Philippe Charlier y Comisario Guillaume

Nunca he escrito ni enviado un tuit a nadie, pero mi amigo Luis Cuesta, después de subir mi último artículo a este blog, envió el pasado 23 de septiembre el siguiente texto al doctor Philippe Charlier:

tuit luis

Es decir: “Mi amigo Valeriano de la Cruz Mañanes (en su blog no usa Tweet), pregunta porqué el Dr. Charlier y su equipo no  piden a los rusos permiso para hacer la prueba de ADN de huesos, dientes y calavera. Suena muy raro”. Y contesta Philippe Charlier: “Este será el próximo paso. Paso a paso: esta es la ciencia moderna”.

No sé de dónde saca el tres veces doctor Charlier que en eso consiste la metodología de la ciencia moderna. Como si la ciencia hubiera avanzado alguna vez partiendo de una base errónea con un razonamiento tan impropio de un científico de la categoría que parece tener el Dr. Philippe.

Me permito recordarle que hay autores franceses que sostienen “La Fuga de Hitler”, como es el caso de Jacques Robert, que con 24 años fue el primer periodista occidental a quien los rusos invitaron a ver el complejo de la cancillería, incluído el búnker, a mediados de mayo de 1945. Luego tardaría 44 años en publicar su estudio con el que me permito discrepar en varios puntos.

Tampoco voy a contraponer el informe de seis páginas de E. Laurier, V. Hedouin, D. Gosset, PH Muller de 1993, médicos forenses franceses: Le rapport d’autopsie d’Hitler: punto de vue du médecin, ni las tres páginas del informe de 1994 de los mismos autores: Informe de la Autopsia de Hitler: un punto de vista forense. [1.- La Semaine des Hospitales de París, 69 (10), 1993, pp 294-300. E. Laurier , V. Hedouin, D. Gosset, PH Muller; Etude critique médico-légale du rapport d’autopsie d’Hitler (Análisis crítico forense del informe de autopsia de Hitler), Journal de Médecine Légale Droit , 37 (1) 1994, pp. 65-67]. Como ya dejamos claro en la O. de R. (p. 308) y en la Síntesis  (p. 156) creen que la autopsia se pudo hacer a otro cadáver, pero la conclusión implica algo lógicamente previo que se impone como algo fundamental, que es la falsedad de aquel cadáver.

portada h vit

Esta obra del francés M. Teboul testimonió cómo las conclusiones del célebre comisario Guillaume, contrarias a las de la doctrina oficial, fueron ignoradas por Trevor-Roper, pese a que el policía galo jubilado había investigado a asesinos que habían quemado algunos cadáveres. La táctica de siempre: ignorar al adversario, por muy especialista que sea en el tema. Estas dos son las páginas de las ocho que le dedica.

paginas 100 y 101 h vit

Voy a contraponerles unas páginas del librito de Maurice Teboul, que se titula ¿Hitler vive…?. Tiene un gran fallo de entrada, a mi manera de ver: aparte de citar tres obras suyas, de 1937, 1938 y 1945, no se encuentra un solo dato que permita identificarlo más que como periodista. Además, hay una entrada en Google con nombre y apellido exactamente iguales. Este Maurice Teboul aparece celebrando su nonagésimo segundo cumpleaños, lanzándose desde un avión. Dudo, o mejor dicho, creo que no se trate de la misma persona.

Sabemos que en 1945 fue elegido en representación de la Policía Judicial para investigar las condiciones de la ‘muerte’ de Adolf Hitler. Parece que tanto sus Memoires. Mes grandes enquêtes criminelles solo llegan a 1937, que fue el año en que se jubiló y 37 ans avec la Pègre, algo parecido, ya que se publicó en 1938. Editions des Équaters, que han editado las memorias en el siglo XXI, no ha tenido la deferencia de citar el año exacto de su publicación en el siglo XX, aunque Laurent Yoly, que escribe el prefacio de la primera obra, en la nota 1 de la p. 8 nos dice: 

“En 1947 (el contrato exclusivo firmado con el diario Paris-Soir abarcaba diez años) le había confiado a un periodista, Maurice Teboul, la tarea de convertirlo en un libro que debía titularse La vida del comisario Guillaume. Se prometió una gran suma para su adaptación en libro y en película. Pero no se culminó este proyecto, a pesar de varias reclamaciones de Guillaume quien, muy decepcionado, envió a Teboul, el 9 de julio de 1947 y el 12 de febrero de 1948, concluyendo con la denuncia del contrato en el mismo mes y año.”

Si no sé qué pudo pasar y, encima, tengo tan pocos datos del periodista, ¿cómo puedo pensar que es una fuente seria y auténtica? Pues puedo asegurar que lo es, porque es el propio Comisario Guillaume quien  nos lo certifica en un breve prólogo de dos páginas que reproducimos:

“Que nadie se equivoque en lo que digo: no sostengo que el Führer esté vivo, sino que afirmo sencillamente que la tesis de su cremación y, por tanto, de su suicidio, es una fábula. El misterio sigue en pie. El lector encontrará en este libro las explicaciones que he dado a Maurice TEBOUL sobre este asunto”. (…) “Esta explicación  [ser llamado loco quien hubiera hecho pronósticos sobre lo que ocurriría en los años 1940-1942] también podría aplicarse a su misteriosa desaparición. Todas las hipótesis están permitidas, tanto las más extraordinarias como la más SIMPLE.”

