“Persiguiendo a Hitler” (mi opinión)

Son seis personas las que conforman el equipo que dirigen colegiadamente Bob Baer y el Dr. John Cencich en la serie Persiguiendo a Hitler de History Channel. Los seis llegan a caer simpáticos, incluido Gerrard Williams gerrard wiliamsque publicó a finales de 2011 con Simon Dunstand Grey Wolf. The Escape of Adolf Hitler. En muchos periódicos aparecieron artículos en los que Abel Basti denunciaba que, tras el fallido proyecto de publicar un libro y filmar una película con ellos, le habían copiado todo el material que él tenía. Todavía recuerdo que cuando examiné la obra en inglés en la Casa del Libro, tuve la impresión de que, efectivamente, le habían copiado parte del material publicado en distintas obras suyas. Después se publicó en español en Argentina, pero nunca supe si, finalmente, los demandó ni cómo quedó el asunto.

Bob Baer perteneció durante 21 años a la CIA, según parece, muy meritoriamente. En la Agencia decían que era el único que trataba de vivir la máxima esculpida en mármol a la entrada de la sede, consistente en las trece palabras con las que la llamada ‘versión del rey James’ había traducido en 1611 las correspondientes nueve griegas del Evangelio de san Juan (8,32): Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Tal vez alguna vez lo hubiera oído, pero no recordaba que ese fuera el lema de la Agencia, y me pregunté si lo habían elegido como aspiración de cumplimiento o solo para dar brillo a la institución, sin que supusiera atribución de posesión de la verdad ni, menos todavía, potencialidad de conferirla.

Participó con rango parecido al de Bob Baer el Dr. John R. Cencich, profesor de Investigación de la Univ. de Pensilvania e investigador durante cuatro años para el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia) sobre los crímenes cometidos por Slobodan Milosevich en Croacia. También llaman la atención Lenny DePaul, alto oficial de las Fuerzas americanas de caza de fugitivos y Tim (Timothy) Kennedy, sargento de primera clase de las Fuerzas Armadas y, entre otras habilidades, maestro de artes marciales. Procedente del ámbito privado, forma parte Steven Rambam, fundador de Pallorium, Inc., una Agencia de Investigación particular que, entre todas sus filiales, había esclarecido más de diez mil delitos de todo tipo en el mundo entero.

Así que tenemos un equipo de seis personas, a las que se añaden en los ocho capítulos otros especialistas que intervienen con máquinas de alta tecnología, como intérpretes o como peritos en puntos muy concretos, destacando entre todos Sascha Keil, experto conocedor del subsuelo berlinés con sus 159 kilómetros de túneles subterráneos que no enseñan a casi nadie. Sascha ya había aparecido enseñando a Antony Beevor esos túneles en Los búnkeres secretos de Hitler y en algún otro documental. Así que seis personas para desenmarañar y comprobar los documentos contenidos en 744 folios con desmedida cantidad de tachaduras, con multitud de palabras ininteligibles por la mala calidad de las reproducciones, etc.

En la serie Persiguiendo a Hitler se dice y redice que esos documentos fueron desclasificados por el gobierno de EE.UU a comienzos de 2014. Sin embargo, Abel Basti nos dice en la p. 16 de Hitler en Argentina, obra de 2006, que el FBI liberó en 1998 las 754 hojas del Archivo Nº 65-53615, referido a Adolf Hitler y transcribe siete de ellos. Efectivamente, Basti prueba incuestionablemente que esos documentos eran públicos desde hacía quince años largos, lo que no resta mérito alguno a Baer y su equipo, sino más bien lo acentúa, porque rescatan del olvido una documentación válida.

En la serie de History se reproducen parcialmente numerosos documentos y repiten muchos de ellos reiterativamente, por aquello del ritmo cinematográfico, pero complican su identificación innecesariamente, cuando, en una cuestión tan debatida como el final de Hitler, se debería cuidar hasta el extremo su individualización, permitiendo localizarlos y distinguirlos de los pertenecientes a otras fuentes. Aquí estaba servida en bandeja, puesto que en los documentos del FBI apareció numerada cada hoja y agrupadas en cuatro bloques, bastaba con haberlas anotado del I al IV, poniendo, tras una coma, el número de la hoja. Así, Basti podía haber citado el fechado el 4 de septiembre de 1944, como el IV,139; los cinco fechados en 1945 como: I,1-3; II,164; II,169; II,176 y III,135; y el de 1955, como II,41. Sin embargo, en el libro de Basti se identifican muy bien, porque, además de traducirlos y comentarlos, los reproduce tal cual. Es en la serie Persiguiendo a Hitler donde se produce esa confusión.

Como ya presenté la serie capítulo por capítulo, ahora voy a examinarla, buscando el orden cronológico, independientemente del que ahora ocupen tras el montaje de las filmaciones, que con ese formato sin duda tienen más gancho que con un relato lineal. Y finalmente veremos algunas cuestiones de gran importancia que Baer y su equipo tratan con lógica, pero solo desde una de sus posibilidades.

Persiguiendo a Hitler se abre con la noticia difundida por radio de la muerte de Hitler y la el documento de Hoover, director del FBI, de 8 de mayo de 1947 (IV, 120) en el que se constata que “Los oficiales del ejército norteamericano en Alemania no han localizado el cuerpo de Hitler ni existe una fuente fiable que diga de manera definitiva que Hitler está muerto”.

Se preguntan partiendo del documento de 21-septiembre-1945 (I, 1), si Hitler pudo escapar de Berlín y cómo lo hizo. Documentan la dotación de 159 kms de túneles subterráneos, que llegaban hasta el mismísimo aeropuerto, por lo que deducen que se escapa en avión desde Tempelhof (cap. 3), donde había varios aviones y ya había sacado el 21 de abril sus pertenencias en uno de ellos (cap. 4).

subterra

La serie demuestra que el túnel llegaba al mismo aeropuerto de Tempelhof, construido en 1927 y cerrado en 2008. Hitler pudo utilizarlo para escapar, pero no lo hizo.

Llega a Córneas, perteneciente al ayuntamiento de Baleira, provincia de Lugo, a unos 50 kms de Samos, ocultándose en el célebre monasterio (cap. 5).

samos

El Monasterio benedictino de Samos estaba unido por túneles a los edificios que están delante. Era un punto importante en la ‘vía de las ratas’.

Piensan que Hitler podía acudir a Franco por la ayuda prestada en la guerra civil y citan un documento de la OSS en el que se dice que Hitler no involucró a España en la guerra, porque le habían prometido refugio cuando Alemania fuera derrotada. Localizan en Venezuela al testigo que en 1945 vio a Hitler y a otro anciano que con 18 años presenció el aterrizaje de un avión con cuatro o cinco militares. Informan sobre la instalación de tres antenas de 120 metros, construidas en 1940 por Telefunken (cap. 5). En Vigo está el tungsteno y la actividad de los U-boat. Escapa en submarino desde Vigo (cap. 4) a Canarias, donde se repone en la finca de Gustav Winter (cap. 6º), partiendo después en submarino para Argentina. Llega a la Península de Valdés y Caleta de los Loros en San Antonio Oeste (cap. 3). Tres meses después de su muerte está en Florianópolis y en Charata (cap. 1). De allí habría ido al espectacular escondite de Misiones (cap. 2), habría estado en Inalco, propiedad de los Lahusen (cap. 6º) y en el hotel Edén. Buscan túneles entre la bodega y la vivienda de los Einhorn, distante 152 metros del hotel. Está bien documentada su presencia en Casino, Brasil, donde había antenas de tipo militar (cap. 7), y en Bogotá en relación el cohete V-3 y las ojivas nucleares, en línea con el establecimiento del IV Reich. Allí, habrían quemado el avión, arrojando los restos a un pantano cercano. Lo buscan, pero suspenden la búsqueda por falta de luz y por agotamiento del horario autorizado (cap. 8).

