Hitler y Eva no pudieron escapar en el avión que Corsi, Basti y Frattini nos dicen

Sigo estudiando “Hunting Hitler”, la obra del Dr. Corsi, el cual abre un apartado después de la declaración del padre de Fegelein (p. 62) sobre la fuga de Hitler a Argentina y su permanencia en ella. Y cita un informe de John V. Lapurke, agente de la Contrainteligencia USA en Austria fechado el 25 de septiembre de 1945. Informaba de que alguien había oído que Hitler estaba con los Eichhorn, viejos amigos, en La Falda en Argentina; que se había escapado en un submarino. Y nos cita una carta del director del FBI, J. Edgar Hoover, de 13 de noviembre 1945 dirigida a la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, sosteniendo lo mismo.

   Luego cita (p.66) la declaración de Eisenhower de 8 de octubre de 1945 y pasa a estudiar “los hechos” presentados por Trevor-Roper, hablándonos primero de un memorandum hecho por el Major Edward L. Saxe fechado el 9 de octubre de1945, que indicaría que Trevor-Roper habría tardado menos de tres semanas en fijar la doctrina oficial. En las p. 73-76 trata el matrimonio, que según Hanna Reitsch nunca tuvo lugar, y el testamento, ambos propicios para hacer más creíble el suicidio.

El capítulo 4 abarca cinco puntos que él no numera, pero yo sí, para facilitar su lectura. Parte de la reunión del 9 de noviembre de 1942 entre Himmler y Bormann, porque ya se dudaba de que Alemania pudiera ganar la guerra y era necesario un plan para escapar a un refugio seguro fuera de Alemania (p. 78-79) y prever que el partido nazi tuviera que pasar a la clandestinidad, por lo que comienzan a tomar medidas a partir de 1943, mirando a Argentina y a Estados Unidos. Con ello abre el apartado 1.- “Allen  Dulles en Suiza”. Afirma que desde los años 30 la finaciación había llegado de Estados Unidos, de los Bush y de los hermanos Dulles. El 11 de noviembre de 1942 llegó a Suiza Allen Dulles, de 49 años de edad para dirigir la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS, predecesora de la CIA).Y el 15 de enero de 1943, Dulles recibió la visita del príncipe Hohenlohe-Langenberg, quien tenía pasaporte [y nacionalidad desde 1922] de Liechtenstein, proponiéndole de parte de Himmler la eliminación de Hitler, para que Alemania pudiera unirse a Estados Unidos y Gran Bretaña para seguir la guerra contra la Unión Soviética y el comunismo. Otros harían el trabajo sucio, sin aparecer Himmler.
Foster DullesAllen Dulles 2

Los hermanos John Foster y Allen Dulles, prohombres de la economía y de la política americana en los años anteriores, durante y posteriores a la II Guerra Mundial. Corsi, tal vez como pocos estudiosos han hecho, otorga a Allen un protagonismo que realmente debió tener en la previsión y diseño de la situación posbélica real entre los dos grandes bloques. Para ello no dudó en aprovechar todo lo que pudiera resultar valioso de los restos supervivientes del nazismo. 

Dulles acogió la propuesta y, sin comprometerse oficialmente, mantuvo abierto un canal de comunicación con Himmler y la jerarquía de las SS y fue teniendo la convicción de que los altos nazis se preparaban para pasar a la clandestinidad, si Alemania perdía la Segunda Guerra Mundial. El nacionalsocialismo no sobreviviría fácilmente a un Führer capturado y juzgado como un criminal de guerra y si Hitler sobrevivía a la guerra, entonces se necesitaría un refugio seguro para él también. Con suficiente dinero podría ser trasladado fuera de Alemania, si existía un refugio seguro en el extranjero. Había que crear y financiar empresas productivas en el extranjero que pudieran generar suficientes ingresos para sostener a los nazis que escaparan a esos refugios predeterminados donde pudieran sobrevivir. Con esto pasa al que sería punto 2: “El Imperio de Bormann”, en el que nos cuenta que Bormann organiza la venta de cuadros en Argentina y Méjico, trabajando con dos bancos alemanes y uno de Nueva York, al cual estaba vinculado Allen Dulles; adquiere navieras; entre 1943 y 1945 financia 200 empresas alemanas en Argentina, Portugal, España, Suecia y Turquía; creó unas 980 empresas fuera de Alemania, 770 en países neutrales; invierte en las bolsas de Canadá y Estados Unidos y en los últimos días de la II GM dispersó varios miles de millones de dólares por todo el mundo, utilizando todos los instrumentos bancarios al uso. Apunta que Allen Dulles tenían que estar al tanto ya que Bormann operó a través de seis bancos privados suizos diferentes. Nos asegura que Bormann realizó cientos de miles de transacciones económicas fuera de Alemania con empresas que consideraban que el liderazgo alemán era siempre provechoso. Ofrece datos abrumadores, tomados de Paul Manning en Martin Bormann: Nazi in Exile (1981). Además, habría contactado con las comunidades alemanas establecidas en Suramérica después de la I GM, especialmente en Argentina desde que en junio de 1943 Perón, que había sido agente de la inteligencia alemana durante dos años, dió el golpe de estado. Con ello, se habría promovido el plan “Tierra del Fuego” con la creación de un refugio secreto en la comunidad alemana de San Carlos de Bariloche, en Río Negro, Argentina “, siguiendo a Simon Dunstan y Gerrard Williams en el Lobo Gris: El escape de Adolf Hitler (2011). Después colaboraría con Bormann Ludwig Freude, un banquero millonario, y desde agosto de 1942 comenzaron los submarinos alemanes a llegar a Buenos Aries con el botín de la Argentina nazi: lingotes de oro, platino, piedras preciosas, bonos, certificados al portador y tesoros de arte que habrían alcanzado los cincuenta mil millones de dólares al valor de hoy.