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Según vemos, Marcel Guillaume, que firma el prólogo (págs. 11 y 12) como “oficial de la Legión de Honor, Exjefe de las Brigadas Criminales de la Policía Judicial”, nació en octubre de 1872 y murió en febrero de 1963. Cuando cae el III Reich llevaba ocho años jubilado (desde 1937) y una vez dejada la investigación sobre la desaparición de Hitler, se retiró a Tribehou, localidad a unos 300 kms al oeste de París. que entonces tenía, según la Wikipedia. unos 650 habitantes.  ¿Qué hizo Marcel Guillaume durante los diecisiete años que vivió en Tribehou, además de ir a pescar al río Taute o a los pantanos de Carentan?

marcel guillaumeTeboul titula el apartado sobre el exjefe: El comisario Guillaume contra el Servicio de Inteligencia” y nos dice que el 4 de febrero de 1947 Teboul conversó varias horas con el probablemente mejor policía de la época, que entonces tenía 71 años y que también concluyó:

“Es absolutamente imposible que se efectuara la incineración en las condiciones  descritas por los testigos”.

La fosa tenía unos 70 cms de profundidad y el fondo estaba cubierto de arena permeable, por lo que consideró una fábula que dos cadáveres, empapados en 180 litros de gasolina, hubieran ardido durante catorce horas y que las declaraciones de los testigos tenían un valor tendente a cero. La figura de Marcel Guillaume resulta seductora, y no porque se inspirara en él Georges Simenon para su comisario Maigret, sino porque lo cierto es que Paris Matin le encargó investigar en Berlín el suicidio de Hitler. Todos habíamos oído que Guillaume no creyó que Hitler se hubiera suicidado, pero no habíamos leído nada salido directamente de su boca.

Puedo asegurar de antemano que jamás empleó razonamiento parecido al sostenido por Philippe Charlier para afirmar la autenticidad de los dientes rusos, pero no sólo porque en 1947 no se aplicara todavía el ADN para identificar un cadáver, sino porque los rusos no decían la verdad sobre lo que sabían.

El ABC del 4 de enero de 2014 informaba que la Policía Nacional había resuelto más de 200 agresiones sexuales, 92 homicidios y 116 robos con violencia el pasado año gracias a las pruebas con ADN. La Razón lo hizo al día siguiente señalando en bloque 408 casos. El Diario de Las Provincias del miércoles, 2 noviembre 2016, escribió que el laboratorio de ADN de la Policía esclarecía 50 delitos mensuales (es decir, unos 600 casos al año) y que se venía usando desde 1990. El año 2003, cuando se emitió Hitler’s Skull, podemos decir que los rusos merecían cierta justificación ante el Dr. Benecke para negarle la prueba de ADN. Pero hoy, quince años después, ¿se puede seguir sosteniendo algo semejante que va, entre otras cosas, contra la evidencia de sus espléndidas fotografías?

Así que sobre todo esto trata el estudio que ha hecho Juan Ramón González Ortiz, compañero de Lengua, que se ha jubilado este año, y persona que, además de tener unos extraordinarios conocimientos sobre de Historia de la Segunda Guerra Mundial, habla y escribe en varios idiomas. Debo decirlo, porque, aunque él no presuma de ello, tiene una preparación impresionante. Deseamos, ambos, sacar una nueva edición exhaustiva y gratuita en Internet que sea continuación de mi trabajo de investigación, esperando que, cuando yo falte, pueda él seguir aguardando la publicación de unas pruebas documentales de la supervivencia de Hitler hasta 1971, por lo menos tan valiosas como las del ADN, que sólo pueden exhibir los rusos.

Ambos queremos dedicar este capítulo a Luis Cuesta Gordillo, que el hombre lo está pasando mal y no debe gastar un tiempo que necesita dedicar a sus seres queridos en mis carencias informáticas. Por eso, hoy nos olvidaremos de Philippe Charlier y de sus curiosas conclusiones…, que tiempo habrá para estudiar la prótesis inferior derecha y seguir poniendo en evidencia a unos especialistas cegatones, que prefieren hacer caso a los rusos sobre la autenticidad de unos dientes que son evidentemente falsos, falsos de toda falsedad (“más falsos que los dientes de leche de Adán”)… Pero que como los rusos dicen que son auténticos, pues ¡hala!, lo son… ¡Sí, señor!

(¿Cuántos ‘pasos’ más tendrá esta ‘yenka científica’…?)

Un pensamiento en “Philippe Charlier y Comisario Guillaume

  1. Estupendo, Valeriano. Gran artículo. Ojalá la recuperada opinión del comisario Guillaume sobre la supuesta cremación de Hitler no sea olvidadas por los historiadores y caiga en saco roto.

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