Conocer la verdad sobre Hitler no es de conspiranoicos

CONOCER LA VERDAD SOBRE HITLER NO ES DE CONSPIRANOICOS

El European Journal of Internal Medicine, diario oficial de la Federación Europea de Medicina Interna (EFIM), ha publicado en el nº 51, correspondiente a mayo de 2018, un artículo con el título The remains of Adolf Hitler: A biomedical analysis and definitive identification, debido a Philippe Charlier y otras cuatro personas: Weil R., Rainsard P., Poupon J., y Brisard J.C.  Hablamos de un texto de dos páginas y media que se puede adquirir por 30 euros. portada internal med mag

El diario Clarín dio noticia del artículo y, después, otros muchos periódicos, entre ellos ABC y Le Monde del día 20, repitieron más o menos las mismas cosas.

Nos dicen que

el análisis biomédico de los presuntos restos de Adolf Hitler en Moscú, Rusia, es una fantasía científica e histórica

y aseguran que los rusos han invitado a partir de marzo de 2017 a algunos franceses a estudiar los restos de Hitler, asegurando que

“es la primera vez desde 1946”.

Sin embargo, esto no es cierto, salvo que nos refiramos exclusivamente a franceses, ya que en 2003 en algunas revistas como Hitler’s Teeth en Bizarre Magazin, en Annals of Improbable Research (nº 9), ambas de 2003 y, finalmente, en el documental de National Geographic: Hitler’s Skull, del mismo año, el Dr. Marck Benecke ofreció unas buenas imágenes y unos comentarios sobre el mismo tema a los que nos referiremos después. Así que Benecke se les adelantó catorce años.

Acaba de aparecer este año “La muerte de Hitler. En los archivos secretos de la KGB” de Ed. Fayard, Francia. Parece un estudio serio de 372 páginas del investigador francés Jean-Christophe Brisard y la historiadora rusa, nacionalizada americana, Lana Parshina, aunque –por la impresión recibida, pues no he visto todavía toda la obra– tiene fallos parecidos y los mismos planteamientos antiADN.

Tanto unos como otros deben saber que no han logrado “poner fin al cuestionamiento definitivo de la muerte de Hitler”, como dice la propaganda y que no se nos puede calificar a los que mantenemos que se escapó de “sostenedores de teorías de la conspiración”, como dice ABC que dijo Philippe Charlier a la agencia AFP. Y menos todavía con unos argumentos tan flojos que, por carecer de fundamento, equivalen a insultos [1].

Hay que recordarles que olvidan citar el dictamen de los cuatro forenses franceses de 1993, la visión de conjunto que debió tener el comisario Marcel Guillaume para pensar que eran falsos, y la declaración del Dr. Erwin Giesing, otorrinolaringólogo que en 1944 trató a Hitler y declaró el 24/11/1971 en la TV alemana que los dientes reproducidos por Bezymenski no se correspondían con los de las radiografías que había hecho él mismo, exhibiendo alguna de las quince que se hicieron. Y el Dr. Giesing no era un cualquiera.

Estudian en primer lugar con gran detalle el fragmento de cráneo de 10.7 x 12 cm, y lo hacen minuciosamente teniendo en cuenta las directrices de Meindl y Lovejoy de 1985. Yo no voy a tratar de enmendar sus observaciones; solo he de decir que el forense Semenosvski encontró ese hueso en la recreación-revisión de 1946 y que, en base al agujero del parietal izquierdo, concluyó que

Hitler se había pegado un tiro como habían dicho Linge y Günsche”;

pero el General Weidling declaró por escrito el 4 de 1946 que

él habló con Rattenhuber y Gunsche y ambos le dijeron que no conocían ningún detalle de la muerte de Hitler”.

Parece que Linge también dijo en alguna ocasión que no había visto a Hitler muerto. De los problemas de lateralidad de Linge –mantenedor del disparo en la boca– ya dejamos constancia en la obra original. Él mismo nos cuenta que fueron los rusos quienes insistieron en lo raro-raro que era que no hubiera visto sangre de la herida de la bala del calibre 7,65, que, según él, Hitler se había disparado, mas nunca se supo bien si con la mano derecha o con la izquierda.

Hay que aceptar con elegancia el dictamen de la universidad de Conneticut, mientras no se demuestre algún engaño o irregularidad en la actuación de Nick Bellantoni y/o Linda Strausbaugh en su análisis de ADN de 2009, que eche abajo el dictamen resultante:

Corresponden al cráneo de una mujer sin lugar a dudas”.

