Acerca de valerianodelacruz

He escrito el libro "¿Dónde está el cadáver de Hitler?" y deseo aprender a manejar el BLOG para ofrecer cosas nuevas que puedan resultar interesantes.

Pido ayuda (gratificada) para rematar mi búsqueda de la verdad

Destacado

Soy  Valeriano de la Cruz, el autor de la obra de investigación “¿Dónde está el cadáver de Hitler?”. port-cadaver-de-hitlerMis datos biográficos se encuentran en mi propia web, además de la contraportada de la segunda edición de esta a la que yo llamo “obra de referencia” y en las páginas 15 a 21 del preámbulo de “Buscando  la verdad histórica”, que es una obra síntesis de la anterior. En esta mi web se pueden ver las actualizaciones hechas y algunos otros artículos que he ido publicando para probar la superviviencia de Hitler hasta febrero de 1971, año en que murió. Yo contaba con otros varios argumentos que solo era cuestión de tiempo poder desarrollar. Creí que el cáncer me daría más tiempo del que probablemente pueda disponer para cerrar el tema, y es por esto que he buscado la ayuda de Juan Ramón González Ortiz, compañero docente y recién jubilado.

cubierta buscando la verdad historica

Por otra parte, puesto que el religioso-misionero que nombro en mi obra quedó muy afectado por la identificación que Abel Basti hizo de su persona en 2010, quiero volver a dejar constancia de que le aseguré que yo nunca daría datos identificadores innecesarios sobre él hasta después de su muerte.

Quizás he sentido un agobio mucho mayor cuando en estos últimos meses han aparecido cientos, tal vez miles, de publicaciones en Internet en las que el joven y tres veces doctor Philippe Charlier, junto a sus cinco compañeros, exime a los rusos de su obligación científica de realizar los pertinentes análisis de ADN de los restos atribuidos a Hitler. El equipo del Dr. Charlier ha proclamado que el denegado análisis del ADN no era imprescincible, afirmando con ficticio rigor científico que la conclusión rusa era indiscutiblemente válida. Nadie se acordaba de la negativa a autorizar la realización del estudio comparativo al Dr. Marck Benecke a quien los rusos denegaron el permiso en 2002, al sacar el documental “La calavera de Hitler” de la National Geographic. Y, por supuesto, han negado la validez del estudio de ADN de 2009 de la Universidad de Connecticut llevado a cabo por Bellantoni.

Además, he comprobado la posible falta de consistencia de la documentación de la Iglesia Católica y de los archivos de su dependencia. Todo el mundo debería saber que estos no comienzan a sentirse obligados a mostrar los documentos en su haber hasta 39 años después de la muerte del personaje que se pretenda estudiar. Y el religioso al que me refiero en mi estudio va a cumplir 105 años con muy buena salud “de cintura para arriba”, según expresión suya.

Por  todo ello, he vuelto a consumir muchas horas buscando en todos los sitios imaginables la reconstrucción de dos puntos clave y muy importantes para mi trabajo, que son los que motivan este escrito:

  1. Necesito evidencias de la existencia de más radiografías, aparte de las cinco descubiertas en un archivo de EEUU por Sognnaes (ver p. 226-234 de la “Síntesis”). En concreto, busco la craneal izquierda, una como esta, radiograftomada de Internet, ya que estoy convencido de que existió y, probablemente, más de una.
  2. Necesito una secuencia que testimonie la grabación televisiva de la aparición del otorrinolaringólogo Dr. Erwin Giesing  en la televisión alemana el día 24 de noviembre de 1971. Me gustaría poder certificar cuál o cuáles fueron las radiografías que exhibió en la televisión y las palabras que habría dicho literalmente, esto es, más o menos, “que los dientes reflejados en las radiografías hechas por él diferían radicalmente de las mandíbulas descritas por los soviéticos”.

Así pues, quiero premiar a aquella/s personas que me facilite/n una de estas copias o las dos. El premio consiste en uno o dos cuadros de mi propiedad desde hace más de 50 años. El primero es una acuarela firmada por Fortuny que trata de un músico que reposa un momento el toque de flauta. La pintura ocupa una superficie de de 26×14 cms. dentro de un marco antiguo que mide 39,5×45,5 cms. El segundo es un óleo sobre madera firmado por José Oliva y fechado en 1890. El marco es negro y mide 58×38 cms. El tema desarrollado es el Carnaval en la Avenida Castellana de Madrid.

Elige primero quien consiga primero; y aclaro que NO DESEO POSEER LAS IMÁGENES ORIGINALES, que me es suficiente con una buena copia de las mismas. Yo asumiría los costes normales de los envíos y, por supuesto, reconocería su colaboración, como he hecho siempre, si el propietario de los originales así lo permite o desea.

Valeriano de la Cruz

Philippe Charlier y Comisario Guillaume

Nunca he escrito ni enviado un tuit a nadie, pero mi amigo Luis Cuesta, después de subir mi último artículo a este blog, envió el pasado 23 de septiembre el siguiente texto al doctor Philippe Charlier:

tuit luis

Es decir: “Mi amigo Valeriano de la Cruz Mañanes (en su blog no usa Tweet), pregunta porqué el Dr. Charlier y su equipo no  piden a los rusos permiso para hacer la prueba de ADN de huesos, dientes y calavera. Suena muy raro”. Y contesta Philippe Charlier: “Este será el próximo paso. Paso a paso: esta es la ciencia moderna”.

No sé de dónde saca el tres veces doctor Charlier que en eso consiste la metodología de la ciencia moderna. Como si la ciencia hubiera avanzado alguna vez partiendo de una base errónea con un razonamiento tan impropio de un científico de la categoría que parece tener el Dr. Philippe.

Me permito recordarle que hay autores franceses que sostienen “La Fuga de Hitler”, como es el caso de Jacques Robert, que con 24 años fue el primer periodista occidental a quien los rusos invitaron a ver el complejo de la cancillería, incluído el búnker, a mediados de mayo de 1945. Luego tardaría 44 años en publicar su estudio con el que me permito discrepar en varios puntos.

Tampoco voy a contraponer el informe de seis páginas de E. Laurier, V. Hedouin, D. Gosset, PH Muller de 1993, médicos forenses franceses: Le rapport d’autopsie d’Hitler: punto de vue du médecin, ni las tres páginas del informe de 1994 de los mismos autores: Informe de la Autopsia de Hitler: un punto de vista forense. [1.- La Semaine des Hospitales de París, 69 (10), 1993, pp 294-300. E. Laurier , V. Hedouin, D. Gosset, PH Muller; Etude critique médico-légale du rapport d’autopsie d’Hitler (Análisis crítico forense del informe de autopsia de Hitler), Journal de Médecine Légale Droit , 37 (1) 1994, pp. 65-67]. Como ya dejamos claro en la O. de R. (p. 308) y en la Síntesis  (p. 156) creen que la autopsia se pudo hacer a otro cadáver, pero la conclusión implica algo lógicamente previo que se impone como algo fundamental, que es la falsedad de aquel cadáver.

portada h vit

Esta obra del francés M. Teboul testimonió cómo las conclusiones del célebre comisario Guillaume, contrarias a las de la doctrina oficial, fueron ignoradas por Trevor-Roper, pese a que el policía galo jubilado había investigado a asesinos que habían quemado algunos cadáveres. La táctica de siempre: ignorar al adversario, por muy especialista que sea en el tema. Estas dos son las páginas de las ocho que le dedica.

paginas 100 y 101 h vit

Voy a contraponerles unas páginas del librito de Maurice Teboul, que se titula ¿Hitler vive…?. Tiene un gran fallo de entrada, a mi manera de ver: aparte de citar tres obras suyas, de 1937, 1938 y 1945, no se encuentra un solo dato que permita identificarlo más que como periodista. Además, hay una entrada en Google con nombre y apellido exactamente iguales. Este Maurice Teboul aparece celebrando su nonagésimo segundo cumpleaños, lanzándose desde un avión. Dudo, o mejor dicho, creo que no se trate de la misma persona.

Sabemos que en 1945 fue elegido en representación de la Policía Judicial para investigar las condiciones de la ‘muerte’ de Adolf Hitler. Parece que tanto sus Memoires. Mes grandes enquêtes criminelles solo llegan a 1937, que fue el año en que se jubiló y 37 ans avec la Pègre, algo parecido, ya que se publicó en 1938. Editions des Équaters, que han editado las memorias en el siglo XXI, no ha tenido la deferencia de citar el año exacto de su publicación en el siglo XX, aunque Laurent Yoly, que escribe el prefacio de la primera obra, en la nota 1 de la p. 8 nos dice: 

“En 1947 (el contrato exclusivo firmado con el diario Paris-Soir abarcaba diez años) le había confiado a un periodista, Maurice Teboul, la tarea de convertirlo en un libro que debía titularse La vida del comisario Guillaume. Se prometió una gran suma para su adaptación en libro y en película. Pero no se culminó este proyecto, a pesar de varias reclamaciones de Guillaume quien, muy decepcionado, envió a Teboul, el 9 de julio de 1947 y el 12 de febrero de 1948, concluyendo con la denuncia del contrato en el mismo mes y año.”