El que sería punto 3 se titula “Dulles y los SS”. Al final de la Segunda Guerra Mundial, Dulles rescató de un campo de prisioneros a Reinhard Gehlen, jefe de la inteligencia militar nazi en el frente oriental, incluida la Unión Soviética. Gehlen era el prototipo de lo que Dulles había acordado con Himmler como un elemento clave en el plan para desarrollar la guerra OSS (Office of Strategic Services), posteriormente la CIA. Dulles emplea a Gehlen con sus colaboradores, liberándolos de los tribunales de Nüremberg. En el verano de 1945, Dulles había terminado sus negociaciones con Gehlen. En septiembre de 1945  Gehlen y seis colaboradores suyos fueron trasladados a Washington por el jefe del Estado Mayor de Eisenhower, el general Walter Bedell Smith.

Bormann se escapa a Argentina’ sería el título 4º y nos recuerda que su cadáver no fue encontrado y se supone que se escapó, por lo que el Tribunal Militar Internacional de Nuremberg lo juzgó ‘en ausencia’; que en octubre de 1946 lo declaró culpable y lo condenó a muerte, pero que en diciembre de 1972 unos trabajadores de la construcción encontraron los restos de dos cadáveres cerca de Lehrter Banhof, la estación central de tren en Berlín Occidental, y se reavivó la controversia sobre si Bormann se escapó o no. En Frankfurt el 11 de abril de 1973, el Procurador General Horst Gauf proclamó oficialmente que Bormann había muerto el 2 de mayo de 1945 y, en base a registros dentales, establecieron que uno de los cráneos era de Bormann. Corsi rememora el relato de Artur Axmann, que es el que recoge Trevor-Roper, y contrapone la explicación ofrecida por el periodista Paul Manning en su libro 1981: Martin Bormann: Nazi in Exile, en el que nos dice que sabe por tres fuentes distintas que Bormann se escapó con el jefe de la Gestapo Heinrich Müller y describe las tres fuentes. La primera, en 1947, le indicó que Mueller había diseñado el escape de Bormann, preparando las pistas en un campo de concentración. En 1973, uno de los Generales ayudantes de Gehlen le habría asegurado que “El cráneo representado como de Bormann era un fraude.” En 1978 un agente del Mossad israelí, la tercera, le dijo: “Sabemos que está en America del Sur, pero  no nos sentimos muy obligados a encontrarlo porque nunca estuvo involucrado personalmente en la ‘solución final'”. Manning informó que Müller encontró en el campo de concentración de Sachsenhausen a dos presos que se parecían a Bormann. Müller los sometió a tratamiento con un dentista nazi que reprodujo en sus bocas con total precisión la dentadura de Bormann, tanto los dientes reales como los postizos. Estos sustitutos fueron asesinados en los sótanos de la Gestapo con spray de cianuro. Un equipo de las SS los habría llevado la noche del 30 de abril de 1945, enterrándolos no muy profundamente en dos lugares diferentes cerca de la estación de Lehrter donde Axmann habría descubierto el cadáver de uno de ellos, mientras el otro quedó enterrado hasta 1973.

Cuando Ladislao Farago afirmó en su libro de 1974 sobre Bormann, que estaba “vivo en Argentina”, sostuvo que  le habían dado un archivo de la inteligencia en Buenos Aires del SIDE (Secretaría de Informaciones del Estado), que contenía documentación de que Bormann había entrado en la Argentina en 1948, después de haber zarpado de Génova, disfrazado de sacerdote jesuita que viajaba con un billete de segunda clase y con documentos falsos emitidos por el Vaticano, documentos hechos públicos en Argentina, tras la caída de Perón.

En 1998, la controversia sobre Bormann resurgió en Alemania, al hacer pruebas de ADN que establecieron que el esqueleto excavado en Berlín era el de Bormann, pero los datos del ADN obtenido, a partir de un pariente de 83 años, eran un tanto incompletos en cuanto a identificaciones, sin haber sido sometidos a contraste.