Los rusos no han ratificado el resultado obtenido con rigor científico. Pero hay que tomar nota de que ya en 2003 los rusos denegaron a Marck Benecke el permiso para tomar una muestra para hacer el análisis de ADN. [2]

Entran a examinar los dientes, en primer lugar el fragmento de nueve unidades del maxilar superior, que no tienen nada de hueso ni sarro. Y olvidan citar a Elena Rzhevskaya, quien nos dice que:

Com o auxilio de Käthe Hausermann, encontramos as radiografías dos dentes de Hitler e os moldes das suas coroas de ouro” .[3]

Era cosa sabida que el dentista Fritz Echtmann las elaboraba por duplicado, para remediar posibles imprevistos. Veremos si en la edición de 352 páginas, que aparecerá en breve en inglés, sus herederos cambian las frases originales de la edición de 1965.

Así pues, tras esa prótesis de nueve piezas de oro, sin absolutamente nada de hueso maxilar, pasan a los fragmentos de mandíbula inferior, dando sus medidas nanométricamente.

Utilizan lentes binoculares para ver los numerosos microarañazos, sus matices, el desgaste, los depósitos cristalinos, los restos de tejidos orgánicos, etc. Utilizan microscopios de barrido SEM (Scanning Electron Microscope) para analizar estructuras vegetales, identificar los metales, dejando claro que

todos los estudios publicados que tratan de la autenticidad de los restos de Adolf Hitler se llevaron a cabo sin ningún acceso directo a los restos, es decir, cráneo y mandíbulas , luego enfrentamos nuestros nuevos datos con todos los publicados”.

Así que cuestionan la edad cronológica, con hipótesis sobre la sutura lambdoidea y abundan en

datos que encajan perfectamente con el informe de la autopsia soviética y con nuestras observaciones directas”,

concluyendo que confirman que ese material que se conserva en los archivos rusos

no puede ser falso”,

aunque no haya rastro de antimonio, plomo y bario, carencias que contradicen la hipótesis de una herida intrabucal en el momento del suicidio de Adolf Hitler.

Nos sorprenden con la propuesta de “varias hipótesis, sin ninguna certeza” para rastrear cualquier relación con la ingestión de cianuro en el momento de la muerte.

Piensan que los restos encontrados en 1945 y 1946 pueden provenir del mismo individuo. Creen que la confrontación con los datos oficiales de la autopsia de los archivos rusos y con las radiografías oficiales de Adolf Hitler de los archivos de EE. UU son

pruebas suficientes para la identificación definitiva de los restos del exlíder nazi Adolf Hitler”.

Es una adhesión incondicional a la doctrina rusa. No importa ni siquiera aquellas cosas tan palmarias como son los espacios entre las piezas 15 y 18, tan corto, y el de las 13 y 15, tan largo, mientras en los dibujos del Dr. Blaschke, que jamás alardeó de medidas nanométricas, los espacios aparecen normales para las piezas que faltan en la parte inferior izquierda: la 14 (primer premolar) y la 16 y 17 (primera y segunda muelas).

Imágenes fotográficas del European Journal of Internal Medicine y de los dibujos del Dr. Blaschke sobre las piezas 13 y 15, y entre las muelas 15 y 18, tal como estudiamos en ¿Dónde está el cadáver de Hitler? (p. 305).

Que conste que hay más piezas donde también se perciben notables diferencias entre los llamados dientes rusos y los dibujos de su dentista. Pero no quiero cansar al lector. [4]

Por fin concluyen por donde deberían haber comenzado: los análisis de ADN, que ellos consideran solo “útiles” y “adicionales”, sin explicar nada más. Pero es indiscutible que, evidentemente, hoy por hoy son necesarios. Podemos decir que lo que hoy es inconcebible y absurdo es que, –dado todo lo que se puede apreciar sin ser especialista– no se les apliquen a esos huesos los análisis de ADN. Uno siente que va a morir sin saber cuántos ADNs hay en esos dientes. Porque no olvidemos, como hemos dejado escrito en los “Pórticos” de ambos libros sobre lo escrito por Rzhevskaya. [5]

El Dr. Benecke creía que los dientes de Hitler eran auténticos. En el minuto 45:24 de Hitler’s Skull dice:

Los dientes de Hitler eran los dientes de Hitler. Pero la historia de la calavera es diferente. Las pruebas que existen son menos convincentes. Para obtener una prueba concluyente desde el punto de vista de un científico forense, sería de gran ayuda poder relacionar la calavera en la que vemos el agujero de salida de la bala con los dientes, porque SABEMOS QUE LOS DIENTES SON DE HITLER y si pudiésemos vincular el cráneo a ellos, sería algo que definitivamente desvelaría el misterio. El mejor modo de vincularlos es comparar el ADN del cráneo con los dientes. PERO MOSCÚ HIZO QUE TUVIESE QUE DETENER MI INVESTIGACIÓN. MI SOLICITUD DE PODER EXTRAER UNA MUESTRA DEL ADN DE LA DENTADURA DE HITLER HA SIDO RECHAZADA.”