Deseo matizar los cinco puntos señalados en negrita que expondré en el mismo orden en que han aparecido en el resumen:

1º.- Respecto de que se escapara en avión desde el aeropuerto de Tempelhof, hay que decir que Baer y su equipo lo piensan así porque, efectivamente, los nazis habían dotado a Berlín de una acompleja red de túneles subterráneos en distintos niveles. Tal vez no se construyeran esos 159 kms subterráneos para poder escapar, pero es indudable que, si era necesario, podían utilizarlos con esa finalidad. Y es cierto que el día 21 salieron de Tempelhof diez o doce aviones con altos cargos nazis: además de otros, todos aquellos que convenía que estuvieran lejos, para que no sospecharan que Hitler se había escapado, no fueran a delatarlo. Y, efectivamente, ni Goering ni Himmler pusieron en duda su suicidio, aunque hubiera salido un avión con las pertenencias del Führer que para qué las iba a querer si se iba a suicidar. Es indiscutible que el día 30 por la noche ellos estaban en el búnker, ya que Eva fue vista por el Dr. Kunz en dos ocasiones, una de ellas “entre las 10 y las 11 de la noche”. Y respecto de él, la nota que pasaron al general Chuikov hacía las cinco de la mañana del día 1 lo decía muy claro: “Hitler se encuentra en el Tiergarten”. El mariscal Zhukov dijo que pudo escapar en el último minuto y Baur, el piloto de Hitler, contó a Bahnsen que el día 26 se le ordenó mantener una pista de aterrizaje en el eje Este-Oeste y que no asistió a la boda de Hitler en la noche del 29, ya que se quedó dormido, agotado por la instalación de una pista de aterrizaje de emergencia delante de la Puerta de Brandemburgo.

Y ¿por qué nadie sospecha que Hitler se hubiera escapado con posterioridad al día 21 en que salió un avión con sus propiedades: documentos, pasaportes, libretas bancarias, etc.? Porque Goebbels y su mujer se habían suicidado, previo sacrificio de sus seis hijos. Sabían que ellos no podían huir y esconderse sin ser descubiertos, por lo que su vida ya no tenía valor alguno, si no podían emplearla en el servicio del Führer y a su lado. Pero hubo un último servicio que los Goebbels podían prestar a su idolatrado Führer, consistente en proteger su fuga, aunque ya nunca más pudieran estar a su servicio y a su lado.

2º.- Se ocultó en el célebre monasterio de Samos: Yo nunca presté especial atención a que Hitler se hubiera escondido en España, salvo que fuera de forma tan transitoria como se señala en Persiguiendo a Hitler, tanto en lo que se refiere a haber aterrizado en avión en Córneas y escondiéndose unos días en Samos y, camino de Argentina, parara unos días en Canarias. La razón es la misma que expondré en el punto 3º: Hitler no se fiaba para nada de Franco, como manifestó en varias ocasiones, salvo que fuera una pose adoptada con finalidad de engañar, un poco como ocurrió con Suiza.

3º.- Sobre el documento de la OSS en el que se dice…:

a) Sobre ese documento: Que yo sepa no se ha desclasificado documento alguno relativo a Hitler de la Office of Strategic Services ni de su sucesora la CIA. Parece que ni juntas ni separadas hubieran producido ninguno. Por supuesto, Baer no nos lo aclara y él debía saberlo. Yo creo que hay documentos de la OSS y de la CIA sobre Hitler todavía sin desclasificar. Y del FBI también. ¿Cuántos…? ¿Más o menos que los rusos?

b) en el que se dice que Hitler no involucró a España en la guerra, porque le habían prometido refugio cuando Alemania fuera derrotada. Yo creo que Hitler no se fiaba en absoluto de Franco desde la conferencia de Hendaya (23/10/1940) y en aquellos momentos no creo que se pensara en la posibilidad de la derrota alemana ni que se hiciera la más mínima alusión a ella. Con la invasión de la URSS el (22/06/1941) y, sobre todo, con la entrada de EE UU en la guerra (8/12/1941), tras el ataque japonés a Pearl Harbor el día anterior, sí que hubo muchos militares alemanes que previeron el negro final que se cernía sobre el régimen nazi y, consiguientemente, sobre Alemania. Otra cosa es que a partir del contraataque de Zhúkov de 7 de enero de 1942 y, sobre todo, desde el enfrentamiento en Stalingrado se desencadenaran las intrigas de Jitomir entre Himmler y Schellenberg y no digamos a partir de febrero de 1943 se pusieran en marcha medidas previsoras de la derrota…

4º.- Sobre el espectacular escondite de Misiones preparado para ocultar a alguien muy importante: Si han aparecido medicamentos tan específicos de Hitler, se puede concluir que fue construido y preparado exclusivamente para él. Pienso que podría ser el proclamado por Doenitz en 1943 como “paraíso terrenal construido por la flota submarina alemana”, que Szabó suponía en “alguna ignota isla, situada lejos del mundo civilizado”. Esa construcción, tan compleja, hecha exclusivamente para esconder una altísima personalidad, solo pudo llevarla a cabo un equipo militar de la Marina o del Ejército en general. No es fácil que esa construcción hubiera sido hecha por un nazi muy rico (o un grupo de ellos) con un equipo de operarios.

5º.- Sobre en línea con el establecimiento del IV Reich. En varias ocasiones se apunta la finalidad de algunas actividades como tendentes a la instauración del IV Reich. Yo creo que hacía ya mucho tiempo que ningún alto dirigente nazi creía en el renacimiento del III Reich, como lo pone de manifiesto el suicidio de los Goebbels y el interés del propio Hitler en conseguir su supervivencia manteniendo a toda costa su ocultación. Otra cosa es que, pasado un tiempo, en selectas reuniones se exaltara actitudes militaristas evocadoras de tiempos pasados que ya no volverían.

En conclusión, deseo que quede claro, pese a estas cinco matizaciones, mi respeto por la brillante contribución de estas seis personas —y todos los colaboradores — que intentan verificar algunas aseveraciones documentales sobre hechos ocurridos setenta años antes, acertando en lo principal, aunque se falle, aun empleando la lógica, en algún aspecto secundario. Hoy se requiere verdadero voluntarismo utópico y un denodado esfuerzo para que cualquier estulticia no valga como si fuera una verdad absoluta por el mero hecho de concordar con la estolidez de la doctrina oficial.

“Persiguiendo a Hitler” capítulos 7 y 8

En el capítulo séptimo (Los amigos de Hitler) se preguntan por qué un búnker en una propiedad, si no tienes algo muy importante que ocultar. Después, ¿dónde iría? Un documento del FBI señalaba un misterioso complejo nazi en lo profundo se la selva de Misiones, visto ya en el cap. 2º. ¿Cómo se lleva a Hitler de Bariloche a Misiones, mil cien kilómetros a través de Argentina? Necesitaría ayuda, dinero, provisiones. Como fugitivo es muy difícil desaparecer por largos períodos. No puedes hacerlo solo, dependía de los nazis locales, gente con poder y dinero. Hacen un análisis de vínculos con un programa especial que estudia las conexiones con Hitler. Entre ellos, están los Einhorn con el hotel Edén que está en la Falda, entre Bariloche y Misiones. Y el equipo va a Córdoba, al hotel Edén. Allí iban las grandes familias de la oligarquía argentina, presidentes y nobles. Allí estuvo, Einstein.

Protegían a la gente usando túneles, pero el especialista no puede decir con certeza dónde hay alguno. Era el hotel más lujoso de Argentina, construido en 1897 y comprado por los Eichhorn en 1912, año del hundimiento del Titanic. Los Eichhorn no vivian en el hotel, sino en una casa no muy lejana. Investiga la bodega, abarrotada de botellas de vino. Y señala que la pared posterior es un muro añadido. Los ladrillos no concuerdan con los demás. Alguien selló la entrada de los túneles. La bodega es un lugar perfecto para ocultar el sistema de túneles. Sería un peligro sin sentido que Hitler estuviera en el hotel Edén, expuesto a otras personas, lo que generaría rumores; pero existen túneles subterráneos que van del hotel a otro lugar. Van con el GPR (Ground Penetrating Radar) o georradar, que indica si hay algo diferente. Hitler no estuvo en el hotel, sino en la casa de los Eichhorn (Ida y Walter), distante 152 metros del hotel.

