“Yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán”

portada_time_07_05_1945

(O LA CONCLUSIÓN DEL RAZONAMIENTO DE HITLER y algo más)

Esta fue la portada del 7 de mayo de 1945 del semanario estadounidense. Es fácil suponer el enfoque que TIME daba al final de Hitler en ese momento, dado que, como expuse en la p. 65 de “¿Dónde está el cadáver de Hitler?”, en la tarde del día 2 de mayo, Harry S. Truman, desde hacía veinte días 33º Presidente de Estados Unidos, había proclamado en una sala atestada de periodistas en la Casa Blanca que “Los Estados Unidos tienen información oficial de que Hitler está muerto”, sin añadir ninguna explicación.  

Sin embargo, veintiún días después TIME publica una reseña de 371 palabras, algo más de medio folio, dando noticia de lo que yo había puesto en la p. 67 en ambas ediciones: “24 de mayo: El mayor Ivan Nikicine, comisario delegado de la Policía de Seguridad Soviética informó desde Berlín que, contra lo que se solía dar por cierto, ni el Führer se había suicidado en el búnker ni, en caso de que hubiera muerto, habían incinerado su cadáver”.

La revista TIME de 28 de mayo de 1945, con el almirante Leahy en portada, publica en la cuarta columna (la única de texto de la p. 21) la información del Delegado de la Policía de Seguridad Soviética en Berlín. 

Entonces no encontré el soporte bibliográfico claro, como expuse en la ampliación en Internet de la nota 12 de la obra extensa de referencia. Había quedado sin señalar la fecha en la reseña de la obra que Thomas T. Noguchi (ver p. 203 O. de R.), forense norteamericano, publicó en 1985: un libro en el que dedica poco más de diez páginas al final de Hitler. Nos cuenta varias cosas en ocho líneas tomadas de TIME, pero olvidó poner la data y yo no logré localizarlo. Ha sido ahora cuando he dado con él, tras haber visto la fecha de TIME en Tras los pasos de Hitler (p. 389) de Abel Basti y en Lobo Gris de Simon Dunstan y Gerrard Williams (p. 195).

Me permito, pues, traducir esas 371 palabras, señalando entre corchetes algún detalle, como citar a Himmler en vez de a Goebbels, algo evidente, pues Himmler ya hacía tiempo que no iba por el búnker.

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Mientras  yo viva …

Un equipo de detectives soviéticos concluyó la semana pasada que si Adolfo Hitler estuviera muerto, su muerte no habría ocurrido en las ruinas de la Cancillería del Reich.

Dirigidos por el silencioso jefe de la policía de seguridad de Stalin, el mayor Ivan Nikitine, de mediana edad y ojos azules, los criminólogos rusos reconstruyeron los últimos días de Hitler en Berlín. Junto a una estantería en la habitación personal de Hitler, en la Cancillería destrozada en la batalla, los detectives encontraron un delgado panel extraíble de hormigón. Y detrás de este panel encontraron un agujero de tamaño humano que conducía a un refugio supersecreto de hormigón, enterrado muy profundo y a 500 metros de distancia. Otro túnel conectaba el refugio con una línea férrea subterránea. Los restos de comida en el refugio indicaban que entre seis y doce personas habían permanecido allí hasta el 9 de mayo, el día siguiente al Día de la Victoria en Europa.

Durante los contrainterrogatorios, los alemanes que decían haber presenciado la muerte de Hitler cambiaron sus historias. Contrastados los detalles, admitieron finalmente que nadie había visto morir al Führer. Finalmente, la historia contada por un guardaespaldas personal de Hitler es la que unifica y cataliza todas las versiones enfrentadas entre sí. El guardaespaldas, un SS Untergruppenführer [sargento segundo-SS], vio por última vez a Hitler el 27 de abril en su habitación personal en la Cancillería.

Eva Braun, la amiga rubia de Hitler, estaba sentada en una mesa escribiendo. Hitler se agitó en su sofá y preguntó al guardaespaldas sobre las bajas fuera de la Cancillería, donde la lucha era intensa. Entonces comenzó a arengar alzando su voz por encima del ruido de la batalla.

Mientras viva”, dijo Adolf Hitler, “no habrá conflicto alguno entre Rusia, América e Inglaterra. Están unidos porque quieren destruirme. Si yo estoy muerto, no pueden permanecer unidos. El conflicto debe llegar. Pero cuando esto ocurra, yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán, para ayudarlos a levantarse de la derrota y conducirlos a la victoria final. Alemania puede tener esperanza en el futuro sólo si el mundo entero piensa que estoy muerto. Yo debo…”

La voz se apagó, y al sargento segundo-SS se le ordenó salir. Ya fuera del cuarto se cruzó con Heinrich Himmler [habría que decir que fue con Goebbels] y Martin Bormann, que estaban entrando. Más tarde, el SS Untergruppenführer fue herido y hecho prisionero.

En un pasillo que llevaba al refugio secreto, los detectives encontraron una nota carbonizada, con caligrafía de mujer. Decía a sus padres que no se preocuparan si no sabían nada de ella por mucho tiempo. Los investigadores soviéticos pensaron que lo había escrito Eva Braun”.

(Traducción revisada por Luis Cuesta Gordillo)

Se trata, pues, de un reportaje cuyo correspondiente documento es posible que los rusos jamás nos lo puedan enseñar, ya que debió de ser destruido después de la muerte de Stalin. En él se da cuenta de cómo el mayor Ivan Nikitine, criminólogo ruso, reconstruyó los últimos días de Hitler en Berlín en base a lo que su equipo de detectives había concluido la semana anterior. Nos dice que si Hitler estaba muerto, desde luego no había muerto en las ruinas de la Cancillería; que ninguno de los presuntos testigos había visto morir al Führer y que la habitación de Hitler en el búnker daba a una sala ultrasecreta, en la que Eva habría dejado un mensaje para sus padres. En esa sala había restos de comida, indicadores de que de seis a doce personas habían permanecido allí hasta el 9 de mayo. ¿Quiénes? Es muy posible que nunca lo sepamos con certeza absoluta.