Si no sé qué pudo pasar y, encima, tengo tan pocos datos del periodista, ¿cómo puedo pensar que es una fuente seria y auténtica? Pues puedo asegurar que lo es, porque es el propio Comisario Guillaume quien  nos lo certifica en un breve prólogo de dos páginas que reproducimos:

“Que nadie se equivoque en lo que digo: no sostengo que el Führer esté vivo, sino que afirmo sencillamente que la tesis de su cremación y, por tanto, de su suicidio, es una fábula. El misterio sigue en pie. El lector encontrará en este libro las explicaciones que he dado a Maurice TEBOUL sobre este asunto”. (…) “Esta explicación  [ser llamado loco quien hubiera hecho pronósticos sobre lo que ocurriría en los años 1940-1942] también podría aplicarse a su misteriosa desaparición. Todas las hipótesis están permitidas, tanto las más extraordinarias como la más SIMPLE.”

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Según vemos, Marcel Guillaume, que firma el prólogo (págs. 11 y 12) como “oficial de la Legión de Honor, Exjefe de las Brigadas Criminales de la Policía Judicial”, nació en octubre de 1872 y murió en febrero de 1963. Cuando cae el III Reich llevaba ocho años jubilado (desde 1937) y una vez dejada la investigación sobre la desaparición de Hitler, se retiró a Tribehou, localidad a unos 300 kms al oeste de París. que entonces tenía, según la Wikipedia. unos 650 habitantes.  ¿Qué hizo Marcel Guillaume durante los diecisiete años que vivió en Tribehou, además de ir a pescar al río Taute o a los pantanos de Carentan?

marcel guillaumeTeboul titula el apartado sobre el exjefe: El comisario Guillaume contra el Servicio de Inteligencia” y nos dice que el 4 de febrero de 1947 Teboul conversó varias horas con el probablemente mejor policía de la época, que entonces tenía 71 años y que también concluyó:

“Es absolutamente imposible que se efectuara la incineración en las condiciones  descritas por los testigos”.

La fosa tenía unos 70 cms de profundidad y el fondo estaba cubierto de arena permeable, por lo que consideró una fábula que dos cadáveres, empapados en 180 litros de gasolina, hubieran ardido durante catorce horas y que las declaraciones de los testigos tenían un valor tendente a cero. La figura de Marcel Guillaume resulta seductora, y no porque se inspirara en él Georges Simenon para su comisario Maigret, sino porque lo cierto es que Paris Matin le encargó investigar en Berlín el suicidio de Hitler. Todos habíamos oído que Guillaume no creyó que Hitler se hubiera suicidado, pero no habíamos leído nada salido directamente de su boca.

Puedo asegurar de antemano que jamás empleó razonamiento parecido al sostenido por Philippe Charlier para afirmar la autenticidad de los dientes rusos, pero no sólo porque en 1947 no se aplicara todavía el ADN para identificar un cadáver, sino porque los rusos no decían la verdad sobre lo que sabían.

El ABC del 4 de enero de 2014 informaba que la Policía Nacional había resuelto más de 200 agresiones sexuales, 92 homicidios y 116 robos con violencia el pasado año gracias a las pruebas con ADN. La Razón lo hizo al día siguiente señalando en bloque 408 casos. El Diario de Las Provincias del miércoles, 2 noviembre 2016, escribió que el laboratorio de ADN de la Policía esclarecía 50 delitos mensuales (es decir, unos 600 casos al año) y que se venía usando desde 1990. El año 2003, cuando se emitió Hitler’s Skull, podemos decir que los rusos merecían cierta justificación ante el Dr. Benecke para negarle la prueba de ADN. Pero hoy, quince años después, ¿se puede seguir sosteniendo algo semejante que va, entre otras cosas, contra la evidencia de sus espléndidas fotografías?

Así que sobre todo esto trata el estudio que ha hecho Juan Ramón González Ortiz, compañero de Lengua, que se ha jubilado este año, y persona que, además de tener unos extraordinarios conocimientos sobre de Historia de la Segunda Guerra Mundial, habla y escribe en varios idiomas. Debo decirlo, porque, aunque él no presuma de ello, tiene una preparación impresionante. Deseamos, ambos, sacar una nueva edición exhaustiva y gratuita en Internet que sea continuación de mi trabajo de investigación, esperando que, cuando yo falte, pueda él seguir aguardando la publicación de unas pruebas documentales de la supervivencia de Hitler hasta 1971, por lo menos tan valiosas como las del ADN, que sólo pueden exhibir los rusos.

Ambos queremos dedicar este capítulo a Luis Cuesta Gordillo, que el hombre lo está pasando mal y no debe gastar un tiempo que necesita dedicar a sus seres queridos en mis carencias informáticas. Por eso, hoy nos olvidaremos de Philippe Charlier y de sus curiosas conclusiones…, que tiempo habrá para estudiar la prótesis inferior derecha y seguir poniendo en evidencia a unos especialistas cegatones, que prefieren hacer caso a los rusos sobre la autenticidad de unos dientes que son evidentemente falsos, falsos de toda falsedad (“más falsos que los dientes de leche de Adán”)… Pero que como los rusos dicen que son auténticos, pues ¡hala!, lo son… ¡Sí, señor!

(¿Cuántos ‘pasos’ más tendrá esta ‘yenka científica’…?)

Philippe Charlier y la prótesis inferior izquierda atribuida a Hitler

He de pedir disculpas porque al subir a la web el 8 de junio pasado un artículo con motivo de la publicación The remains of Adolf Hitler: A biomedical analysis and definitive identification, debido a Philippe Charlier y otros cuatro colaboradores: Weil R., Rainsard P., Poupon J., y Brisard J.C., he cometido un error grave por querer citar según la nomenclatura FDI (Federación Dental Internacional). He errado utilizando los números de la mandíbula superior derecha en lugar de los pertenecientes a la mandíbula inferior izquierda. Debería haber utilizado la forma tradicional, pero creo que ha sido una afortunada confusión que me ha impulsado a volver a estudiar las magníficas fotografías que acompañan ese laberíntico informe que tiene evidentes falsedades. No solo el fragmento craneal y el dental no pertenecen al mismo individuo, sino que ni siquiera los dientes y el hueso mandibular en que están encajados pertenecen al mismo sujeto.

Hay que decir que, curiosamente, hacía unos meses que el último de los cinco coautores, Jean-Cristophe Brisard y Lana Parshina, ambos en la foto, habían publicado  La Mort D’Hitler, en Ed. Fayard.

Reproduzco algunos párrafos de los 14 folios que subí a internet en noviembre de 2.014, al publicar  “¿Dónde está el cadáver de Hitler?”. Son especialmente de: “Atención a los espacios de los dos puentes izquierdos y la dirección de las tres raíces que lo sustentan”. Sigue leyendo

Conocer la verdad sobre Hitler no es de conspiranoicos

CONOCER LA VERDAD SOBRE HITLER NO ES DE CONSPIRANOICOS

El European Journal of Internal Medicine, diario oficial de la Federación Europea de Medicina Interna (EFIM), ha publicado en el nº 51, correspondiente a mayo de 2018, un artículo con el título The remains of Adolf Hitler: A biomedical analysis and definitive identification, debido a Philippe Charlier y otras cuatro personas: Weil R., Rainsard P., Poupon J., y Brisard J.C.  Hablamos de un texto de dos páginas y media que se puede adquirir por 30 euros. portada internal med mag

El diario Clarín dio noticia del artículo y, después, otros muchos periódicos, entre ellos ABC y Le Monde del día 20, repitieron más o menos las mismas cosas.

Nos dicen que

el análisis biomédico de los presuntos restos de Adolf Hitler en Moscú, Rusia, es una fantasía científica e histórica

y aseguran que los rusos han invitado a partir de marzo de 2017 a algunos franceses a estudiar los restos de Hitler, asegurando que

“es la primera vez desde 1946”.

Sin embargo, esto no es cierto, salvo que nos refiramos exclusivamente a franceses, ya que en 2003 en algunas revistas como Hitler’s Teeth en Bizarre Magazin, en Annals of Improbable Research (nº 9), ambas de 2003 y, finalmente, en el documental de National Geographic: Hitler’s Skull, del mismo año, el Dr. Marck Benecke ofreció unas buenas imágenes y unos comentarios sobre el mismo tema a los que nos referiremos después. Así que Benecke se les adelantó catorce años. Sigue leyendo

Documento subastado y documentos desclasificados por la CIA

Según parece JF Kennedy, con 28 años, periodista por poco tiempo de la cadena Hearst en Berlín, intuyó la supervivencia de Hitler y un W. F. Heimlich dejó de ser Coronel-jefe de la Inteligencia Aliada en Berlín a los 34 años por afirmar tajantemente la fuga de Hitler.