Entrevistan a Catalina Gamero, anciana y enferma, que llevaba a Hitler el desayuno a la entrada de su habitación. Ella atestigua que estuvo nueve o diez días en la casa de los Eichhorn y después estuvo un par de semanas en el castillo de Fritz Mandl, que era un ‘magnate austríaco de las municiones’, puesto en la lista negra de EE.UU por estar asociados con los intereses económicos del Eje.

Bob cree que Hitler quería ‘restablecerse a sí mismo’ e intentó reconstruir su base política. Citan un documento de 7-11-44, de un espía francés que asistió a una reunión. En el se cita “la industria alemana debe entender que no se puede ganar la guerra y que los industriales alemanes deben prepararse para financiar mediante sus exportaciones al partido nazi que se verá forzado a la clandestinidad. Recibirán planes y dibujos de armas nuevas que no pueden caer en manos del enemigo.

Contactan con Francisco Capdevilla, biógrafo de Fritz Mandl, fabricante de municiones y excavan siguiendo lo detectado por GPR y encuentran evidencias de la construcción de un túnel colapsado entre el hotel y la casa. Concluyen que en el hotel Edén fue donde Hitler comenzó a iniciar el IV Reich. Él habría expuesto sus planes futuros en el hotel Edén y haberse retirado después al complejo selvático de Misiones durante un periodo prolongado. Un documento de 9 de julio de 1947 señala a Casino, un pueblo de Brasil que está a unos 800 kms de Misiones. La fuente es un agente secreto francés quien dice que iba a actuar un ballet en el gran hotel de Casino durante tres noches sucesivas y pudo reconocer a Hitler. ¿Qué pretendía? Un transmisor de tipo militar que le permitía comunicarse con muchos lugares para poder iniciar el IV Reich.

hotel atlantico

El hotel Atlántico de Cassino fue designado con el nombre del enclave geográfico donde se encontraba.

Van a Cassino en Brasil. El hotel más viejo es el Atlántico. Después de la II GM hubo allí muchas familias alemanas que evitaban a los aliados. Tenía un salón de baile. El hotel está lejos de todo. Hay un banco. Allí actuó el ballet durante tres noches sucesivas. En los archivos localizan un periódico que habla del ballet en el hotel el 5 de febrero de 1947, un poema de Pierre Dumont, conocido crítico de baile francés, después de una actuación solo para invitados, (al público solo se abrió el 6 y el 7). Allí, entre personas ricas e importantes, estuvo Hitler.

Ubican a Hitler en Casino, Brasil, con potentes comunicaciones y después en Bogotá, donde habrían quemado el avión, arrojando los restos a un pantano, que exploran intentando localizarlos.

En el capítulo octavo (El plan de Hitler) Bob Baer cree que buscaba la oportunidad de volver. Usan cientos de archivos del FBI para rastrear los movimientos desde el búnker. En el curso de dos años Hitler fue a Argentina y anduvo por Hispanoamérica antes de llegar a un pequeño pueblo de Brasil (Casino). El FBI lo ubica en las proximidades de un aparato de comunicaciones de alto poder y antenas de tipo militar. Buscan el lugar descrito en ese documento. Las casas en ese lugar son contemporáneas. Preguntan a la propietaria, una señora de edad, que dice que el propietario anterior era alemán y nazi. Un tal Sanders, que había instalado una radio, tenía vínculos con la inteligencia nazi y fue detenido por espionaje.

Un documento fechado el 22 de mayo de 1948 ubica a Hitler en Bogotá. Hitler y dos físicos alemanes viajaron en avión con planes secretos para el cohete bomba V-3 y las ojivas nucleares. Siempre en línea con el IV Reich. Después quemaron el avión y los restos fueron sumergidos en un pantano cercano. Buscan el lago o pantano Santa María, cerca de la casa de campo de Alfonso López Fumarejo, que era el presidente de Colombia, donde había un grave problema de transporte y establecieron la SCADTA (Sociedad colombo-alemana de transportes aéreos, de donde nacería Avianca). La dirigía el coronel Herber Boy, alemán y nazi del pueblo de Goebbels. El Presidente de Colombia, unido a los aliados, aprisionaba a los alemanes nazis. No era lógico que aterrizaran allí para meterse en la boca del lobo y una segunda consulta evidencia que el final de la calle 68 había otro pantano llamado La Florida. Les dejan examinar sus aguas durante 12 horas. Encuentran una estructura de aluminio, pero no pueden por la suciedad del agua discernir qué puede ser. Podría estar allí, pero tuvieron que suspender la búsqueda por falta de luz y por agotamiento del horario autorizado.

Desde una perspectiva racional, viéndolo globalmente, no hay prueba de que Hitler muriera en el búnker. Sin duda, hay más pruebas de que Hitler pudo escapar. En Berlín descubrieron un túnel desconocido. Bob Baer cree que podía haber sacado a Hitler y llevarlo a España, donde hay evidencias. Y pudo haber ido en submarino. En Argentina hay varias pruebas. No es cierto que muriera en el búnker como afirman los historiadores. Nunca hay que dejar de buscar la verdad. La historia no es tan firme [‘dogmática’ quedaría mejor], como la hemos recibido. Nunca hay que aceptar como hechos las meras apariencias.

En un próximo capítulo, mucho más breve, analizaré algunos puntos de desacuerdo sobre este magnífico documental de History Channel.

Hasta pronto.

“Persiguiendo a Hitler, capítulos 5 y 6

En el Capítulo 5 se analizan las ‘rutas de ratas‘. Tienen un informe de la embajada de EE.UU. en el que se dice que partieron hacia Argentina desde Vigo nazis disfrazados de sacerdotes. Se centran en el gran monasterio de Samos, a unos 200 Kms de Vigo. Antiguo, grande, apartado con 200 iglesias dependientes, es decir, con 200 refugios potenciales. En 1945 vinieron al monasterio muchos militares alemanes que vestían como monjes. Es la ‘ruta de las ratas’, camino de Vigo. Un obrero de la construcción que en 1945 trabajó allí a los 18 años, vio a Hitler en mayo. No hay documentación, ya que hubo un incendio en 1950. Había túneles secretos. Exploran un túnel como de 91 metros, pero se topan con el muro. Examinan un edificio que fue centro de retención llevado por la guardia civil. Celdas cementadas con huellas de un túnel, posiblemente utilizados para escoltar alemanes dentro y fuera del monasterio.

Localizan en Venezuela al testigo que vio a Hitler y lo entrevistan por Skay. En el año 1945 estaba construyendo compartimentos secretos dentro del monasterio para nazis, entre ellos Hitler, que no tenía bigote. Lo vio en mayo. Iba a trabajar a otro pueblo cuando el avión con cinco alemanes aterrizó en un campo de patatas. Todos convinieron en que uno de ellos era Hitler. El pueblo se llamaba Córneas, perteneciente al ayuntamiento de Baleira, provincia de Lugo, a unos 50 kms de Samos.

Aparece otro anciano que presenció el aterrizaje de un avión con cuatro o cinco militares. Sitúan sobre el mapa el punto de aterrizaje y van allí. Localizan el edificio en ruinas con una antena de radio que operaba con aviones alemanes en 1945. Mediante una avanzada herramienta de sondeo determinan la posibilidad de aterrizajes en ese terreno con sus desniveles. Visitan la base de una de las tres antenas de 120 metros, construidas en 1940 por Telefunken para búsqueda radio-direccional. Esas antenas, que derribó un huracán, permitían encontrar puntos de navegación con rangos de miles de kilómetros, permitiendo que el avión triangulara su posición al estilo de un moderno GPS. Por tanto, Hitler pudo haberse movido a través de España.

A Bob Baer le preocupa la distancia de 10.782 kms que tendrían que hacer en U-Boat de Vigo a Argentina, porque quienes hacían esos viajes, enfermaban. Sabemos por el primer documento del FBI que Hitler llegó enfermo de úlceras y asma. Eran espacios muy reducidos para 15 días de inmersión, aunque pudieran parar varios días en Canarias, un alto a los 1.600 kms. ¿Pudo usar Hitler ese punto de parada en su viaje? Allí eran reparados los U-Boats, los abastecían de alimentos, armas y torpedos, que tenían almacenados en la isla. A un km del mar tenían siete mil metros cuadrados de túneles dotados de ventilación natural y mecánica y allí disponían de cuatro máquinas ‘enigma’ para comunicarse en clave.