Pero lo más destacable es esa sexta parte escasa (69 palabras) que el sargento –oh, maravilla de las maravillas– recuerda. Creo que es fiable la información, ya que no es fácil inventar un argumento, que solo sirve para tratar de justificar su inmediata conducta futura, es decir, por si era descubierto fugándose. Este sargento segundo-SS, guardaespaldas personal de Hitler, vio por última vez a Hitler el 27 de abril en su habitación personal en la Cancillería y le oyó este argumento que, como estructura lógica, deja bastante que desear, pero es la que es. Veamos, pues, su contenido, sin entrar demasiado en la forma.

1.- Mientras viva no habrá conflicto alguno entre Rusia, América e Inglaterra. Están unidos porque quieren destruirme. Si yo estoy muerto, no pueden permanecer unidos. Es decir, parte de una premisa con contenido real: los tres grandes aliados profesan doctrinas incompatibles. El capitalismo de Estados Unidos e Inglaterra era irreconciliable con el comunismo ruso. Solo pueden aparecer unidos mientras Hitler viva, porque los tres buscarán la destrucción del nacionalsocialismo hitleriano. La aplicación de este criterio hace inteligible que Hitler no hubiera querido declarar la guerra a Inglaterra, que fue algo imprevisto. Lo que resulta incomprensible es que se la declarara a Estados Unidos, aunque fuera por apoyar a Japón y que atacara a la URSS, que había sido su aliada y con quien se repartió Polonia. Así que se impone una conclusión: si él estuviera muerto, los aliados no podrían seguir unidos.

2.- El conflicto debe llegar. Pero cuando esto ocurra, yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán, para ayudarlos a levantarse de la derrota y conducirlos a la victoria final. Alemania sólo puede tener futuro si el mundo entero piensa que estoy muerto.

Esta segunda parte entra en contradicción con la primera. Es inevitable que el conflicto ocurra, pero él debe estar vivo en ese momento para aprovechar las posibilidades de esa situación de derrota y llevarlos a la victoria final. Pero para poder ‘estar vivo’, el mundo entero debe pensar que está muerto.

Entonces el sargento debía reproducir la conclusión a la que llegaba el razonamiento de Hitler: Yo debo…” Pero la voz del sargento se apagó y no debieron entenderle [¿o sí?] y en vez de pedirle que la repitiera, cerrando el razonamiento, quedó como si estuviera inconcluso.

Pues nada, debemos completar nosotros el argumento. Aunque el razonamiento sea formal y lógicamente muy malo, debemos abordarlo sin miedo, se trate de un paralogismo, de un sofisma, de una aporía o simplemente de una ‘falacia de confusión’ por emplear los términos de John Stuart Mill. Que cada uno determine la categoría concreta que pueda tipificarlo mejor, pero su categoría lógica no afecta al contenido de lo que Hitler quería decir. Así que intentemos completarlo, PREGUNTÁNDONOS:

¿Cuál es la conclusión ‘lógica’ del razonamiento de Hitler?

¿DEBEMOS PENSAR QUE… 

A) se suicidó de verdad, anulando cualquier posibilidad de conflicto entre los aliados, O  QUE… 

B) se escapó, haciendo creer a todos que se había suicidado, aunque no hubiera quedado ninguna señal de haberlo hecho?

Porque lo que es verdaderamente importante y queda meridianamente claro es que “CUANDO ESTO OCURRA, YO DEBO ESTAR VIVO PARA DIRIGIR AL PUEBLO ALEMÁN”.

De momento concluimos lo que es más palmario, más patente y evidente en este texto. Él debía escapar para estar vivo y dirigir al pueblo alemán a la victoria, es decir, todo un subterfugio para justificar su fuga.

Pero atención: Este texto contiene unas cien palabras muy esclarecedoras sobre la actuación de Hitler para escapar.

¡Lo veremos en el próximo capítulo!

2 pensamientos en ““Yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán”

  1. Hola, Valeriano. Interesantísimo. Leer tus escritos es tocar, rozar, uno de los secretos máximos de la Historia aunque esta, tercamente, se niega a revelar la Verdad. La verdad, como tú sabes, hay que conquistarla. Como decía san Pablo, el cielo se puede tomar al asalto.
    ¡Hasta doce personas en el Pasadizo! Es increíble.
    Las investigaciones que has emprendido darán un vuelco a la historia.
    Un gran abrazo.

  2. Hola Juan Ramón:
    Tus palabras son siempre un estímulo para seguir adelante con este tema.
    Mientras no aparezca nada nuevo, voy a emprender un estudio que no se si seré apaz de culminarlo. Mi libro lo revisó Ignacio Álvarez, un joven hijo de una de mis primeras alumnas. El me pidió que eliminara una frase que hoy no comprendería casi nadie: “Esos dientes eran más falsos que los dientes de leche de Adán”. Efectivamente, todo el mundo entiende “ser más falso que un euro de madera” y similares.
    Quiero hacer un recorrido por las falsificaciones que ha habido en el campo de la religión (reliquias y demás) y en el campo de la ciencia: desde la famosa mandíbula a reliquias. Y que el lector elija cuál ha sido el mayor fraude.
    Un abrazo y feliz año.

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