 

El miércoles 26 de abril de 2017 se subastaron 61 páginas de un joven JF Kennedy de 28 años que había sido destacado a Berlín como enviado especial de la cadena Hearst. El 7 de agosto regresó a EE.UU, pero quedó ese material, en base al que se ha dicho que Kennedy creía en la supervivencia de Hitler. Yo he revisado bastantes de los folios mecanografiados y solo he encontrado las tres últimas líneas de este párrafo para poder atribuirle la creencia en la fuga de Hitler. Creo que es suficiente con suponer en él una apertura a la posible fuga, puesto que lo que se presentaba como indiscutible era que no se había encontrado el cadáver de Hitler y que los rusos dudaban de que hubiera muerto. Pero lo que parece más que probable es que tuvo una certeza total a partir del 20 de enero de 1961 en que asumió la Presidencia.

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El 26 de abril se subastaban 61 hojas de un joven Kennedy del que se dice que creía en la supervivencia de Hitler. En este trozo de una de ellas se afirma que “no había una prueba completa de que el cuerpo encontrado fuera el de Hitler. Los rusos dudan de que esté muerto.” Pero ¿es suficiente para sostener que Kennedy manifestaba su convicción de la fuga o, simplemente, refleja los criterios dominantes en ese momento…? Tal vez haya alguna expresión más que yo no he visto.

¿Habría que enlazar esas tres líneas con el primer documento de la relación, según el artículo de Peter Baker Scott Shane de 27 de octubre de 2017 en el The New York Times? La noticia aparecería en los días siguientes en multitud de periódicos.

Baker y Shane decían en ese artículo que habían desclasificado 891 documentos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy. Sin entrar en las posibles causas de “la presión de la CIA y el FBI para mantener clasificados miles de documentos adicionales” (El Confidencial de 29/11/2015 afirmó que quedaban 40.000 documentos federales por publicar sobre el asesinato de JFK), hay que decir que este  documento fechado el 3/10/1955 y microfilmado el 26/07/1963, estaba en poder de JFK cuando fue asesinado el 22-11-1962. ¿Es creíble que JFK estuviera considerando nada más ese documento o estaría estudiando más documentos en poder de la CIA y del FBI antes de tomar una resolución concreta sobre tan enojoso tema? ¿Tuvo noticia de lo que Werner Brockdorff (pseudónimo de Alfred Jarschel, alto ex-jefe de la Juventud Hitleriana) afirmó en su obra en 1969? Lo escribió en 1969, pero lo que Brockdorff-Jarschel revela es de 1952, es decir, de 17 años antes y, por tanto, 9 años antes de ser Kennedy el trigésimo quinto presidente USA: “El Servicio Secreto americano conocido por la CIA ha tenido noticia, por lo menos [en] el verano de 1952, de que Hitler vive. Dos funcionarios parece que han visitado entonces el ‘nuevo’ Berghof de Sudamérica y conversado largo rato con Hitler. Le hicieron, además, muchas fotografías y hasta rodaron un film. Estos documentos figurarían entre los secretos más celosamente custodiados de cuantos pueda celar (=ocultar) la CIA”. Y más adelante en la misma p. 305 dice: “Encuentro harto verosímil la noticia, que también me llega, de que tanto Hitler como su ‘entourage’ reciben de la CIA una subvención regular mientras el secreto siga siendo secreto”. Es decir, según BrockdorffJarschel (que no es un testimonio cualquiera) la CIA no sólo conocía su existencia, sino que pagaba para que ni Hitler ni nadie de sus adeptos incondicionales dijera ni mu.

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El 26 de octubre se desclasificaban los documentos de la CIA, entre los que destacaba el que reproducía una muy discutible foto de Hitler. Seguro que las tenían mucho mejores.

Son demasiadas las teorías existentes sobre el asesinato de JFK y no se trata de añadir una más. No voy a lanzar sospechas sobre el FBI con su todopoderoso jefe John Edgar Hoover (muerto en 1972 con 37 años de jefatura absoluta del FBI) ni a la CIA o a su antecesora la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos). Me limito a apuntar la hipótesis de que JFK y su hermano Robert, como Fiscal General de EE.UU., se encontraran en el punto de mira de quienes de una forma u otra habían contribuido a mantener el tratamiento oficial dado a la supervivencia de Hitler. Indudablemente el encubrimiento y sostenimiento económico con dinero americano y otros fondos incrementarían el pastelazo que aquellos dos jóvenes hermanos estaban dispuestos a descubrir. No deja de ser una coincidencia insuperable que ‘Bobby’ Kennedy también fuera asesinado el 6 de junio de 1968, es decir, dos años y medio antes de que Hitler muriera en África, sin que la doctrina oficial americana, británica y soviética tuvieran la más mínima noticia.

Cuando tantos servicios de inteligencia, determinados grupos nazis y muchos archivos eclesiales estaban dispuestos a mantener como fuera el ‘statu quo’ supérstite, pese a poseer documentos y fotografías fehacientes de su supervivencia, no es extraño, por tanto, que el progenitor del misionero le hiciera prometer en más de una ocasión que no tocaría el tema de Hitler (y no sólo, como es obvio, en lo que pudiera caer dentro del secreto de la confesión…). Fue el padre del misionero quien se encargó de facilitar los datos sobre el punto exacto de su enterramiento a quien correspondiera, para que, como efectivamente se hizo, su cadáver enterrado en posición vertical en un punto cercano al lago Chad, fuera transportado desde allí hasta Paraguay, donde fue enterrado definitivamente el 1 de enero de 1973, según dijimos en el blog el 1 de septiembre de 2017.  

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¿Conocían los hermanos Kennedy la pajarotada montada para ocultar un Hitler vivito y coleando y estaban dispuestos a denunciarla…?

Es posible que alguna vez cuente dónde y cómo dejé constancia de haber tenido este presentimiento en el verano de 1969. Hacía poco más de un año que había sido asesinado Robert Kennedy. No era yo el único que pensaba que ambos hermanos se debían haber topado con algo muy gordo, algo cuya verdad no se debía dar a conocer de ninguna manera. Finiquitado John, había que evitar a toda costa que Robert llegara a la presidencia e iba camino de ella a pasos agigantados. Yo disponía de una referencia que pocos tenían: en el verano de 1967 el misionero había dicho que Hitler vivía, porque lo habían llevado a confesarlo. Consulté con dos curas muy amigos, ya fallecidos, y convinieron conmigo en que, a nivel puramente personal, era el punto de apoyo de la palanca que me permitiría mover la creencia generalizada en el suicidio.

De verdad que lo he intentado. Si alguna vez es reconocido, espero seguir aquí para saberlo.

Segunda parte del texto de TIME del 28 de mayo de 1945

YO DEBO ESTAR VIVO PARA DIRIGIR EL PUEBLO ALEMÁN II

El texto inglés publicado en el blog del 29 de octubre tomado de la revista TIME de 28 de mayo de 1945 titulado “As Long As I Live…”, consta de 371 palabras de las que estudiábamos las 52 primeras que sirven de introducción, para concentrarnos en el párrafo central de 82, que son las que citan Basti y Dunstan-Williams, porque, sin duda, son las más importantes, siendo innegable que con ellas Hitler trata de autojustificarse de la necesidad de su huida.

El informe se cerraba con una nota dedicada a Eva, que decía: “En un pasillo que llevaba al refugio secreto, los detectives encontraron una nota carbonizada, con caligrafía de mujer. Decía a sus padres que no se preocuparan si no sabían nada de ella por mucho tiempo. Los investigadores soviéticos pensaron que la había escrito Eva Braun”. Yo no hago especial hincapié en estas líneas ya que, aunque finalicen con una conclusión lógica, no prueban directamente la supervivencia de Hitler, sino la de Eva.

Nos quedaba por comentar otro párrafo muy importante: “Junto a una estantería en la habitación personal de Hitler, en la Cancillería destrozada en la batalla, los detectives encontraron un delgado panel extraíble de hormigón. Y detrás de este panel encontraron un agujero de tamaño humano que conducía a un refugio supersecreto de hormigón, enterrado muy profundo y a 500 metros de distancia. Otro túnel conectaba el refugio con una línea férrea subterránea. Los restos de comida en el refugio indicaban que entre seis y doce personas habían permanecido allí hasta el 9 de mayo, el día siguiente al Día de la Victoria en Europa.”

Nos centraremos en este párrafo, destacando previamente dos puntos con toda claridad. Primero: He buscado concienzudamente, pero en vano, datos sobre el mayor Ivan Nikitine, bajo cuya dirección especializada “los criminólogos rusos reconstruyeron los últimos días de Hitler en Berlín”.