Villa Winter en Gran Canaria: lugar de descanso antes de proseguir viaje en submarino e Inalco y el lago Nahuel Huapi a la llegada.

En el capítulo sexto (La guarida de Hitler) se vuelve a insistir sobre lo dicho en el anterior. El complejo canario está dotado con una puerta de acceso de acero de 20 cms de grosor. Las instalaciones se construyeron oficialmente con dinero español, pero las dotación de infraestructuras para tener y cargar torpedos solo podía servir a los submarinos nazis, ya que España no tenía ningún submarino. Era, pues, una base alemana. Hay un documento de la OSS sobre ‘alemanes molestos’, entre ellos de Gustav Winter, ingeniero alemán que en 1930 construyó en las islas Canarias una villa, en la que con Franco se militarizaron algunas zonas. Es una base satélite nazi, donde Hitler se pudo recuperar. La villa estaba rodeada de dieciocho hectáreas de ‘tierras nazis’. Visitan el edificio. La parte baja estuvo habilitada para vivir por lo menos diez personas: dormitorios y una enfermería, un refugio muy seguro, para recuperar personas exhaustas o con necesidad de ayuda médica. Un lugar especial para sacar de Alemania altos oficiales nazis y ponerlos a salvo. Hitler se habría podido recuperar allí el tiempo que hubiera sido necesario.

Hitler desembarcó en un U-Boat en San Antonio Oeste. ¿Dónde fue después? El documento del FBI dice que después “hubo un viaje tierra adentro”, hacia el pie de las montañas del sur de los Andes y, tal vez, allí se ocultaron. Otro documento dice que Hitler vive en una inmensa propiedad de la Patagonia, que sitúan en Bariloche. La colonia alemana era el lugar donde Hitler podía sentirse cómodo y protegido.

Investigan en Bariloche, en la frontera entre Argentina y Chile, una fortaleza para nazis fugitivos, para ocultar y proteger oficiales de las SS. Allí, a 644 kms de San Antonio Oeste, llegaron cientos de nazis al concluir la II GM. La estación de tren está en las afueras de la ciudad, funcionaba desde 1934, y tenía zonas privadas, por ejemplo para Lahusen, el del imperio de la lana en Argentina, propietarios de Inalco. Siempre hubo rumores de que Hitler se refugió en esa remota mansión, a kilómetros de la civilización. Solo habría sido asequible por el lago, mientras 180 hectáreas de bosque la rodean por tres de sus lados, por la otra estaba protegida por las aguas del lago Nahuel Huapi. No hay camino de ningún tipo que lleve a ella. La rodea un secreto total. Esa podría ser “la inmensa propiedad alemana donde los archivos desclasificados ubican a Hitler meses después de que se le creyera muerto”. Y planifican cuidadosamente la exploración. Se ve una torre de vigilancia sin actividad alguna. Todo está cerrado, como si no viviera nadie en esa casa gigantesca con tres chimeneas, dos puertas y diecisiete ventanas. Construir eso costó una fortuna. Tiene una rampa de acceso de hidroaviones. Toman muchas fotos, pero observan la presencia de alguien y se retiran.

En los planos parece que hubiera una casa por la parte trasera. Fotografían con un dron dotado con una cámara de alta resolución y no ven ninguna casa por la parte trasera, pero sí ven un conducto de aire que podría conducir a un destruido búnker subterráneo.

El hotel Edén y la casa de los Eichhorn (unidos por un túnel), donde parece que se hospedó Hitler

“Persiguiendo a Hitler”, capítulos 3 y 4

El capítulo tercero, que trata sobre la fuga, alterna Berlín con Argentina, propone varias cuestiones precisas:

1ª.- ¿Cómo salió de Alemania con el ejército Rojo rodeando Berlín? Se plantea la salida en avión. Introducen los parámetros en la base de datos NIAD.

2ª.- Se parte de una frase del teniente Friedrich Olmes para afirmar que estaba convencido de que algún día se iría en avión y con él estaría Hitler (y Himmler). Sascha Keil completa: “planearon escapar dos años antes”.

3ª.- Hitler el día de su cumpleaños accedió a ir al sur.

4ª.- El almirante Puttkamer dice que el 21 salieron desde Tempelhof entre ocho y diez aviones, el primero de ellos fue cargado con los artículos personales de Hitler. Tempelhof no fue tomado hasta el 28 de abril. Sascha asegura que Hitler podía llegar desde el búnker por un túnel subterráneo. ¿Pudo Hitler escapar de un Berlín controlado por los soviéticos?

5ª.- ¿Cómo pudo entrar en Argentina? Cita el primero de los folios desclasificados que comienza diciendo que “seis oficiales argentinos ayudaron a ocultar a Hitler al llegar en un submarino que arribó por la Península Valdés.” El 5 de mayo de 1945 se rinden todos los U-Boots, excepto 46 que continuaron operando. Dos llegaron a Argentina tres meses después. Los U-Boots pueden hacer 14.000 kms bajo el agua. Hitler pudo llegar en uno de ellos. En la Península Valdés localizan el faro. ¿Pudo un submarino llegar allí y que Hitler se ocultara? Prácticamente imposible y analizan, mediante un programa informático, un software especial del ejército, las conexiones, destacando la compañía alemana Lahusen, “importante líder nazi en el sur de Argentina”. Se centran en San Antonio Oeste.

6ª.- Establecen que Hitler pudo ir desde el búnker al aeropuerto de Tempelhof. Los 145 kms de túneles permanecieron intactos. Entre el subterráneo y la entrada del aeropuerto había 274 metros. Sascha Keill expone el rumor de que había una conexión entre el aeropuerto y la línea U-6.

7ª.- Investigan sobre Lahusen, quien controlaba un banco, que realmente era el Banco de la Nación. Aportaba dinero y seguridad. Se informa de avistamiento de submarinos. Contactan con un buzo, Toni Bruchado, conocedor de la actividad alemana en esa área. Gerrard Williams ha visto los archivos navales sobre submarinos que se entregaron en Argentina. De los 46 submarinos que no se rindieron tras la orden de Doenitz, hubo algunos que se rindieron en Argentina. ¿Por qué no lo hicieron en España o Portugal, cerca de casa? ¿Llevaron a Hitler, sano y salvo, donde tenía seguidores? En Mendoza se vio a un submarino emergiendo y sumergiéndose.

8ª.- El aeropuerto de Tempelhof estuvo abierto hasta el día 28. Tenía seis pisos de túneles, búnkeres y pasajes subterráneos. Descubren un pasadizo bloqueado, que pudo haber sido un túnel hasta el mismo aeropuerto.

9ª.- Toni Bruchado confirma que en San Antonio Oeste hubo U-boots, que transportaron a esa zona gente importante. La Sra. Paisani desde la cocina vio en Caleta de los Loros la silueta de un submarino que hundieron después. En 1997 hubo una operación de búsqueda en la que participó Bruchado, pero nunca se culminó la búsqueda por el tiempo. Bruchado cree que en uno de esos submarinos llegó Hitler. Y lo recibieron como si fuera un rey. Estudian el terreno con un dron y ve un ‘agujero negro’.

Existía un túnel hasta el mismo aeropuerto. La OSS (después CIA) seguía el rastro del dinero de Hitler. En 1944 la ‘CIA’ lanzó el plan “refugio seguro”, para seguir el rastro de bienes y dinero nazi. En 2009 esos informes se hicieron públicos. En el programa destacan dos puntos especiales: Vigo y Suiza.

El capítulo cuarto (El Túnel) aborda distintas cuestiones.

1.- Creen que Hitler pudo haber llegado por túneles a Tempelhof, incluso para los últimos 46 metros, ya que con un georradar localizan un muro hueco, que se prolongaba hasta el aeropuerto.

2.- En Caleta de los Loros comprueban que la señora Paisani pudo ver desde la cocina el submarino, cuyos restos hundidos tratan de encontrar. Contactan con Joe Hoyt, un especialista en hallar U-Boat hundidos.

