Es imposible repicar campanas que no existen

Entre mis muchos recuerdos de estudiante en el Seminario de León está el de aquél profesor que nos explicaba en clase de Lógica que de poco servía acumular pruebas accidentales, si faltaba la que era esencial y lo hacía con una historieta esclarecedora e inolvidable.

Por aquel entonces los obispos solían hacer cada cierto tiempo la visita pastoral a las parroquias de su diócesis para conocer las necesidades de sus gentes e interesarse por ellas, para confirmar o dar la primera comunión, etc. El párroco solía salir al frente de sus feligreses, generalmente los niños y niñas escolarizados, bastantes mujeres y algunos hombres a esperarle en un determinado punto no muy lejos de la iglesia parroquial, frecuentemente cerca de la carretera. Todo estaba preparado para que, cuando se bajara del coche, comenzaran a repicar las campanas, celebrando su visita pastoral, entre cánticos y gritos de ‘¡Viva el Sr. Obispo!’, contestando todos a coro: ¡Viva!

Pero en aquel pueblo, al que había llegado en su primera visita pastoral el nuevo obispo de aquella diócesis, no tocaban las campanas por lo que no era fácil gritar a palo seco ‘¡Viva el Sr. Obispo!’ y el recibimiento resultó bastante frío. Así que el Obispo no tardó en preguntar al Párroco:

―¿Cómo es que no me reciben, como se hace siempre, con el tañido de las campanas…?

El cura respondió inmediatamente:

―Mire usted, señor Obispo, por cien razones. Primera: porque en la iglesia de este pueblo ¡no hay campanas! Segunda: porque no hay quien…

―¡Pare, pare, pare… ―le interrumpió rápidamente el prelado― que si no hay campanas, sobran las otras noventa y nueve!

campanas

Que si no hay campanas, no se pueden tocar es algo tan elemental  como que, si no hay cadáveres, no se pueden encontrar y sobran todos los demás argumentos que queramos aducir. Los rusos no pudieron hallar los cadáveres quemados de Hitler y Eva porque NO EXISTIERON TALES CADÁVERES NI QUEMADOS NI SIN QUEMAR.

El próximo 1 de noviembre se cumplirá el septuagésimo aniversario de un documento todo lo trascendente que se quiera desde el punto de vista militar, pero muy ominoso para la Historia, porque un militar, que conocía muy bien el oficio de historiador, gozando del apoyo incondicional de los ejércitos Aliados, incluido buena parte del ejército Rojo, invirtió la carga de la prueba y convirtió en verdad oficial lo que le convenía demostrar por unas razones u otras. Era él quien debía demostrar que alguien, que estaba vivo, había muerto. Era él quien debía probar que sus cadáveres habían sido quemados, mostrándolos convenientemente incinerados. No aparecieron, pero no importó: estaban las declaraciones de unos testigos, algunos documentos fabricados expresamente y ciertos argumentos que por sí mismos no valían nada. Aunque no existiera campana alguna que tocar, tenían poder para hacer creer a todos que realmente las podían repicar cuanto quisieran y que, pese a partir de la constatación inicial de que no podía hacerlo porque no existían, podían seguirlas repiqueteando siempre que quisieran.

En la ‘Presentación’ de mi obra en este BLOG destacaba estas incongruencias, diciendo que nos habían hecho comulgar con ruedas de molino, aunque en este caso concreto, dada la magnitud del engaño, habría que hablar más bien de “cabezas de tuneladora”. La comparación puede parecer exagerada; pero la dimensión del engaño colectivo normal ya había quedado fijado con las ruedas de molino y este era un engaño tan descomunal que los ejemplos tradicionales de las pétreas muelas o como el del ‘rey desnudo’ de Andersen en uno de sus cuentos (cuyo contenido ya lo había recogido Don Juan Manuel como contado por Patronio al Conde Lucanor en el ejemplo XXXII) se quedaban muy chicos. Este era un engaño tan descomunal que no exageraba un ápice cuando en la portada del libro lo califiqué de “la gran mentira del siglo XX”.

A lo largo de este septuagésimo aniversario iré exponiendo y analizando en este BLOG, bajo un título común ―BUSCANDO LA VERDAD HISTÓRICA― las distintas pruebas utilizadas por la doctrina oficial poniendo, poco a poco, en evidencia su escasa o nula consistencia. El Informe de 1 de noviembre de 1945, atribuido a Trevor-Roper, comienza reconociendo la limitación de su prueba “basada en gran medida en testimonios”, por lo cual nos dice con modestia que es “TODO LO CONCLUYENTE QUE PUEDE SER, NO HABIENDO APARECIDO LOS CADÁVERES”. Bueno, pues pese a esa premisa mayor, formulada aceptablemente, aunque no precise el grado en que pueda ser concluyente ―que en mi opinión es muy escaso, por no decir nulo― en el primer párrafo de los seis de que consta la conclusión asegura sin el menor rubor que “No existe prueba alguna que sustente ninguna de las teorías que presuponen que Hitler sigue vivo” [señor Trevor-Roper: se debe ‘presuponer’ que alguien sigue vivo, mientras no se demuestre fehacientemente que ha muerto](…) y en el segundo asegura sin sonrojo alguno que “han sido investigadas y carecen de fundamento” (…), “que la mayoría de ellas fueron refutadas y los autores de algunas han admitido que eran pura invención”. Por si fuera poco, como quien no quiere la cosa, trata de fortalecer las indefendibles declaraciones de sus testigos y nos presenta como imposible una fuga  de Hitler después de las 14:30 del día 30 de abril de 1945 y considera la suya la única prueba positiva, mientras las de los contrarios las juzga como “carentes de toda razón válida”.

Yo no encuentro expresiones ―dentro de una mínima educación― para definir esta forma insolente y despectiva de argumentar, pero alguien tendría que haberle dicho que, si se carecía de los cadáveres, era como si se carecía de las campanas y las otras 99 razones no servían para nada. Por eso los rusos lo tuvieron tan claro ante la pregunta que Stalin formuló el día 1 de mayo a las 5 de la mañana a Zhúkov ―”¿Dónde está el cadáver de Hitler?”― que se pusieron como locos a buscar unos cadáveres que poder ofrecer a Stalin, al pueblo ruso que contribuyó con tantos millones de muertos, y a sus aliados occidentales, para que no pensaran que se había escapado por su propia torpeza.

Alguien debería haber dicho a Trevor-Roper ―parece que fue él quien preparó el Informe de 1 de noviembre de 1945― que, si eran tan necesarios los cadáveres para probar la muerte y cremación de Hitler y Eva, no se podía suplir esa carencia invirtiendo la carga de la prueba y acumulando argumentos, porque aunque hubiera logrado contar hasta 99 de gran peso, que no era el caso, no serían suficientemente valiosos.

¿Tan difícil de entender es que, si no existen campanas, no se puede seguir campaneando…?

mussolini

¿Tan dificil es entender que no se puede seguir campaneando durante 70 años, si el 30 de abril de 1945 no había campanas, es decir, si no había cadáveres tan indiscutibles como los de Mussolini y Clara Petacci, que los vieron y tocaron cuantos quisieron…?

Cuando año y medio después publicó Los últimos días de Hitler ni siquiera trató de mejorar una prueba tan deficiente, sino que, simplemente, se limitó a establecer el relato oficial de cómo se habían suicidado, aunque con las razones esgrimidas no se pudiera demostrar que hubieran muerto…… y hoy, setenta años después, sus seguidores SIGUEN CAMPANEANDO ¡TAN SIN CAMPANAS COMO EN 1945…!

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