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“Yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán”

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(O LA CONCLUSIÓN DEL RAZONAMIENTO DE HITLER y algo más)

Esta fue la portada del 7 de mayo de 1945 del semanario estadounidense. Es fácil suponer el enfoque que TIME daba al final de Hitler en ese momento, dado que, como expuse en la p. 65 de “¿Dónde está el cadáver de Hitler?”, en la tarde del día 2 de mayo, Harry S. Truman, desde hacía veinte días 33º Presidente de Estados Unidos, había proclamado en una sala atestada de periodistas en la Casa Blanca que “Los Estados Unidos tienen información oficial de que Hitler está muerto”, sin añadir ninguna explicación.  

Sin embargo, veintiún días después TIME publica una reseña de 371 palabras, algo más de medio folio, dando noticia de lo que yo había puesto en la p. 67 en ambas ediciones: “24 de mayo: El mayor Ivan Nikicine, comisario delegado de la Policía de Seguridad Soviética informó desde Berlín que, contra lo que se solía dar por cierto, ni el Führer se había suicidado en el búnker ni, en caso de que hubiera muerto, habían incinerado su cadáver”.

La revista TIME de 28 de mayo de 1945, con el almirante Leahy en portada, publica en la cuarta columna (la única de texto de la p. 21) la información del Delegado de la Policía de Seguridad Soviética en Berlín. 

Entonces no encontré el soporte bibliográfico claro, como expuse en la ampliación en Internet de la nota 12 de la obra extensa de referencia. Había quedado sin señalar la fecha en la reseña de la obra que Thomas T. Noguchi (ver p. 203 O. de R.), forense norteamericano, publicó en 1985: un libro en el que dedica poco más de diez páginas al final de Hitler. Nos cuenta varias cosas en ocho líneas tomadas de TIME, pero olvidó poner la data y yo no logré localizarlo. Ha sido ahora cuando he dado con él, tras haber visto la fecha de TIME en Tras los pasos de Hitler (p. 389) de Abel Basti y en Lobo Gris de Simon Dunstan y Gerrard Williams (p. 195).

Me permito, pues, traducir esas 371 palabras, señalando entre corchetes algún detalle, como citar a Himmler en vez de a Goebbels, algo evidente, pues Himmler ya hacía tiempo que no iba por el búnker.

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Mientras  yo viva …

Un equipo de detectives soviéticos concluyó la semana pasada que si Adolfo Hitler estuviera muerto, su muerte no habría ocurrido en las ruinas de la Cancillería del Reich.

Dirigidos por el silencioso jefe de la policía de seguridad de Stalin, el mayor Ivan Nikitine, de mediana edad y ojos azules, los criminólogos rusos reconstruyeron los últimos días de Hitler en Berlín. Junto a una estantería en la habitación personal de Hitler, en la Cancillería destrozada en la batalla, los detectives encontraron un delgado panel extraíble de hormigón. Y detrás de este panel encontraron un agujero de tamaño humano que conducía a un refugio supersecreto de hormigón, enterrado muy profundo y a 500 metros de distancia. Otro túnel conectaba el refugio con una línea férrea subterránea. Los restos de comida en el refugio indicaban que entre seis y doce personas habían permanecido allí hasta el 9 de mayo, el día siguiente al Día de la Victoria en Europa.

Durante los contrainterrogatorios, los alemanes que decían haber presenciado la muerte de Hitler cambiaron sus historias. Contrastados los detalles, admitieron finalmente que nadie había visto morir al Führer. Finalmente, la historia contada por un guardaespaldas personal de Hitler es la que unifica y cataliza todas las versiones enfrentadas entre sí. El guardaespaldas, un SS Untergruppenführer [sargento segundo-SS], vio por última vez a Hitler el 27 de abril en su habitación personal en la Cancillería.

Eva Braun, la amiga rubia de Hitler, estaba sentada en una mesa escribiendo. Hitler se agitó en su sofá y preguntó al guardaespaldas sobre las bajas fuera de la Cancillería, donde la lucha era intensa. Entonces comenzó a arengar alzando su voz por encima del ruido de la batalla.

Mientras viva”, dijo Adolf Hitler, “no habrá conflicto alguno entre Rusia, América e Inglaterra. Están unidos porque quieren destruirme. Si yo estoy muerto, no pueden permanecer unidos. El conflicto debe llegar. Pero cuando esto ocurra, yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán, para ayudarlos a levantarse de la derrota y conducirlos a la victoria final. Alemania puede tener esperanza en el futuro sólo si el mundo entero piensa que estoy muerto. Yo debo…”

La voz se apagó, y al sargento segundo-SS se le ordenó salir. Ya fuera del cuarto se cruzó con Heinrich Himmler [habría que decir que fue con Goebbels] y Martin Bormann, que estaban entrando. Más tarde, el SS Untergruppenführer fue herido y hecho prisionero.

En un pasillo que llevaba al refugio secreto, los detectives encontraron una nota carbonizada, con caligrafía de mujer. Decía a sus padres que no se preocuparan si no sabían nada de ella por mucho tiempo. Los investigadores soviéticos pensaron que lo había escrito Eva Braun”.

(Traducción revisada por Luis Cuesta Gordillo)

Se trata, pues, de un reportaje cuyo correspondiente documento es posible que los rusos jamás nos lo puedan enseñar, ya que debió de ser destruido después de la muerte de Stalin. En él se da cuenta de cómo el mayor Ivan Nikitine, criminólogo ruso, reconstruyó los últimos días de Hitler en Berlín en base a lo que su equipo de detectives había concluido la semana anterior. Nos dice que si Hitler estaba muerto, desde luego no había muerto en las ruinas de la Cancillería; que ninguno de los presuntos testigos había visto morir al Führer y que la habitación de Hitler en el búnker daba a una sala ultrasecreta, en la que Eva habría dejado un mensaje para sus padres. En esa sala había restos de comida, indicadores de que de seis a doce personas habían permanecido allí hasta el 9 de mayo. ¿Quiénes? Es muy posible que nunca lo sepamos con certeza absoluta.

Pero lo más destacable es esa sexta parte escasa (69 palabras) que el sargento –oh, maravilla de las maravillas– recuerda. Creo que es fiable la información, ya que no es fácil inventar un argumento, que solo sirve para tratar de justificar su inmediata conducta futura, es decir, por si era descubierto fugándose. Este sargento segundo-SS, guardaespaldas personal de Hitler, vio por última vez a Hitler el 27 de abril en su habitación personal en la Cancillería y le oyó este argumento que, como estructura lógica, deja bastante que desear, pero es la que es. Veamos, pues, su contenido, sin entrar demasiado en la forma.

1.- Mientras viva no habrá conflicto alguno entre Rusia, América e Inglaterra. Están unidos porque quieren destruirme. Si yo estoy muerto, no pueden permanecer unidos. Es decir, parte de una premisa con contenido real: los tres grandes aliados profesan doctrinas incompatibles. El capitalismo de Estados Unidos e Inglaterra era irreconciliable con el comunismo ruso. Solo pueden aparecer unidos mientras Hitler viva, porque los tres buscarán la destrucción del nacionalsocialismo hitleriano. La aplicación de este criterio hace inteligible que Hitler no hubiera querido declarar la guerra a Inglaterra, que fue algo imprevisto. Lo que resulta incomprensible es que se la declarara a Estados Unidos, aunque fuera por apoyar a Japón y que atacara a la URSS, que había sido su aliada y con quien se repartió Polonia. Así que se impone una conclusión: si él estuviera muerto, los aliados no podrían seguir unidos.

2.- El conflicto debe llegar. Pero cuando esto ocurra, yo debo estar vivo para dirigir al pueblo alemán, para ayudarlos a levantarse de la derrota y conducirlos a la victoria final. Alemania sólo puede tener futuro si el mundo entero piensa que estoy muerto.

Esta segunda parte entra en contradicción con la primera. Es inevitable que el conflicto ocurra, pero él debe estar vivo en ese momento para aprovechar las posibilidades de esa situación de derrota y llevarlos a la victoria final. Pero para poder ‘estar vivo’, el mundo entero debe pensar que está muerto.

Entonces el sargento debía reproducir la conclusión a la que llegaba el razonamiento de Hitler: Yo debo…” Pero la voz del sargento se apagó y no debieron entenderle [¿o sí?] y en vez de pedirle que la repitiera, cerrando el razonamiento, quedó como si estuviera inconcluso.

Pues nada, debemos completar nosotros el argumento. Aunque el razonamiento sea formal y lógicamente muy malo, debemos abordarlo sin miedo, se trate de un paralogismo, de un sofisma, de una aporía o simplemente de una ‘falacia de confusión’ por emplear los términos de John Stuart Mill. Que cada uno determine la categoría concreta que pueda tipificarlo mejor, pero su categoría lógica no afecta al contenido de lo que Hitler quería decir. Así que intentemos completarlo, PREGUNTÁNDONOS:

¿Cuál es la conclusión ‘lógica’ del razonamiento de Hitler?