3.- En Berlín hacen cábalas con la posibilidad de haber salido en un Cóndor, ya que, además del suyo, allí guardaban veinte de esos aviones con un rango de vuelo de 3200 kms. Tratan de localizar a Hitler en España, según dice un documento del FBI. En un documento de la OSS (después CIA) se dice que Hitler no involucró a España en la guerra, porque le habían prometido refugio cuando Alemania fuera derrotada. Piensan que Hitler podía acudir a Franco, ya que, si este no hubiera contado con la ayuda de Hitler, habría perdido la guerra. Tenía, pues, una deuda de gratitud.

4.- Localizan el pazo de Meirás. Los dejan entrar, pero al verlos con tantas cámaras, los expulsan

5.- En Caleta de los Loros, el equipo de Joe Hoyt, arqueólogo marino, opera con un magnetómetro, imán muy sensible ante los rastros metálicos y un sonar lateral que usa acústica para crear imágenes con precisión milimétrica del fondo marino. Exploración estéril, tras una señal, que escanean en 3d. Los resultados se ven en el cap 5º.

6.- En Galicia, exploran el cementerio viejo de la Coruña. Tras unos muros de unos treinta años encuentran una inscripción en alemán que dice: “Aquí yacen soldados alemanes” y hay una esvástica, lo que quiere decir que, aunque España fuera neutral, hubo una fuerte presencia nazi. La OSS (después CIA), que desde 1944 seguía el dinero y oro nazi que iba a distintas partes del mundo con el proyecto secreto ‘Refugio Seguro’, en cuya base de datos aparece muy destacada España y, todavía más, Galicia. El tungsteno motiva en Vigo una inversión de 22,7 millones de dólares en 1945, equivalentes a 300 millones actuales, lo que quiere decir que pudo ser una ruta para Hitler. Hubo allí fuerte presencia nazi y durante y después de la II GM hubo una actividad enorme de los U-boat. Allí se se reabastecen y Hitler pudo haber subido a alguno.

Dos puntos neurálgicos en la ruta: el monasterio de Samos (Lugo) y 7.000 m² de úneles en Las Palmas de Gran Canaria

“Persiguiendo a Hitler”, los dos primeros capítulos

El capítulo primero de la serie se abre con la noticia dada por radio de la muerte de Hitler y la referencia al documento de Hoover, director del FBI, de 8 de mayo de 1947 en el que se constata que “Los oficiales del ejército norteamericano en Alemania no han localizado el cuerpo de Hitler ni existe una fuente fiable que establezca de manera definitiva que Hitler está muerto”. Se recuerdan los puntos generales de la doctrina oficial sobre el final de Hitler y se nos dice que no hay testigos de primera mano ni pruebas forenses y que en esos documentos hay miles de fuentes que permiten buscar la verdad histórica, fuere la que fuere.

Bob utiliza una poderosa herramienta informática que clasifica los documentos por su ubicación y traza patrones de movimientos durante los primeros 100 días, que son los más importantes en cualquier fuga. El programa le señala Argentina con dos documentos que lo sitúan allí, en Florianópolis, a 720 kms al noroeste de Buenos Aires y más en concreto en Charata, donde fue visto Hitler a mediados de agosto de 1945. Visitan la escuela alemana y el sótano existente en una granja a 10 kms, que pudiera ser parte de un red de búnqueres. Escanean con un georradar hasta 10 metros de profundidad un terreno de Carlos Buck que había sido el nazi más importantes de Charata. Bajo una zona con toneladas de bloques de cemento sobre palets, descubren señales de un terreno alterado, pero que no pueden excavar por ser propiedad privada. Concluyen que es posible que Hitler hubiera estado escondido en Charata y que lo hubieran llevado a otro sitio unos meses después, porque es conveniente ir cambiando de lugar. Como en los documentos se habla de Misiones, a 900 kms al norte de Buenos Aires, se dirigen a la excavación arqueológica de un refugio nazi en Misiones.

En el segundo capítulo un documento sitúa en la selva de Misiones un sistema de carreteras que solo los nazis controlan y que ocultan el escondite o guarida secreta ideal para un nazi fugitivo muy importante (Edificio 1). Se entrevistan con el director de la excavación de esos restos de los años 40 que se encuentran a 966 kms de Buenos Aires, donde han aparecido latas de alimentos, monedas nazis, algunas fotos y medicaciones para el estómago. Hay tres edificios en plena jungla de Misiones. En 1940 los nazis podían vivir libremente en Argentina, pero el edificio nº 1 se preparó para alguien, cuyo asilo político podía resultar incómodo ante los Aliados. Alguien especial, que era mejor que estuviera escondido, pero ¿quién era?

Paralelamente, en Berlín, Lenny DePaul cruza con Sacha notas en la base de datos NIAD (Nazi Interrogation Archiv Datebank) sobre Linge, Jackubeck, Erich Mansfeld. Nadie identificó ni a Hitler ni a Eva, porque no los vieron. ¿Pudieron ser unos dobles?

Recuerdan que el 20 de abril Hitler acepta ir al sur y, de hecho, sus pertenencias fueron sacadas de Berlín en avión. ¿Por qué? ¿Iba a huir? En caso de escapar ¿había túneles, para llegar al aeropuerto bajo tierra, sin ser vistos?

Nos presentan el Edificio 2 en Parque Teyu Cuaré de Misiones. ¿Para qué servía? Analizan la construcción. En lo que parecía un taller descubren un túnel por donde iría agua que traían del edificio nº 3, cercano a la cima de la montaña.

Edificios nº 1 nº 2 nº 3

Del edificio nº 3 había sido extraída la piedra. Este edificio era un colector de agua que se enviaba al nº 2, donde se producía la electricidad para que el edificio 1 fuera autosuficiente.

Los medicamentos encontrados eran para tratar problemas estomacales como los que Hitler sufría. Estaban, pues, preparados para ofrecer seguridad y atender la enfermedad de Hitler, porque allí estuvo Hitler.

Entrevistan a Nick Bellantoni con motivo del ADN de los huesos craneales encontrados en 1946, que eran de mujer. Aunque Eva no sufrió ningún disparo, tratan de conseguir ADN de parientes de Eva, que se negaron a facilitarlo.

Piensan que Hitler tuvo que escapar por los túneles. Sacha les muestra los túneles existentes en Berlín que no se enseñan a nadie. En la época nazi se construyeron 150 kms de túneles subterráneos en varios niveles y tenían electricidad, calefacción y ventilación independiente. Creen que Hitler pudo utilizarlos esos túneles para escapar. Sacha dice que los rusos conocían su existencia, pero no su ubicación ni su planificación.

Planos de los túneles subterráneos de Berlín

“Persiguiendo a Hitler”, una seria digna de tenerse en cuenta

A comienzos de 2014, el Gobierno de EE.UU. desclasificó de los archivos federales 744 folios del FBI relativos a Hitler (aunque parece que alguno había sido subido a internet el 6 de enero de 2013 -en concreto el doc. de 21 de septiembre de 1945- e, incluso, parece que alguno había sido desclasificado antes de concluir el siglo XX).

Folios primero y último de los documentos desclasificados.

A finales de 2015, History Channel concluye Persiguiendo a Hitler, serie de ocho capítulos en los que se desarrollan los principales argumentos recogidos en esos folios. History Channel los emitió a principios de 2016 y Mega los ha transmitido por parejas los martes entre el 10 de mayo y el 7 de junio.

La serie fue dirigida colegiadamente por el equipo investigador de Bob Baer, agente de la CIA durante 21 años, y John Cencich, investigador de crímenes de guerra. Componen el equipo Tim Kennedy, Steven Rambam, Gerard Williams y Lenny Depaul y, luego, cuentan con otros colaboradores, especializados en los temas concretos de cada capítulo. Se basan, pues, en esos documentos del FBI (y alguna otra fuente similar), y utilizan bases informáticas de datos e instrumentos de tecnología muy avanzada para verificar setenta años después las pistas citadas en ellos lo que les lleva a un trepidante periplo por Argentina, Colombia, Brasil y España.