En el último punto Corsi trata las relaciones de los nazis en fuga con el Vaticano, señalando que la presentación del Papa Pío XII como el “Papa de Hitler” fue una invención de la KGB  desde que radio Moscú así lo dijera el 3 de junio de 1945 y nos dice que Pacepa demuestra que el Papa Pío XII ayudó a los Judios en la Segunda Guerra Mundial, aunque hubiera elementos dentro de la Iglesia Católica que establecieron la “línea de ratas”. Señala a dos jerarcas argentinos y a los obispos Alois Hudel y Krunoslav Draganovic, ambos en Roma, con coordinación de Carlos Fuldner, argentino de familia alemana. Por ese camino escaparon destacados criminales de guerra nazis como Josef Mengele y Adolf Eichmann. Se dió una mezcla de antiguos nazis, miembros de la Iglesia Católica y anticomunistas como Allen Dulles y  James Jesus Angleton, altos dirigentes de la OSS y CIA, que facilitaron la huida de decenas de miles de nazis.

El capítulo 5 trata sobre la fuga de Hitler a Argentina. Nos asegura que en Argentina pocos dudan de que Hitler vivió y se refugió allí durate el resto de su vida, siguiendo a Abel Basti, periodista argentino y al periodista italiano Patrick Burnside, ambos basados en entrevistas, artículos de periódicos y algún documento. En Argentina se cree que Hitler se escapó de Alemania y que  llegó en submarino en 1945 a Mar del Plata, a 400 kilometros al sur de Buenos Aires. La inteligencia militar estadounidense en Alemania tenía información ya en septiembre de 1945 y Edgar Hoover escribió a la Embajada de EE.UU en Buenos Aires en noviembre de 1945. Habría ido a La Falda, provincia de Córdoba, a unos 800 kilómetros de Buenos Aires y a San Carlos de Bariloche, un pequeño pueblo en la provincia de Río Negro en el extremo sur de Argentina.

avión hitler

Este es el documento que reprodujo y comentó ampliamente Abel Basti en El Exilio de Hitler (p. 309-314, Absalón, Cádiz 2010), que cita Corsi (p. 109-111) por la edición argentina y después Eric Frattini ha reproducido (Documento 7) y comentado (p.104-105), como si esa ‘lista de pasajeros’ pudiera servir para probar algo.

Los argentinos no tienen claro cómo escapó exactamente Hitler de Berlín. Dos planteamientos:

1.- El Führer decidió huir, a instancias de Martin Bormann y de Henrich Müller, jefe de la Gestapo, que nunca fue encontrado cuando Berlín cayó ante los soviéticos el 2 de mayo de 1945 y en su tumba había restos de tres personas diferentes, pero ninguno pertenecía a Müller. En la noche del 22  de abril lo habrían sacado de Berlín, quedándose en el Führerbunker un doble con comportamientos distintos y con el que los presentes fumaban, etc. En este caso, los testamentos, boda, etc., habrían sido falsos. Habría escapado en un helicóptero Focke-Achgelis Fa-223 a Horsching, Austria [a unos 731 kms de Berlín]. Baumbach lo habría llevado en avión a Barcelona y desde allí en submarino a Argentina. Basti reprodujo y describió detalladamente un documento en El Exilio de Hitler (p. 309-314, Absalón 2010) y Corsi lo cita como otorgándole validez, hecha la salvedad de que los Goebels no hicieron el vuelo, cuando le realidad es que ese documento, suponiendo que sea auténtico, vale muy poco (también Eric Frattini lo considera auténtico en ¿Murió Hitler en el búnker?, p. 104-105 y la que sería 297, si estuviera numerada). ¿Tiene algún sentido que se haga una lista de pasajeros para un vuelo que debía ser ultrasecreto, si en él hubieran volado Hitler y Eva? El documento está fechado el 20 de abril y la fecha del vuelo sería el 26 a las 20 h. Esa lista consta de 19 pasajeron identificados y 4 de seguridad no identificados. Aparte Hitler y Eva, que es seguro que estaban el día 30 en el búnker, sabemos que ese día y los siguientes estaban en Berlín al menos 16 de los 17 restantes. ¿Qué valor puede tener un documento con una lista de 19 pasajeros para un vuelo de Horsching a Barcelona el día 26, fecha en que sabemos con suficiente certeza que en ese día y en los siguientes, al menos 18 de ellos estaban en el búnker, independientemente de que unos cuantos se pudieran escapar después o se suicidaran o murieran, aparecieran o no sus cadáveres…?

No hay ninguna duda: ese documento no tiene absolutamente ningún valor, salvo que se empeñen en hacernos creer que esos 18 pasajeros estaban bilocados, o sea, que se encontraban, como se dice de algunos santos, en dos sitios a la vez.

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