¿DEBEMOS PENSAR QUE… 

A) se suicidó de verdad, anulando cualquier posibilidad de conflicto entre los aliados, O  QUE… 

B) se escapó, haciendo creer a todos que se había suicidado, aunque no hubiera quedado ninguna señal de haberlo hecho?

Porque lo que es verdaderamente importante y queda meridianamente claro es que “CUANDO ESTO OCURRA, YO DEBO ESTAR VIVO PARA DIRIGIR AL PUEBLO ALEMÁN”.

De momento concluimos lo que es más palmario, más patente y evidente en este texto. Él debía escapar para estar vivo y dirigir al pueblo alemán a la victoria, es decir, todo un subterfugio para justificar su fuga.

Pero atención: Este texto contiene unas cien palabras muy esclarecedoras sobre la actuación de Hitler para escapar.

¡Lo veremos en el próximo capítulo!

¿Dos aviadores para llevar el cadáver de Hitler desde Brasil o Argentina a Paraguay…?

Siempre me centré en estudiar las pruebas oficiales del suicidio de Hitler y no presté más atención a la figura del misionero que la que he expuesto en ambas obras en forma de perístasis, es decir, como relato que está en relación con el tema tratado, pero sin apoyarme en su testimonio para fortalecer lo que de por sí era indiscutible para mí: que las pruebas del suicidio de Hitler eran falsas y que se había escapado el 30 de abril de 1945.

Ha tenido que aparecer un historiador germano-dominicano, del que logré saber su nombre y poco más, a pesar de los 30 extensísimos correos que intercambiamos entre el 8-11-2016 y el 30-05-2017. Durante seis meses he respondido lo mejor que he podido hasta las más inimaginables preguntas que me hizo sobre el misionero y sobre mí. Y eso me ha llevado a revisar fechas y emprender gestiones que de otra manera probablemente no hubiera realizado nunca; pero, además, he tenido la suerte de haber conocido a Casimiro Bodelón Sánchez, que trató al misionero mucho más que yo y que le había oído el relato en alguna ocasión. Él me ha precisado fechas sobre el religioso que yo no consideraba más que simples aditamentos de la perístasis.

Así pues, espoleado por el ‘historiador’ alemán y con el apoyo de Bodelón, caí en la cuenta de que yo había conocido al misionero a finales de noviembre de 1965 y no de 1966 y que lo había vuelto a ver en el verano de 1967 y no en 1968 [como puse en la p. 15 de la síntesis]. Y él me testificó fechas a las que el misionero me había respondido con un ‘más o menos’ o ‘tendría que revisar mis notas’, evasivas con que indicaba suficientemente que no deseaba colaborar en el establecimiento de fechas en las que se pudiera apoyar –nada más lejos de mi intención– efemérides, aniversarios, conmemoraciones, etc.  Así que en cuanto supe con certeza, gracias a Casimiro, que el religioso se había ido de misionero a África a primeros de 1968 y que cuando  volvió enfermo había sido en mayo de 1971; entonces vi cómo encajaban los hechos con sus fechas…

Pues bien, además de la serie de TV, Persiguiendo a Hitler, ya estudiada, hay tres hitos en los que aparece el tema del enterramiento de Hitler en periódicos, ediciones digitales, páginas web, blogs, etc. Sorprendentemente, siempre son los mismos testigos y los mismos testimonios, cuyo contenido encaja con lo dicho por el misionero..

I.- La publicación de “Tras los pasos de Hitler” de Abel Basti en febrero de 2014.

En el capítulo XIV de  “Tras los pasos de Hitler” (p. 335-374), Basti nos recuerda las ventajas tan propicias de Paraguay desde 1927-1929, pero sobre todo desde la llegada a la presidencia el 15 de agosto de 1954 de Alfredo Stroessner que fue presidente hasta el 3 de febrero de de 1989, en que con 77 años (muere con 93 años en 2006) su consuegro Andrés Rodríguez Pedotti dio un golpe de estado, sucediéndole, convocando y ganando las elecciones el 1 de mayo de 1989. Habría estado propiciado por la CIA y describe caracteres de su dictadura, estudiada por Karl Bauer y Rainer Tilch, quien le ofreció, entre otros, el testimonio del menonita Helmut Janz, secretario de la Embajada Alemana entre 1967 y 1972. Es una declaración importante porque habló del pago de pensiones y la destrucción de documentación relativa al pasado nazi de muchos alemanes residentes en Paraguay.

Basti estudia, entre muchos otros, a Mariano Llano que, además de historiador (autor de Hitler&los Nazis en Paraguay, 2004), era yerno del general Emilio Díaz de Vivar, y afirmaba que había conocido personalmente a Hitler en 1961 y que había llamado  al general Stroessner el 3 de noviembre de 1994, día de su  cumpleaños y este le había dicho que Perón le había preguntado si él aceptaría proteger a Hitler y que le había contestado que “si se había hecho con Gervasio Artigas, el magnate uruguayo, en su momento [de 1820 a 1850]” (…)  “¿Por qué no [con] Hitler?”, justificándolo en que “nosotros, los paraguayos, somos muy humanos…”

Basti no cita nunca o casi nunca las páginas numeradas –cortesía elemental con el lector de un trabajo serio sobre un tema tan debatido como este– que te permita verificar la cita ni tampoco concreta casi nunca las fechas de lo atestiguado por los testigos, como ya señalé en mi obra extensa.

(En mi nota 38 subida a Internet, correspondiente a la p. 284 dejé escrito que: “Este año de 2014 Abel Basti ha publicado Tras los pasos de Hitler, que lleva la apostilla La Investigación definitiva. Es el tercer libro de Basti que poseo. Cada cual emplea el método que cree más conveniente para demostrar la tesis que sostiene. Y Abel Basti sostiene que Hitler se escapó y vivió en Argentina. Yo no comparto esa opinión. Creo que Hitler estuvo, al menos tres veces en Argentina. Fueron largas estancias, visitando desde allí otros países de América del Sur, pero él no se escondió permanentemente allí y el hecho de que haya habido muchas personas que lo vieron en Argentina en varias ocasiones, si no se delimitan los tiempos y fechas con sumo cuidado, no se prueba  que estuviera establemente allí. Yo he estado en unas doce ocasiones, tal vez más, en Argentina, con frecuencia quince, veinte y hasta veinticinco días seguidos. Cualquiera que me haya visto en distintas fechas ha podido pensar que vivía allí continuamente, lo que no es cierto. En todos sus libros Basti nos ofrece distintos testimonios de personas que lo vieron. En este también, incluidas las declaraciones del avistamiento del actor y cómico uruguayo Carlos Perciavalle, que yo cito en la IV Parte. A todas las entrevistas que aporta en los distintos capítulos, añade en el último un resumen de treinta y cinco seguidas. No es solo la obviedad de que siempre habrá mucha más gente que no lo vio, sino que nos pueden argumentar que si hubiera vivido tanto tiempo allí, lo habrían visto muchísimas más personas de las que dicen haberlo visto. Si en los medios aparecían tantas que lo habían visto en los sitios y circunstancias más inimaginables, ¡cuánto más si, además, se exhibía ante tantos admiradores por muy fieles que fueran! Fue en Europa Central, donde se ocultó y vivió escondido, entre grandes medidas de seguridad. Allí no llegaba cualquiera.”

Que Hitler visitó Argentina, Brasil y Chile, no nos cabe ninguna duda a quienes sostenemos que Hitler no murió el 30 de abril de 1945, sino que se escapó y, principalmente, que Hitler estuvo en Paraguay, sobre todo con Stroessner de Presidente, pero ya señalé, especialmente en la obra extensa, que si no se delimitan los tiempos y fechas con sumo cuidado, puede que no se pruebe que estuviera establemente allí, que es lo que yo creo. Y en la página 449: “En Argentina y en otros países suramericanos estuvo… tiempo después [de haberse escapado]  y en varias ocasiones, visitando a personas de su entera confianza. Y siempre, según creo, para allegar fondos. Pero allí, en mi opinión, no fue de modo inmediato ni estuvo permanentemente”.