Bob Baer, conocido por la persecución a Sadam Husein, cree que no hay nada que confirme la historia de Hitler en el búnker. Considera a Stalin, “hombre muy serio y cuidadoso con lo que decía” y recuerda que el 17 de julio de 1945 en la conferencia de Potsdam dijo que Hitler estaba vivo. Sostiene que las pruebas forenses permiten concluir que Hitler escapó y ahora estos documentos comienzan a desvelar el mayor encubrimiento de la historia.

El primer documento que cita es el 726 y está fechado el 8 de mayo de 1947. En él se dice que: “según Edgar Hoover, director del FBI, los oficiales del Ejército americano destinados en Alemania no han localizado el cadáver de Hitler ni hay fuente fidedigna que confirme su muerte”. Dos años después de acabar la guerra, el FBI tenía abierta una investigación justificada para encontrarlo.

A lo largo de las cuatro siguiente entradas voy a intentar hacer un resumen del contenido de esta magnífica serie. Mi intención postrera es analizarlo a la luz de mi verdad subjetiva reflejada en la obra ¿Dónde está el cadáver de Hitler?

La sexta foto

Fue después de identificar la fotografía que el Periodista Digital publicó el 6/04/2015 en la que aparecía un Hitler de unos 70 años, cuando decidí estudiar las seis fotografías en que aparecía Hitler con más de 56 años y, por tanto, como superviviente a la conclusión de la II Guerra Mundial.

Descubierta la superchería de la manipulación de esa primera fotografía, las otras cuatro no ofrecieron dificultad alguna, pero esta ‘sexta’… fue la que atrajo poderosamente mi atención: un Hitler de 80-82 años, un tanto aletargado, tomando plácidamente el sol sobre lo que se intuye como una tumbona, cubierta la cabeza con un paño en un país que se supone es Argentina. Durante horas traté de estudiar los rasgos fisonómicos del personaje completamente desdentado que aparecía en ella, adivinando su mirada: el ojo derecho semioculto bajo ese paño y el izquierdo totalmente opacado y apenas conjeturable en la densa umbría bajo la misma tela. Pude apreciar la coincidencia de los rasgos fisonómicos de otras imágenes con los que aparecían en esta y llegué a la convicción de que podía ser una imagen no adulterada del dictador alemán muy posterior a 1945.

Con todo, consideré la posibilidad de que estuviera hecha con afán de engañar, digamos que con la misma intención con la que habían hecho la primera que había logrado embaucar a algunos periodistas, tal como había demostrado en mi blog el 8 de mayo de 2015. Y decidí pintarla al óleo durante el verano, mientras profundizaba en ella. Empleé varias horas durante unos cuantos días en pintar el ‘Hitler de esa foto’ tratando de verificar todos sus rasgos fisonómicos, avejentados por el paso de tres décadas… y me siguió pareciendo auténtica, aunque no me atreviera a poner la mano en el fuego, ya que no poseo conocimientos especiales ni de informática ni sobre la posible evolución de los rasgos fisonómicos con el paso de los años.

Si el Misionero me había dicho que él tenía algunas fotografías de Hitler hechas después del 30 de abril de 1945 y que las estaba destruyendo o enterrando, sin enseñármelas, por supuesto, ¿por qué no podía aparecer alguna de esa larga época cuando y donde menos se pudiera esperar…?

Había entrado muchas veces en Internet, buscando en vano algún dato de esa imagen y durante este verano entré muchas más. La entrada más antigua que yo había encontrado en Google fue el resumen que Santiago Romero ofreció el 5/10/2008 de una entrevista con Abel Basti en La Opinión de La Coruña. Un largo artículo en el que, entre multitud de pequeñas cosas presentadas como si fueran trascendentes, se nos decía que “Hitler murió en los años 60 en Argentina” ―no es fácil saber con exactitud cuándo cree Basti que murió Hitler. Sostuvo que Hitler había muerto en Argentina a los 66 años, es decir, en 1955; pero en Tras los pasos de Hitler, Planeta, Buenos Aires, 2014 (p. 373-74), parece atenerse al testimonio de un exmilitar brasileño hijo de un jerarca nazi, quien asegura que Hitler falleció el 5 de febrero de 1971, siendo sepultado en una cripta en un antiguo búnker subterráneo nazi en Paraguay―; al final de este artículo aparece por primera vez esta foto. Solo la acompaña el siguiente pié, que se repetirá miméticamente después en otros muchos lugares de internet: “La fotografía, enviada anónimamente al investigador Abel Basti y sometida a varios análisis de técnicas faciales, muestra supuestamente a un Adolf Hitler anciano en Argentina.” En El Exilio de Hitler (2010) no apareció esta fotografía, que sí había sido reproducida en la 3ª ed. de Hitler en Argentina, de 2009 (p. 400). La reproducción parece ser copia del original que recibió. El capítulo se cierra diciendo: “Un día recibí la fotografía que se publica en esta página, con un mensaje anónimo, asegurando que se trata de la imagen de Hitler, muy viejo, una de las últimas fotos que se le sacó antes de fallecer. El texto aclaraba que el anciano tiene cubierta parte de su cabeza con un pañuelo para protegerlo del sol y que el sitio donde estaba en ese momento era Argentina”.

Fue el 02/11/2015 cuando encontré en el ‘Foro 1 y 2 GM: La Primera y Segunda Guerra Mundial’, una explicación más amplia dada por Abel Basti a ‘yp94ch’ y ‘simon_dice’ el 29 de abril de 2010 (http://1y2gm.foroactivo.com/t2846p10-conversaciones-con-abel-basti).

En esas explicaciones Abel Basti nos dice que había declarado a una revista que no quería precisar más datos de cómo había obtenido esta foto, ya que “SUGERÍA QUE ERA UNA FOTO HECHA POR COMPUTADORA“. Sus interlocutores le piden que aclare lo de esa fotografía y dice que la recibió “en forma anónima”, sin ofrecer fecha alguna de recepción, pero descubrió que había sido publicada por un diario norteamericano en la década de 1950; que había buscado el original en los archivos fotográficos de ese diario, pero que no se encontraba allí; que la había sometido a peritación y que “los puntos fijos de la cara coinciden con los de Hitler“; que “las orejas son más grandes, pero esto es algo común a los viejos…” Y añade que “NO HE PRESENTADO ESA FOTO EN MIS LIBROS COMO UNA PRUEBA SEGURA DE LA PRESENCIA DE Hitler en Argentina, pero no puedo dejar de contar esta historia, y mostrar esta foto. La exhibición de los elementos con que cuento, genera comentarios y a veces surgen pistas nuevas dadas por los mismos lectores. Sé que existen fotos de Hitler en Argentina, cuento con dos testigos ―que me merecen confianza― que las han visto, pero la persona que las tiene no ha accedido ―al menos hasta ahora― a hacerlas públicas. Sin embargo yo soy optimista en ese sentido y creo que, en un futuro, aparecerán esas imágenes resguardadas en una caja fuerte”.

Los interlocutores preguntan a Basti por esos ‘puntos fijos’ pero no amplía nada. Les invita a hacer preguntas para “terminar de analizar lo relacionado a la foto de un supuesto Hitler anciano”, pero no le hacen más consultas sobre ese asunto, que Basti va cerrando: “Bueno si bien al no poder contarse con el original y existiendo la tecnología de hoy en día es MUY DIFÍCIL ESTABLECER SI LA MISMA ES VERÍDICA O APÓCRIFA... no obstante ello en beneficio de la duda se lo concedo ya que no es la primera vez que observo algo al respecto y con relación a fotos “comprometedoras”. Uno de sus interlocutores añade: “Gracias. Abel, por lo que infiero, la foto no sirve de documento, aunque no entienda sobre el tema que explicas sobre los puntos, no nos olvidemos que parte importante del rostro queda oculta por un pañuelo o trapo, con lo cual las coincidencias que pudiera haber, son solo probabilidad. Amén de eso, si se argumenta que Hitler tenía dobles, y que fue un doble suyo lo que se encontró en las cercanías del bunker, entonces, también podríamos argumentar, a falta de datos que pongan a la foto en un marco histórico aceptable, que esa foto bien puede ser de alguien muy parecido a Hitler en cuanto al rostro.” Y agrega: “Por ahora dejemos la foto, que como documentación, vos mismo aclaras que no le podés dar una utilidad ya que NO CONTÁS CON UNA PRUEBA QUE CONTRASTE SU AUTENTICIDAD. Bien ahí”. Y completa: “Ahora que lo pienso estimado Basti, usted hace mención a la “diferencia” en las orejas, pero también en su último libro hace mención que el supuesto doble de Hitler, según recuerdo cito, ocupó el lugar de Hitler en el bunker también presentaba una diferencia en el tamaño de las orejas… Es decir, es muy probable como menciona el amigo Simon que la foto sea verdadera pero que en realidad corresponda a un doble. Saludos.”

