Conclusión del estudio de la obra del Dr. Corsi

No queda suficientemente probado que Hitler escapara en submarino.

Corsi estudia, después del avión, la posibilidad de que hubiera escapado en un submarino. El 10 de julio se rindió el U-530 en Mar del Plata al mando de dos alféreces: Otto Wermuth, de 25 años y Karl Felix Schuller, de 21. Se hizo un inventario de todo lo que llevaban a bordo y los interrogaron. La corrosión del casco evidenciaba que el U-530 había estado en el mar durante mucho tiempo, desatando la sospecha de que Wermuth estaba mintiendo. Se constatan rumores sobre otros U-530, vistos el día anterior y una semana antes. El U-530 había dejado Kiel, Alemania, al norte de Hamburgo, el 19 de febrero de 1945 y la tripulación constaba de 54 marinos, el mayor era un suboficial de 45 años y el menor tenía 19. Un médico argentino certificó que estaban bien de salud, aunque un poco pálidos. El Ministerio de Marina informó que el U-530 no había llevado ningún político ni funcionario militar alemán ni había desembarcado ninguna persona en la costa argentina antes de la rendición. Todo el personal a bordo era la auténtica tripulación. El submarino y su tripulación quedaba a disposición de las autoridades estadounidenses y británicas en la isla de Martín García.

Corsi nos dice que, como Argentina simpatizaba con la Alemania nazi, habría edulcorado las conclusiones y reproduce en tres folios facsímiles (que, si estuvieran numerados, serían las p. 16, 17 y 18 de las reproducciones centrales) un informe de la Inteligencia naval de EE UU fechado el día 18 de julio y titulado: “Un submarino alemán se rinde a la Marina Argentina”. Además recoge literalmente algunos párrafos, por ejemplo: “Nadie de la tripulación tiene documentos de identificación, falta el diario de a bordo, todo el armamento está destruido o inutilizado, faltan el cañón de proa y dos cañones antiaéreos, y la única munición dejada a bordo está inutilizada”. Luego añade un comentario suyo (“Es evidente que la tripulación tenía algo que ocultar, y el submarino no estaba preparado para el combate antes de entregarse a las autoridades navales argentinas”) y vuelve a citar literalmente otras observaciones. A continuación suprime la siguiente línea, que yo creo que es muy importante: “Los periodistas también relataron los rumores siguientes:” y reproduce diez líneas en las que recoge seis frases separadas mediante punto seguido. Se trataría por tanto de seis rumores, el último de los cuales reza así: “EVA  BRAUN  Y  ADOLF  HITLER  DESEMBARCARON  EN  EL  SUR  DE  ARGENTINA.

Corsi añade a continuación que “Curiosamente, aunque este párrafo fue escrito para informar sobre lo que los periodistas argentinos estaban diciendo, la última frase relativa a Adolf Hitler y Eva Braun fue escrita como si esa información fuera un hecho establecido. El informe señaló que en los círculos policiales, se decía que el U-530 atracó  en Comodoro Rivadavia antes de rendirse en Mar del Plata. Más aún, un residente de Coronel Dorrego, Provincia de Buenos Aires, informó que alrededor del 22 de junio de 1945 algunas personas desembarcaron en la costa en un bote de goma.” Y luego añade el punto 5º de ocho líneas del folio 2º del citado informe de la Inteligencia americana. De esas ocho líneas, cita cuatro sin entrecomillar, pero prácticamente literales y las otras cuatro las cita entrecomilladas con una frase suya en medio.

  1. Líneas no entrecomilladas, pero prácticamente iguales: Además, en la tarde del 9 de julio, el día antes de que el U-530 (‘submarino’) se rindiera, tuvo lugar una celebración en el comedor privado de (lo que la inteligencia de la marina americana caracterizó como) el “nazi Jousten Hotel” para celebrar la llegada a Argentina de algunos nazis importantes. El informe continuó mencionando que también hubo celebraciones en otros lugares de reunión nazi por la misma razón. (p. 116)
  2. Líneas que aparecen entre comillas:”La misma fuente informó de que el 17 de julio HITLER y otros cinco hombres habían desembarcado (tiempo y lugar desconocido) en una zona militar restringida lejos en el sur de Argentina”, destacó el informe de inteligencia de la marina americana. “Se dice que han llegado desde el mar en dos lanchas que enarbolaban la bandera oficial argentina” (p. 116-117).