Según Basti, el exmilitar brasileño Fernando Nogueira de Araújo  habría obtenido de los nazis “la información de la verdadera fecha de fallecimiento de Hitler: el 5 de febrero de 1971. No sabemos dónde fue enterrado inicialmente el Führer pero, dos años después que muriera [yo creo que fue a principios de abril de 1971],  su cadáver fue trasladado a un lugar especialmente preparado, que todavía existe en Paraguay” (…) “La osamenta de Hitler fue llevada a una cripta, ubicada en el sitio más profundo de un gran búnker subterráneo construido por los nazis. (…) Fernando conoció, o sea que estuvo  presente donde fueron depositados los restos mortales del excanciller alemán. (…) Pudo asistir a una ceremonia que se realizó casi dos años después de la muerte del Führer, en la noche del 1 de enero de 1973, cuando se decidió realizar el cierre de dicha cripta” (p. 373). En la página siguiente nos dice que estuvieron presentes “cerca de cuarenta personas” (…), que “descendieron en un ascensor hasta los niveles más bajos del búnker. Allí había una puerta con una escalera que llevaba a una cripta, donde estaba ubicado el féretro de Hitler”. Con ladrillos y cemento cerraron  la estrecha entrada  a la cripta del Führer. “La entrada al refugio subterráneo estaba dentro de una antigua construcción de madera de un antiguo club alemán. Luego fue demolida y se construyó un moderno y exclusivo hotel”.  (…) La primera semana de febrero de cada año el hotel está cerrado a los turistas pues allí se honra la memoria de Adolf Hitler. (p. 374).

II.- Varios periódicos insisten en el dato de Nogueira-Netto-Basti.

Andrés Colmán Gutiérrez y Stefi Céspedes verifican el día 10 de marzo de 2014 para Última Hora que lo publicado para el Correio Braziliense  por el reportero Diego Ponce de León era la verdad, según había relatado Basti, tomándolo del testigo Fernando Nogueira de Araujo, sargento retirado de 70 años. La confirmación la hizo a través de Marcelo Netto, periodista independiente de Sao Paulo, el mismo que le cedió la información a Basti. Nogueira era el único brasileño entre los casi cuarenta invitados al evento del enterramiento de Hitler, como relata Basti. recorte enterrei hEl historiador paraguayo Mariano Llano ya había sostenido en su libro “Hitler y los nazis en el Paraguay”, editado en 2004, que Hitler había muerto en Paraguay  [realmente debería
decir que ‘estaba enterrado allí’]. “Cualquier duda fue disipada cuando él (el sargento Nogueira de Araujo) retornó al Brasil y encontró a otras dos personas, entre las 40 que habían participado del evento” [indudablemente, intercambiaron observaciones entre ellos], asegura Netto, en la versión dada al Correio Braziliense.

 

III.- La publicación en la televisión rusa el 2 de febrero de 2017.

El mismo día apareció en la televisión rusa ZVEZDA en ruso y en español. La versión rusa (https://tvzvezda.ru/news/vstrane_i_mire/content/201702021211-wuex.htm) tenía una duración de 3:37 minutos. Dedicaba 37 segundos al testimonio del antiguo sargento Fernando Nogueira de Araujo y 3 minutos para el periodista Marcelo Netto. Todas las imágenes llevan el emblema de la cadena: una estrella (=звезда).

La versión en español está subida por el blogero ‘el microlector’ y dura 2:22 minutos (https://elmicrolector.org/2017/02/07/testigos-afirman-que-hitler-fue-enterrado-en-paraguay-en-1973/). De los 140 segundos reales solo tienen el emblema de la cadena  47 segundos. Por tanto, carecen de ella 93. Curiosamente, entre las imágenes que lo tienen están las del hotel Lago, que no aparecen en la versión rusa.

Las siguientes imágenes 3 y 4 están tomadas directamente del video ruso.

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Texto de la versión en español:

1.- El periodista brasileño Marcelo Neto sostiene en una entrevista a la cadena de televisión rusa Zvezda que Adolf Hitler no murió en el búnker de Berlín el 30 de abril de 1945, sino en algún lugar entre Argentina y Chile [realmente fue junto al lago Chad, África central] el 5 de febrero de 1971 y que posteriormente fue enterrado en la capital de Paraguay.

2.- Para apoyar esta revolucionaria versión del final del líder nazi, el periodista se basa en los testimonios de dos personas que afirman que Hitler fue enterrado en Asunción en la década de 1970.

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3.-  El periodista Marcelo Netto entregó a la cadena rusa Zvezda un videofragmento de la entrevista concedida por el sargento brasileño Fernando Nogueira de Araújo, quien afirma que el 1º de enero de 1973 asistió al entierro de Hitler en un búnker en Asunción, adonde fue trasladado dos años después de su muerte [lo más probable es que fueran trasladados a Asunción directamente desde África central en marzo-abril de 1971].

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4.- Este testigo [en el letrero en ruso: Fernando Nogueira de Araujo] y el periodista creen que el cuerpo de Hitler permanece probablemente junto con los cuerpos de otros nazis todavía en este lugar, donde se levanta desde 2003 un hotel.

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5.-  [El video muestra estas imágenes del Hotel del Lago y el emblema de la cadena] Este terreno, al igual que hace medio siglo, pertenece a una organización que ayudaba a los asilados alemanes y fue elegido como lugar de enterramiento para Hitler probablemente porque allí hubo un búnker que sirvió de refugio a nazis huidos.

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6.- Cree Netto de acuerdo con Nogueira de Araujo que el funeral tuvo lugar en un terreno abandonado donde había una pequeña colina parecida a un túmulo y estructuras subterráneas de tres plantas.

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Según Netto, una  mujer de Bariloche le contó que una conocida suya era amante del piloto (no conocemos sus nombres) que acompañó al célebre piloto Hans-Ulrich Rudel a llevar el cadáver de Hitler. [¿De dónde a dónde…? Yo creo que desde África central directamente a Paraguay.]

7.- La versión sobre la segunda inhumación de los restos del líder nazi en Paraguay está parcialmente demostrada por otro testimonio, según asevera Netto. En la ciudad argentina de Bariloche una mujer, que nada sabía sobre el primer testimonio, le contó que conocía a la amante de un piloto alemán que exhumó y trasladó los restos de Hitler a Asunción junto con el célebre piloto nazi Hans-Ulrich Rudel.

IV.- Mi opinión sobre todo este relato es que: ¡PUDO HABER OCURRIDO ASÍ!

Rehechas las fechas con ayuda de Casimiro Bodelón puedo precisar:

1.- Yo conocí al religioso el 26 de noviembre de 1965 y NO en 1966.

2.- La sobremesa de la cena en que contó lo del “dice Hitler” y yo le pregunté si estaba empleando el presente histórico y él contestó: “Bueno, es que Hitler vive”, tuvo lugar en julio de 1967 y NO en julio de 1968, como yo afirmé en mi estudio.

3.- El religioso fue de misionero a un país de los cuatro que rodean el lago Chad, África central, a primeros de 1968, según datos de Casimiro Bodelón.

4.- Yo ya me iba a venir  para Madrid en octubre de 1970 cuando recibí una postal suya, enviada desde el país al que fue de misionero. Por ello me quedó que había ido en 1970.

5.- Casimiro Bodelón me confirmó con plena certeza que el religioso había regresado a España enfermo en mayo de 1971. Consiguientemente:

5.1.- La llegada del extranjero, anciano y enfermo, se transmitió por la selva mediante tamtán y el monaguillo le informó correctamente, pero cuando el religioso acudió, el anciano había fallecido y había sido enterrado muy probablemente el día 5 de febrero de 1971.

5.2.- Indudablemente el misionero comunicó a su padre la fecha de la muerte y el lugar exacto del enterramiento de Hitler.

5.3.- En los primeros días de mayo de 1971, antes de regresar enfermo a España, verificó si habían acertado con la tumba de Hitler, puesto que cerca había algunos otros enterramientos.

6.- Volvió y comprobó que el hoyo donde lo habían enterrado de pie, estaba vacío y “nadie supo decirle qué había ocurrido con el cadáver de aquel desconocido que habían enterrado allí” (Síntesis, p. 300).

7.- Es evidente que emplearon un tiempo en preparar el desenterramiento y traslado del cadáver desde África Central a un lugar más cercano y, sobre todo, más seguro, es decir, muy probablemente —por no decir que con certeza— a Paraguay, donde Stroessner llevaba 16 años en el poder y estaría otros 19 todavía.

7.1.- ¿Fue posible que, antes de enterrarlo definitivamente en Paraguay, pese a las ventajas que reunía, lo hubieran enterrado provisionalmente en Brasil siendo presidente el general Garrastazu durante cuatro años y medio o en Argentina con Lanuse de presidente
durante dos años y dos meses? Hay que decir que imposible-imposible no fue, pero…

7.2.- … hay que destacar que el mérito del célebre piloto nazi Hans-Ulrich Rudel y de su acompañante, cuya identidad se desconoce, fue el traslado del cadáver desde el punto cercano al lago Chad al lugar más seguro y que iba a ser el definitivo: el Paraguay de Stroessner.

7.3.- Un avión y dos pilotos de categoría eran necesarios para una tan larga distancia, cruzando el océano Atlántico: Google Maps calcula no menos de 23 horas de vuelo. Si partimos de los dos extremos, las distancias entre países de América del Sur pueden ser respetables: entre el norte y el sur de Argentina, Brasil y Chile puede haber la misma distancia que desde Cádiz al norte de Noruega o Finlandia.