Como han pasado casi seis años, supongo que sus interlocutores del foro ahora ya tendrán idea del funcionamiento de los programas de reconocimiento facial. Pero, por si acaso, me limito a indicar que en internet se encuentran varios ‘Proyectos de Fin de Carrera’ de departamentos de Ingeniería Informática de distintas universidades, que estudian el reconocimiento facial mediante los datos biométricos de sus rasgos físicos e indican los campos donde se utiliza.

Hay varias expresiones de duda respecto de la autenticidad de la foto, además de aquella en que Basti nos dice que esa fotografía no se puede presentar “como prueba segura de la presencia de Hitler en Argentina“, cosa indudable, porque, por sí misma, para lo que sirve, si es auténtica, es para probar que Hitler seguía vivo, siendo ya muy anciano. Fue en el texto adjunto donde se aclaraba que “el sitio donde estaba en ese momento era Argentina”, pero podría haber sido tomada en cualquier punto donde él hubiera podido estar en la fecha de su obtención.

Respecto de que “SUGERÍA QUE ERA UNA FOTO HECHA POR COMPUTADORA“, hay que descartarlo ante la afirmación de que en la “década del 50” había sido publicada por un periódico norteamericano. En 1959, último año de la década quincuagésima, Hitler tenía 70 años y en esa fotografía Hitler representa más. Yo creo que tendría 80-82 años (yo sé que murió cumplidos, o muy a punto de cumplir, los 83). Aunque hay alguna obra muy anterior en que se tratan conceptos parecidos, se suele convenir que la primera que se publicó sobre reconocimiento facial fue la que Woodrow Wilson Bledsoe (trabajó en equipo con Chan y Bisson, entre otros) editó en 1966. Entonces se requería la intervención humana para capturar los rasgos faciales. Son ellos quienes desarrollaron los primeros sistemas semiautomáticos, marcando puntos característicos. Que conste que a mi teoría le conviene más la fecha que pone Basti, porque si esa fotografía fue publicada por el diario norteamricano antes de 1959, en ese momento era absolutamente imposible que hubiera podido ser hecha o manipulada mediante computadora, porque baste decir que la primera cámara digital que se fabricó fue la de Kodak en diciembre 1975, lo que quiere decir que no se comercializó hasta 1976 y era muy rudimentaria en comparación con las que han aparecido después. Y lo mismo respecto a los programas de retoque fotográfico. El Photoshop de Adobe apareció en febrero de 1990 (y el Gimp es de 1996) y en sus primeras versiones solo se podía hacer una edición muy básica. Por otra parte, el nacimiento oficial de Internet es de 1 de enero de 1983 y el público no accedió a ella hasta octubre de 1988 y de forma masiva no se usó hasta el año 2000. Estos datos son fácilmente verificables y, si no he errado yo, hay que concluir que es imposible que haya podido darse una manipulación informática de esa fotografía, para, habiendo sido tomada antes de 1959 y siendo falsa, poder hacerla pasar por verdadera.

Por consiguiente, no pudo haber sido digitalizada ni entonces había algoritmos fiables de reconocimiento facial. Fue a mediados del 2005, después de la Conferencia de la IEEE (The Institute of Electrical and Electronics Engineers, fundada en 1884 por Thomas Alva Edison, Alexander Graham Bell, etc.) sobre Visión por Computador y Reconocimiento de Patrones, cuando la FRGC (Face Recognition Grand Challenge) evaluó los últimos algoritmos de reconocimiento facial, utilizando escáneres faciales en 3D, imágenes de rostros de alta definición y del iris. Los entonces nuevos algoritmos tenían 10 veces más exactitud que los algoritmos con fecha anterior a 2002, y 100 veces más que los anteriores a 1995. Se dice que los algoritmos posteriores a 2005 eran capaces de diferenciar y reconocer a dos gemelos idénticos.

Abel Basti en varias ocasiones manifiesta desconfianza respecto de esa foto que él mismo mandó peritar, obteniendo un resultado positivo, ya que nos dice que “los puntos fijos de la cara coinciden con los de Hitler”. Indudablemente, el estudioso argentino debería haber ofrecido todos los datos de esa prueba, comenzando por la fecha, la autoría de la identificación y, al menos, un resumen del dictamen. También debería haber ofrecido fechas lo más exactas que pudiera sobre la llegada a su poder de esa fotografía, la descripción objetiva del ejemplar que le enviaron: si, como parece, era una copia hecha a partir del negativo del que se podía sacar cuantas copias se quisiera, o si ya le llegó digitalizada. Lo cierto es que Abel Basti considera que “hoy en día es MUY DIFÍCIL ESTABLECER SI LA MISMA [esa fotografía] ES VERÍDICA O APÓCRIFA”, ya que “NO CONTÁS CON UNA PRUEBA QUE CONTRASTE SU AUTENTICIDAD”.

Sabemos que con el sistema tradicional se hicieron retoques ‘manuales’ en algunas fotografías como en la de Franco entrevistándose con Hitler en Hendaya en que Franco apareció con los ojos cerrados y la cambiaron, recortando la cabeza de otra fotografía, o como aquellas de la URSS en las que se hizo desaparecer a algunos personajes, que, apareciendo en compañía de Stalin, habían sido purgados o, simplemente, se sabía que su presencia no era del agrado del dictador soviético. La informática ha potenciado las posibilidades de falsificación de cualquier fotografía. Frecuentes “retoques” de algún michelín con photoshop o montajes ingenuos, como el de la postal navideña de 2005 enviada por la Casa Real española. Otros pueden tener pujos artísticos. M. José Díaz de Tuesta recoge en El País de 13/01/2012 unos cuantos ejemplos que nos recuerdan algunas obras de Dalí y del surrealismo. Las posibilidades son inmensas para salvaguardar la documentación, para operaciones económicas, para la seguridad aérea, para identificaciones forenses en accidentes aéreos, etc.; pero lo que ya no tengo tan claro es el fundamento que pueda tener el envejecimiento de cualquier personaje, transformando su anatomía, echándole encima de una tacada 30 años hasta el punto de que el resultado pueda engañar, sin que se pueda descubrir la patraña. En fin, no niego que en aquel entonces se pudiera adivinar alguna posibilidad de evolución fisonómica… pero concretar gráficamente una metamorfosis tan ajustada, producida tras 27 años de evolución del personaje, atribuyéndolo, sin más, a la utilización de algún doble, no deja de ser otra cosa más que solucionar el problema mediante la intervención del ‘deus ex machina’ de los romanos. Es que la única matización señalada por Basti es el tamaño de las orejas y es que, además de que Hitler era muy orejudo, ¡se conoce con exactitud cuánto suelen crecer esos órganos anualmente, cuando los demás merman y decrecen…!

El 17/01/2016, La Razón nos ofreció las imágenes de una madre y de su hijo, tomadas por Alberto R. Roldán, con un lapso de tiempo de 27 años, un período parecido al que pudo haber entre la fotografía del presunto Hitler viejo y las últimas que le tomaron antes de 1945. Como podemos ver, la madre tiene una posición muy parecida en ambas imágenes y sus rasgos fisonómicos son reconocibles sin lugar a dudas. Digamos, sin más discusiones, que a su hijo se le puede encontrar ‘cierto aire’. La pregunta es: ¿la imagen obtenida en 2016 hubiera sido posible fabricarla informáticamente en 1989, a partir de la instantánea obtenida entonces? Pues la fotografía de ese viejo fue tomada unos 20 años antes.

portada la razon 17-01-2016

Desde el punto de vista informático, D. Jesús Gómez Rodes, Ingeniero Informático Superior, me dijo que “esa imagen no parece proceder de ningún tratamiento digital de una fotografía. De todas las imágenes ―[el estudio constaba de seis imágenes y esta era la última]― esta me transmite el mayor índice de veracidad de la procedencia de una persona retratada, sin tratamiento digital posterior”. Él piensa que pudo ser un retrato-fotografía que ha sido escaneada y digitalizada en escala de grises, pero no parece que la información se haya procesado con el fin de engañar.