OLYMPUS DIGITAL CAMERASi al Dr. Benecke le hubieran dejado hacer la prueba del ADN de los dientes, la sorpresa hubiera sido mayúscula, pero fue tan bien pensado que creyó que la causa de esa prohibición era que:

las autoridades rusas siguen temiendo que los restos de Hitler puedan atraer peregrinaciones neonazis”.

¡Qué ingenuo!

Esos diez dientes anclados en tres trozos de huesos mandibulares son los únicos restos que podrían seguir reputándose como de Hitler, después de efectuar la prueba del ADN a los huesos craneales, pertenecientes a una mujer. La doctrina oficial sigue manteniendo que esos dientes son los de Hitler, pese a todos los puntos que ponen en evidencia su falsedad, pero ¡no se puede hacer la prueba de ADN, porque los rusos se siguen negando a que se haga! Debería hacerse, pero los rusos no la hacen. ¿Por qué? Porque, si algún día hacen el ADN de esos 13 huesos, veremos que hay varios ADNs distintos, es decir, que esos huesos no son todos de un único individuo y, por tanto, NO PUEDEN SER DE HITLER. Y eso es suficiente para probar su falsedad. Esa es la razón de que se sigan negando. Creo que queda suficientemente claro.

Dejemos que Jakob F. Pogonyi siga justificando la ausencia de los dientes en le exposición del año 2000 en que “La mandíbula es la prueba más importante en esta larga investigación soviética sobre la muerte de Hitler y hay que preservarla” y dejemos que Sergei Mironenco siga diciendo sobre el redescubrimiento en 1993 de los huesos craneales, que eran “indiscutiblemente auténticos”.

Desde 2016, en que ha cambiado la dirección –Andréu Sorokin– del Archivo Estatal Ruso, parecen adoptar una postura más abierta, pero que no se engañen. Sigue siendo igual de retrógrada y de imposibilitante para hacer algo que no admite discusión científica: hacer el estudio de ADN de dientes y huesos mandibulares es una obligación ineludible. No lo duden: algún día alguien con sentido común (y del ridículo), ordenará hacerlos. Entre otras cosas, porque deseo que se sepa que, si no se ha destruido, existe documentación eclesiástica de la salida del religioso a confesar a Hitler en los años sesenta, porque en esas fechas ningún fraile salía de España sin los correspondientes permisos por escrito de sus superiores. Y no lo duden, ilustres señores autores, investigadores, editores, historiadores, profesores, etc., solo entonces podrían ser considerados “útiles y adicionales” los ADNs.

Y tampoco lo duden: si no se han destruido esos documentos, algún día aparecerán.

¿Qué son cien años en la historia de la Iglesia?


NOTAS:

[1] Considero insultante esa expresión que en español se suele convertir en ‘conspiranoico’. Afortunadamente el DRAE no la recoge. Puedo asegurar que he empleado muchos miles de horas leyendo, traduciendo, viendo muchas grabaciones y redactando muchas hojas. He sido ayudado por muchas personas, algunas de las cuales cito en mis obras. No he hecho otra cosa que intentar demostrar que no hay una sola prueba de que Hitler se suicidara el 30 de abril de 1945. Y afirmo que murió 26 años más tarde en África, junto al lago Chad. ¿Puedo saber contra quién conspiro yo?

[2] Ya en el minuto 25:23 de Hitler’s Skull el Dr Benecke había dejado constancia de que las peculiaridades de las “manchas de sangre no revelaron nada” (nota 19. p. 308 en internet).

[3] O Fim de Hitler. p. 110. Río de Janeiro, 1966.

[4] Para que el lector que lo desee se haga idea de cómo hemos estudiado los dientes, deseo indicarle que en la síntesis Buscando la Verdad Histórica el estudio de los dientes ocupa 16 páginas. En la obra extensa, ¿Dónde está el cadáver de Hitler? ocupa catorce páginas impresas (p. 347-360) el del odontólogo forense, Dr. Prieto Carrero; nueve (p. 318-326) el del radiólogo Dr. De Miguel; seis (p. 302-307) el del odontólogo, Lic. Ortín. Desplacé a internet el estudio original mío, que ocupa 14 folios dentro de la ‘página 301’ de NOTAS y AMPLIACIONES en Internet, que tiene 112 folios.

[5] “Una cosa nos preocupaba en todo momento: si las pruebas que habíamos encontrado se presentasen al mundo y a nuestros descendientes en un futuro remoto, y no ahora, inmediatamente después de los acontecimientos, ¿seguirían siendo suficientemente convincentes? ¿Se hizo todo [lo posible] para que el hecho de la muerte de Hitler y el descubrimiento de su cadáver siguieran siendo absolutamente irrefutables muchos años después? Fue en esas circunstancias complejas en las que el coronel Gorburshin tomó la decisión de encontrar una prueba incontestable.” (O Fim de Hitler. p. 102. Río de Janeiro, 1966). Y ante ello nos preguntábamos: “Si algo es verdadero ahora, pasado el tiempo ¿puede dejar de serlo?”

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