CONCLUSIÓN

Por tanto,  parece seguro que, una vez desenterrado y trasladado desde ese punto cercano al lago Chad, el cadáver de Hitler fuera transportado –probablemente sin pasar por ningún otro punto– al búnker de Asunción y que el 1 de enero de 1973, es decir, prácticamente “dos años después de su muerte”, según la declaración del sargento brasileño Fernando Nogueira de Araújo, procedieron a
cerrar la cripta con ladrillo y cemento, colocando el cadáver esta vez en posición
horizontal o, como se decía antes, en decúbito supino

Hitler enterrado en Paraguay: ¿creíble o nueva pajarota?

Imaginemos a Iósif Stalin y a Georgi Zhúkov hoy.  Stalin, a sus 140 años, seguiría teniendo abundante pelo y bigote blancos, mientras que Georgi Zhúkov con 120 estaría completamente calvo. No hace falta envejecerlos con algún programa informático ni echarle mucha imaginación. Si hoy Stalin hiciera a Zhúkov la misma pregunta que le hizo en la madrugada del 1 de mayo de 1945: “¿Dónde está el cadáver de Hitler”, el mariscal le contestaría, probablemente sin dudarlo, “en Paraguay”.

Stalin, con ojos llenos de asombro, volvería a interpelarle:

—Pero, camarada Zhúkov, ¿podrá probar documentalmente que Hitler está enterrado en Paraguay?

—No, camarada Stalin. No hay documentos que lo acrediten.

—¡Tendrá testimonios suficientes y coincidentes!

—Tampoco, camarada Stalin. Aunque el enterramiento lo presenciaron unas cuarenta personas, solo hay un testigo.

—¿Y dónde murió?

—Pues unos dicen que en Argentina y otros que en Brasil…

—Unos y otros dicen… ¿Qué dice usted, camarada Zhúkov?  —demandó Stalin.

—Pues yo creo que en uno de los cuatro países que rodean el lago Chad…

—¡Pero cómo! Y, claro está, ¡también sin documentos ni testigos! Entonces…, ¿cómo se atreve usted a sostenerlo, tan convencido…?

—Hay un testigo, un religioso, cuyo nombre y demás datos uno ha prometido no revelar hasta que haya muerto, pero a este paso nos entierra él a todos. Claro que, cuando desaparezcan los últimos testigos, ya centenarios, ¿a quién le va a interesar saber si Hitler se escapó —ya hoy hay tantísima gente que le importa un bledo— y qué estímulos y ayudas pudo haber para que se ocultara…?

—Sí, sí, qué intereses, qué motivaciones…

—Dígame, camarada Stalin, ¿habría enviado usted a su mejor piloto, quien, estando cojo y residiendo habitualmente en Alemania, tuviera que desplazarse a Brasil o Argentina para llevar el cadáver de Hitler a Paraguay…? ¡Cojo y a sus 55 años! A sus órdenes llevaba otro piloto, ¡faltaría más!, pero como las distancias de norte a sur en Chile, Argentina o Brasil son tan grandes como pueda ser la que hay entre Cádiz y el norte de Noruega, sobran comparaciones innecesarias. ¿Tenemos que buscar un  documentos que avalen semejante irracionalidad…?

—¡Qué difícil me lo pone, camarada Zhúkov…!

—Acaba de conocerse una magnífica actuación del Gobierno argentino y de las personas que lo han realizado: la digitalización de 74.128 documentos de la  guerra. Yo no los he visto, pero seguro que no hay ninguno que ampare el enterramiento de Hitler en Argentina. Exactamente igual ocurrirá cuando Brasil y Chile digitalicen todos los suyos. Desde ese momento nadie podrá  citar cualquiera de esos tres países y quedarse tan ancho.  

—En nuestra época no existía ese medio tan poderoso para estudiar la verdad de lo que pudo pasar. ¿Habría que haber soportado los relatos de Trevor-Roper y de Bezymenski? Ambos contaron lo que se esperaba de ellos: el suicidio de Hitler, fuera con veneno, de un disparo en la boca o en la sien y lo de la cremación.

—Alto ahí, camarada Stalin. Yo al final en mis memorias me apunté al suicidio, que fue lo que predominó tras la desaparición de Vd., pero no a la cremación.

—Sí, ya sé. Algunos han llegado a afirmar que yo terminé por admitir que se había suicidado. Pura mentira. Si algún día Rusia decide digitalizar todos los documentos de la época, verán que yo nunca cambié de opinión, aunque autorizara a hacer un documental en que Hitler se suicidaba. Todos deberían digitalizar sus documentos y ponerlos en internet. Nada de sentirse satisfechos con los llamados documentos del FBI o con los conmemorativos del año 2000 de Vinogradow o con los publicados por el Archivo Nacional británico. ¡Sería un gran instrumento para que los estudiosos pudieran aclarar lo que pasó!

— Hay cosas, que, si se aceptan, podemos parecer tontos de capirote. Por lo menos, busquemos documentos que encubran nuestra irracionalidad…. ¿Ha encontrado usted algo tan incomprensible como arder cuatro cadáveres entre tanta madera sin que quedara ninguna huella…?

—¡Tranquilo, camarada Zhúkov!  

—Camarada Stalin, creo que no deberíamos darnos por satisfechos, contentándonos con que nos disfracen la mentira, pero teniendo que aceptarla como verdad indiscutible.

Stalin murió en 1953 y Zhúkov en 1974. Stalin preguntó a Zhúkov por el cadáver de Hitler en las primeras horas de la mañana del 1 de mayo de 1945. Y, desde ese momento, Zhúkov repetía que mientras no apareciera su cadáver, él seguiría pensando que se escapó…

 

ACOTACIÓN: En un periódico argentino (Clarin 25/08/2017 http://clar.in/2izicTNha aparecido un extenso artículo sobre la digitalización de 74.128 documentos hecha por el Ministerio de Relaciones Exteriores, bajo el título Segunda Guerra Mundial: los archivos desclasificados de Cancillería argentina. Supongo que los subirán a Internet y podamos acceder a ellos sin cortapisas. Al menos hasta ahora yo no he dado con ellos.

Nuevo epílogo para “Buscando la verdad histórica”

EPÍLOGO

I.- Sobre el porqué de la foto de la portada del libro.

Tal vez algunos lectores se pregunten por qué he mantenido la pintura que hice sobre la fotografía del viejo para la portada de esta síntesis, una vez esclarecido el historial indiscutible de esa imagen, que acredita su falsedad.
Fue después de identificar la fotografía que el Periodista Digital publicó el 6/04/2015 en la que aparecía un Hitler de unos 70 años, cuando decidí estudiar las seis fotografías en las que aparecía Hitler con más de 56 años y, por tanto, como superviviente a la conclusión de la II Guerra Mundial.

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Esta doble imagen se encuentra en muchos lugares de internet, atribuyendo frecuentemente su origen a los archivos del FBI. No fue difícil descubrir la falsificación de la de color, que es de la que se trata.
He aquí los dos fotogramas, el original de 1943 o 1944 y el supuesto de 1968, es decir la misma fotografía recortada, retocada y sin pelo ni bigote.