Por tanto, hay que decir que Corsi nos presenta como “un hecho establecido” lo que, en mi opinión, no es otra cosa que un rumor más, como los cinco anteriores, en cuyo contexto se encuentra; un rumor todo lo importante que se quiera, pero simple rumor, porque, además, sería un contrasentido impropio del Ejército Americano, que la fuga de Hitler a Argentina se considerara un hecho establecido el 17 de julio y que, sin embargo, admitiera sin ninguna explicación dos meses y medio después lo que Trevor-Roper aseguró en el Informe oficial británico de 1 de noviembre: que Hitler se había suicidado en el búnker, aunque no hubiera aparecido su cadáver.

El punto siguiente es:  Misión clandestina de los U-530.

Corsi nos dice que los informes de la Inteligencia naval de Estados Unidos sobre los U-530 dejan claro que tenían la misión clandestina de transportar nazis de alto nivel a Argentina y, para demostrarlo, pone un ejemplo sobre colores amarillentos y verdosos que yo, que no sé nada de temas militares, probablemente no entendería si me lo explicaran en español, así que en inglés… ni lo intento. Es posible, incluso probable, que esa fuera la misión que tenían los U-530que el oficial no fuera el jovencísimo Wermouth; que hubieran hundido otros submarinos después de desembarcar a algunos pasajeros; que se produjeran lagunas e incoherencias en los relatos, aunque hubieran sido ensayados; que hubieran destruido documentos de navegación o tuvieran diccionarios de español y cigarrillos argentinos…; pero de todo ello no se puede deducir más que la posibilidad, nada más que la posibilidad,  de que hubieran desembarcado a Hitler en Argentina. Y la posibilidad no la niega nadie, pero por algo el axioma de la lógica clásica decía que solo “de facto ad posse, valet illatio”. Se conoce que ya entonces se tenía la misma costumbre de ahora: deducir el hecho de su mera posibilidad.

El 17 de agosto de 1945 apareció en Mar del Plata un submarino U-977, totalmente equipado, al mando de Heinz Schaffer, un alférez de 24 años. Corsi nos da toda clase de datos sobre los U-977 y nos dice que el alférez siempre insistió en que el U-977 no participó en que Hitler o cualquier otro oficial nazi escapara a Argentina y nos cuenta que el mismo Schaffer publicó en 1952 sobre ese tema un libro , en el que constataba con cuánta insistencia le preguntaban si había llevado a Hitler y dónde lo había desembarcado, cómo lo pusieron en la misma celda con Otto Wermouth con la esperanza de poder grabar el relato de lo ocurrido; pero, como Schaffer no explicó satisfactoriamente un tiempo muy superior al que debería haber empleado en un trayecto, la Inteligencia americana siempre sostuvo que lo había empleado en desembarcar pasajeros nazis o en proteger otros submarinos dedicados a esa actividad, por lo que, tal como se deduce de esos interrogatorios tan intensos, nunca creyeron que su historia hubiera sido tan inocente.

   Así que este capítulo 5 concluye con “Un refugio en Bariloche” (es decir, se da por supuesto lo que se debía probar), diciendo que encontró una comunidad alemana entusiasta y lista para darle la bienvenida, adornándolo con datos que, siendo reales, no avalan la prueba, como el hecho de que en Argentina existían muchos germanoargentinos que eran muy nazis. Y ahí viene lo del Hotel Edén, propiedad de Walter e Ida Eichhorn Bonfert, en La Falda, provincia de Córdoba o la Residencia Inalco, junto al Lago Nahuel Huapi en Rio Negro, San Carlos de Bariloche. [Nadie pone en duda que en Argentina a mediados de los cuarenta había muchos lugares donde poder esconderse y pasar desapercibido durante años.]

Corsi titula la Conclusión: ¿Quién ayudó a Hitler a escapar? Y comienza señalando el escándalo que supone que escapara sin castigo el causante de la muerte de sesenta millones de personas y del asesinato de seis millones de judíos y explica la doctrina oficial en cuanto que resultaba más aceptable para los aliados occidentales. Fueron poco los nazis ajusticiados en Nuremberg, mientras fueron decenas de miles los escapados y fueron muchas las penas de muerte conmutadas por cadena perpetua, que después fueron reducidas por sucesivos indultos.

