió al CIC disponer de una declaración tan ‘creible’, si veinte días después se plegaron a lo que el Servicio de Inteligencia británico ―léase Trevor-Roper― estableció como verdad oficial…?

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