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No creo que nadie se atreva a negar la falsificación.
Descubierta la superchería de la manipulación de esta primera fotografía y como las otras cuatro —aparte los ensayos que hizo la inteligencia aliada para prever la posible evolución fisonómica, que hay varios bien hechos— no  ofrecieron dificultad alguna, me centré en la ‘sexta’: un vejete en una tumbona que parecía un Hitler de 80-82 años, un tanto aletargado, tomando plácidamente el sol con la cabeza cubierta. Durante muchas horas traté de estudiar los rasgos fisonómicos del personaje completamente desdentado —Hitler carecía completamente de dientes naturales y podía no tener puesta la dentadura postiza— que aparecía en ella, adivinando su mirada recelosa y apreciando la coincidencia de los rasgos fisonómicos, para alcanzar suficiente convicción de que podía ser una imagen no adulterada muy posterior a 1945. Ciertamente yo encontré tal parecido que me encandiló la posibilidad de que fuera auténtica.
Consideré la eventualidad de que estuviera hecha con afán de engañar y, fuertemente intrigado por ella, la pinté al óleo para la portada de esta síntesis, pudiendo contrastar todos sus rasgos fisonómicos, avejentados por el paso de tres décadas… y ¡me siguió seduciendo! Si el Misionero me había dicho que él tenía algunas fotografías de Hitler (que no me iba a enseñar), hechas después del 30 de abril de 1945 y que las estaba destruyendo o enterrando, ¿por qué no podía aparecer alguna de esa larga época cuando y donde menos se pudiera esperar…?
Había entrado muchas veces en internet, buscando en vano algún dato de esa imagen. Pablo Bonetti me escribe que esta imagen de un Hitler anciano se vio por primera vez en internet hacia el 2003. La entrada más antigua que encontré sobre esa foto fue en Google: un resumen que Santiago Romero escribió el 5/10/2008 sobre una entrevista con Abel Basti en La Opinión de La Coruña. La foto estaba acompañada del siguiente pie, que se repetirá miméticamente después en otros muchos lugares de internet: “La fotografía, enviada anónimamente al investigador Abel Basti y sometida a varios análisis de técnicas faciales, muestra supuestamente a un Adolf Hitler anciano en Argentina.” Aparece en Hitler en Argentina, 3ª ed. de 2009, cerrando el Cap. XII: “Un día recibí la fotografía que se publica en esta página [400], con un mensaje anónimo, asegurando que se trata de la imagen de Hitler, muy viejo, una de las últimas fotos que se le sacó antes de fallecer. El texto aclaraba que el anciano tiene cubierta parte de su cabeza con un pañuelo para protegerlo del sol y que el sitio donde estaba en ese momento era Argentina…”.
La presentación más extensa dada por Abel Basti la hallé el 02/11/2015. Aparecía en ‘yp94ch’ y ‘simon_dice’ el 29 de abril de 2010 (http://1y2gm.foroactivo.com/t2846p10-conversaciones-con-abel-basti). Allí “sugería que era una foto hecha por computadora”, que la había recibido “en forma anónima”, asegurando que había sido publicada por un diario norteamericano en la década de 1950; que la había sometido a peritación y que “los puntos fijos de la cara coinciden con los de Hitler”. Más adelante añadía: “Al no poder contarse con el original y existiendo la tecnología de hoy en día es muy difícil establecer si la misma es verídica o apócrifa…”
Decía que podía ser “una foto hecha por computadora” y que había sido publicada por un periódico norteamericano en la “década del 50”. Por tanto, si era Hitler, tenía que tener entre 56 y 66 años, mientras que en esa foto aparentaba 80-82 años. Y si era Hitler, tenía que estar tomada entre 1970 y 1972, año en que murió en África. Así que me sumergí en un estudio del desarrollo de la informática y mostrar lo difícil que resultaba compatibilizar las fechas para que se diera esa posibilidad con ese resultado, concluyendo que “es imposible que haya podido darse una manipulación informática de esa fotografía, para, habiendo sido tomada antes de 1959 y siendo falsa, poder hacerla pasar por verdadera”.
Abel Basti apunta que él mismo mandó peritar la foto, obteniendo un resultado positivo, ya que “los puntos fijos de la cara coinciden con los de Hitler”. El estudioso argentino debería haber ofrecido todos los datos de esa prueba, comenzando por la fecha, la autoría de la identificación y, al menos, un resumen del dictamen. Basti considera  que  “hoy en día es muy difícil establecer si la misma [esa fotografía] es verídica o apócrifa”, ya que “no contás con una prueba que contraste su autenticidad”.
Sabemos que con el sistema tradicional se hicieron retoques ‘manuales’ en algunas fotografías y que la informática ha potenciado las posibilidades de falsificación de cualquier fotografía. Hoy las potencialidades de identificación son inmensas para salvaguardar documentaciones, para operaciones económicas, para la seguridad general, para identifi-caciones forenses en accidentes aéreos, etc.; pero lo que ya no tengo tan claro es el fundamento que pueda tener el envejecimiento de cualquier personaje, transformando su anatomía, echándole encima de una tacada 30 años, hasta el punto de que el resultado pueda engañar, sin que se pueda descubrir la patraña. En fin, no niego que en aquel entonces se pudiera adivinar alguna posibilidad de mutación fisonómica… pero concretar gráficamente una metamorfosis tan ajustada, producida tras 27 años de evolución facial del personaje, no era nada fácil. Y compaginar las fechas era todavía más difícil.
Descartadas  la policía y la guardia civil, busqué especia-listas. En agosto de 2015 Jesús Gómez Rodes, Ingeniero Informático Superior, me dijo que “esa imagen no parece proceder de ningún tratamiento digital de una fotografía. De las seis imágenes estudiadas, esta me transmite el mayor índice de veracidad de la procedencia de una persona retratada, sin tratamiento digital posterior”.
En base a la imagen tomada de internet, Ignacio González G. Colunga, especialista en Comunicación Audiovisual, me comunicó en diciembre de 2015 que “sin el original es imposible saber si se ha manipulado o no” y que encontraba algunos detalles “extraños”. Finalmente, envié al Dr. Enrique Alegre, profesor de la Universidad de León, la imagen de la página 400 de la obra de A. Basti escaneada a 1200 pp y el 24/03/2016 me escribió que “no se puede utilizar el análisis de imagen para establecer ningún parecido razonable con Hitler. En las imágenes de rostros, las características que más información contienen se encuentran alrededor de los ojos, y esa zona está total o parcialmente tapada u oscurecida”.
Pese a todo, seguí considerando su posible autenticidad, basada en distintos puntos, siendo probablemente el más fuerte lo recogido en el primer documento de 21/09/1945, desclasificado por el FBI (ver p. 233), que podía entenderse como una confirmación. El personaje argentino que lo había visto arribar a Argentina, se percató no solo de que Hitler se había afeitado el bigote, sino de que mostraba una cicatriz en su labio superior, rastreable en la fotografía, y, sobre todo, por la convicción de las pruebas sobre su fuga, estudia-das en este libro. Efectivamente, era algo indiscutible que no podía haber habido manipulación informática alguna y esa fotografía, si hubiera sido auténtica, probaría sin lugar a du-das la supervivencia de Hitler. La tentación de afirmar que es verdadera puede resultar difícil de vencer, pero yo dejé muy claro que “lo que es indiscutible es que mi pintura no ha tratado de engañar a nadie”.
Hacía mucho tiempo que no entraba en la página ‘grey-falcon’. Accedí el 7/11/2016. Recogía el escrito de Louis C. S. Mansfield —que tanto trabajo me dio hasta hallarlo en The Sunday Morning Star— y, al lado, el de Heimlich. Tal vez quedé enganchado porque se mostraba a Bruno Ganz con cierto parecido con el Hitler de la fotografía, que, a su vez, aparecía dos veces. La segunda tenía el sello de gettyimages y debajo el nombre de Kurt Hutton. Luego había un cuadro con información sobre Hutton. Hice mis investigaciones y, finalmente, el día 12 pedí el libro por Iberlibro. Nueve días después pude constatar que era algo absolutamente indiscutible. Este fue el resultado.

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En 1947 Kurt Hutton publicó en Focal Press un libro, cuyo título Speaking Likeness (Como si hablaran) ya había sido usado en 1874 por McMillan, también de Londres. Kurt Hutton era un fotógrafo alemán, apellidado Hübschmann, nacido en 1893 en Estrasburgo e instalado en Inglaterra en 1934. Iba siempre preparado para captar lo imprevisto. Trabajó y fundó el semanario Weekly Illustrated. Murió en 1960 en Aldenburgh, Inglaterra.
El libro recoge 66 fotografías en diez grupos. La cuarta del segundo grupo titulado Ordinary Folk (personas co-rrientes), que consta de nueve tomas, es la del anciano, su-puesto Hitler. Dos palabras en el pié: Forty winks (dormitando, duermevela…) y en las dos líneas que le dedica en la entrada dice que esa foto de la página 38 la tomó, mientras paseaba por una residencia de ancianos en busca de algo con ‘colorido local’. En el desplegable nos dice que la foto fue tomada con una Leica en 1943, y bajo el epígrafe de Lighting conditions señala que fue hecha con Luz diurna y una lámpara potentísima de techo.
A su lado, en la página impar, una anciana mira, absorta (A good look), algo que está más allá de los cactus inmediatos.

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He ahí la fotografía en su contexto. No ha existido manipulación informática alguna más que el escaneo de la misma. Tampoco ha habido trueque de fechas, ni la foto se tomó en Argentina, ni mucho menos al dictador alemán. Se trató de un fotógrafo alemán con probable ascendencia judía, que, en cuanto Hitler alcanza el poder, se va a Inglaterra, donde podía dedicarse a lo que le gustaba, algo que no se podía hacer ya en Alemania: ir por la calle con la cámara preparada para fotografiar todo lo que le pudiera llamar la atención.
Creo que haberme esforzado tanto como el que más en aclarar si esa fotografía era auténtica o no, me otorga el derecho a seguir utilizando la pintura que hice en base a ella en el verano de 2015. Esa es la razón de que la siga manteniendo con el refuerzo de un emoticono. Aunque el parecido pudiera ser muy fuerte, desde luego no hay identidad y, por tanto, no puede haber riesgo de engaño.
Espero que pronto pueda ser sustituida, no por la de Albert Pankla o por la de cualquiera de sus dobles o la del citado Bruno Ganz, sino por una auténtica, esté tomada en Argentina, en su refugio centroeuropeo o en cualquier sitio del ‘universo orbe’.