La fuga de Hitler comenzó a gestarse en 1943, cuando Bormann implementó el plan para invertir miles de millones de dólares en empresas de Estados Unidos y Argentina, cuando Allen Dulles continuó las alianzas forjada antes de la guerra entre empresas estadounidenses y alemanas.

Corsi piensa que Hitler no habría podido escapar sin la complicidad de Allen Dulles en Suiza y de Juan Perón en Argentina. Y añade que había que hacer creer al mundo que Hitler se había suicidado como un cobarde y no tener que condenarlo a muerte por crímenes de guerra. Así se evitaría que las generaciones futuras lo pudieran considerar un mártir. Cree que Roosevelt y Truman se enfrentaron al concluir la II GM a un dilema parecido al que se enfrentó Abrahan Lincoln  al final de la Guerra Civil americana. El Presidente del Tribunal Supremo, Salmon P. Chase, había declarado en julio de 1867 que “Lincoln quería que [Jefferson] Davis se escapara, y tenía razón. Su captura era un error, pero su juicio sería un error mayor.”

A. Lincoln - copiaSalmon S. Chase (2)  J. Davis

   Estos son los tres personajes aludidos por Corsi en el dilema similar al que Roosevelt y Truman habrían tenido con Hitler. Permítaseme explicarlo brevemente, ya que, como es lógico, los españoles no conocemos la historia de Estados Unidos como la conocen los propios americanos. Abrahan Lincoln (primera imagen) nombró Presidente del Tribunal Supremo a Salmon P. Chase (imagen del centro) en diciembre de 1864, es decir, exactamente cuatro meses antes de ser asesinado. Jefferson Davis (imagen tercera) fue elegido Presidente de los Estados Confederados en febrero de 1861 y en abril comenzó la Guerra de Secesión, dándola por concluida a finales de abril de 1865. Davis huyó, pero fue capturado el 10 de mayo de 1865 y se le puso en libertad el 13 de mayo de 1867. Según Corsi, Chase  declaró en julio de 1867 —es decir, casi tres meses después de ser liberado: ¿justificación a posteriori?— que “Lincoln quería que Davis escapara y tenía razón” y siguió defendiendo sus ideas hasta que murió 24 años más tarde, sin que nadie tratara de convertirlo en mártir de la causa sudista. No deja de ser una explicación y, aunque habría que tener en cuentas varias vertientes del problema, no deja de ser un autor americano quien nos lo esclarece, aunque, con todo, deberíamos preguntarnos: ¿es posible que Roosevelt  y Truman creyeran que era mejor correr un tupido velo sobre el final de Hitler, para que —’pelillos a la mar’, que suele decirse— nunca nadie lo considerara un mártir…?

Estoy de acuerdo con Corsi, cuando afirma que Hitler sabía que tendría que permanecer en la clandestinidad el resto de su vida y que en el momento tratara de ‘resurgir’, firmaría su sentencia de muerte. Tal vez tenga razón en que lo que Allen Dulles percibió fue que en el siglo XX se estaba configurando un conflicto no entre capitalismo y comunismo, sino entre nacionalsocialismo y comunismo. O en la vinculación que establece entre la política nacionalsocialista y el pensamiento del New Deal, precursor del pensamiento progresista de hoy, que llevaría a Allen Dulles a considerar como aliados naturales a los nazis que trabajaban para Hitler en el gobierno, en los negocios y en actividades de inteligencia. Dulles no sólo tuvo en cuenta a la agencia de inteligencia de la Wehrmacht de Reinhard Gehlen para crear la CIA, sino que también planeó la “Operación Paperclip” para llevar a miles de científicos, ingenieros y expertos alemanes técnicamente muy cualificados, para trabajar en la reorganización de los negocios de Estados Unidos y para orientar la producción de guerra con la competencia necesaria para dominar la economía de la posguerra mundial.

Corsi afirma que “Sin la complicidad de Dulles, es mucho menos probable que Hitler o cualquiera de los otros cómplices nazis como Eichmann y Mengele hubieran escapado jamás.”

Cuando los nazis escaparon de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial, trajeron con ellos no sólo el avanzado genio técnico de la ciencia nazi y, aunque perdieron la Segunda Guerra Mundial, el sueño de Hitler de una Europa unida gobernada por Alemania ha sido parcialmente alcanzado en la actual Unión Europea; pero también dice otras cosas sorprendentes, como la frase de Jim Marrs: “Estados Unidos hoy es el sueño de un nacional socialista hecho realidad”.

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