Mi convicción de su autenticidad se ha fundamentado sobre los cinco puntos siguientes:

1º.- Un estudio y observación de muchas horas;

2º.- La convicción de no fácil manipulación informática, dada la fecha en que, como muy tarde, se pudo tomar esa foto: entre 1970 y 1972;

3º.- Para poder manipularla, el manipulador (o manipuladores) debía tener:

A) un gran dominio de la informática, que, entonces, no debía estar al alcance de cualquiera;

B) un gran conocimiento:

a) de dibujo y pintura;

b) de anatomía general y de la particular de Hitler;

c) de la evolución anatómica a lo largo de 30 años de envejecimiento individual.

4º.- El hecho de que Abel Basti la hubiera sometido a verificación con resultado positivo.

5º.- Lo relatado en el primer documento desclasificado por el FBI, fechado el 21 de septiembre de 1945, según el cual un miembro del Gobierno argentino decía que él y otros tres, se había encontrado con Hitler, acompañado de otros 50 nazis, en una playa argentina a mediados de mayo de 1945. Se habían alojado en distintas casas de alemanes y Hitler habría ido cerca de Resistencia, pero lo más interesante en relación con esta fotografía es que el personaje argentino que lo había visto, se percató no solo de que Hitler se había afeitado el bigote, sino de que mostraba una cicatriz en su labio superior, que es identificable en la imagen. ¿Desde cuándo tenía Hitler esa botana? ¿Se sirvió del bigote para encubrir el costurón?

He intentado que el estudio lo hiciera algún experto. La Guardia Civil, que, según parece, tiene gente preparada y programas informáticos para hacer un estudio en condiciones, no lo puede realizar sin orden judicial y solo lo hacen para esclarecimiento de crímenes o delitos muy graves. Me imagino que otro tanto ocurrirá con la Policía. He mantenido contactos con la facultad correspondiente de la universidad de Granada y no parece que haya suscitado la curiosidad de nadie con preparación para hacer el estudio.

Si alguien, que tenga capacitación, medios y ganas de comprobar personalmente la autenticidad de esa fotografía, desea intentarlo por sí mismo con seriedad, ¡adelante! y, si desea hacer públicos los resultados debidamente documentados, mi blog está a su disposición.

Tenemos una fotografía que, si se demuestra su autenticidad, probaría sin lugar a dudas la supervivencia de Hitler. Hay imágenes de Hitler muy aceptables para tomar parámetros seguros. Hay programas de tratamiento de imágenes de una gran potencia y fiabilidad. Hay personas que saben manejar esos programas, pero yo no sé hacerlo. ¿Tengo que buscar algún centro americano que lo haga?

Si hay alguien que domine esos programas y le apetece estudiar esta cuestión, le ofrezco mi blog para que, si lo desea, exponga sus resultados en él.

Mientras tanto, yo utilizaré la pintura que he hecho sobre esa fotografía, para la portada del resumen de unas 260 páginas que pronto ofreceré en internet de la obra de referencia “¿Donde está el cadáver de Hitler?”, porque lo que es indiscutible es que… ¡MI PINTURA NO TRATA DE ENGAÑAR A NADIE!

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¿Existen seis fotografías tomadas a Hitler después de 1945…?

LA PRIMERA

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El día 30 de abril escribía en Facebook que el día 6 el Periodista Digital publicó  una artículo titulado “La misteriosa foto de Hitler anciano tomada por el FBI” y se abría con las dos fotos de Hitler juntas reproducidas a continuación: la de la derecha era indiscutiblemente la de un Hitler joven y a la izquierda un Hitler entrado en años y calvo, atribuyendo su origen, sin demostración alguna, al FBI: busqué esa imagen en los archivos que el FBI había desclasificado en 2011 y no estaba en ellos. En esa foto Hitler podía tener, como mucho, unos 70 años, por lo que el FBI debía haberla obtenido en la década de 1960. El parecido del personaje en ambas era innegable.

En la entrada más antigua de las recogidas por Google aparecía un video en el que se recogían afirmaciones sobre la no-muerte de Hitler, que el cadáver era de un doble, que habían escapado a Argentina, llevándose una gran fortuna, etc. Se comparaban las dos fotos, asegurando que, sin duda, eran del mismo individuo (Hitler), ya que, como se afirmaba en la décima frase del vídeo, “el software de reconocimiento facial confirma que se trata de LA MISMA PERSONA”. De la imagen del Hitler más anciano se decía que “había sido tomada entre mediados y finales de la década de 1950’, concluyendo que “Hitler había sobrevivido en Argentina hasta 1972, al menos”.

Yo estaba seguro que se habían tomado fotografías de Hitler después de 1945, porque el Misionero que aparece en la ‘Perístasis’ de mi libro me había dicho que él tenía algunas y que las estaba destruyendo junto con otras pruebas, que nunca quiso enseñarme.

Me puse a estudiarla concienzudamente y el día 8 de mayo subí a Facebook un segundo artículo en el que escribí que esa 10ª locución era cierta porque ambas fotos eran del mismo individuo.  En ese artículo demostraba de forma incontrovertible, gracias a la ayuda informática de Luis Cuesta Gordillo,  que la foto de hacia 1965 era la misma que aparecía en  el documental “Eva Braun dans l’intimité d’Hitler” (CC&C Clarke Costelle et Cie, 2007, secuencia 1:03:30-41) y que podía ser de 1943 o 1944. El falsificador había olvidado el perfil de una montaña del fondo. Una vez localizada esa coincidencia se identificaron fácilmente las de la vestimenta y las rapaduras del pelo y del bigote, poniendo en evidencia la soez manipulación, que se puede apreciar en la imagen siguiente:

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Estimulado por el descubrimiento de esta superchería sin ayuda de programas informáticos, sin ser especialista en reconocimiento facial y sin tener otros conocimientos de informática más que los muy imprescindibles relativos a un elemental tratamiento de textos, he decidido abordar el estudio de las otras cinco imágenes de HITLER VIEJO que he encontrado en Internet.

LA SEGUNDA

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Comenzaremos por la que parece ser un esbozo. Presenta el original a su lado, percibiéndose el cambio que sufre el personaje con la modificación de un solo factor: el pelo.

La he visto en algunas ocasiones y no ofrece ningún problema. Parece un ensayo prospectivo como los que preparaban los servicios de inteligencia aliados:  bosquejos sobre cómo podían evolucionar los rasgos fisonómicos de Hitler en previsión de una posible fuga, ensayando cambios de peinado, con gafas, etc., pero estas imágenes no nos sirven para decidir la autenticidad o falsedad de las que nos presentan a un Hitler de más de 56 años.

LA TERCERA

No tengo más datos sobre ella que lo que se ve en dicha fotografía. Internet, ya se sabe, es así: cada cual sube lo que le apetece y con frecuencia no hay la más mínima indicación sobre su contexto. “He’s still alive, bitches!” La expresión utilizada (“¡Demonios! ¡Vive todavía!” “Bitches”, literalmente significa ‘zorras’) expresa incredulidad y extrañeza. Aunque el personaje tiene un cierto parecido con Hitler, hay que reconocer que es bastante más joven. Pongamos que lo más pronto que pudiera haber sido tomada esta fotografía fuera 1946. Hitler tendría 57 años y, aunque ya no estuviera tan avejentado como estaba en los últimos días en el búnker, el personaje de la fotografía representa 45 años como mucho. Creo que es muy razonable descartar su autenticidad.

LA CUARTA

Encontré con frecuencia la primera de estas dos fotografías, en la que apenas se podía vislumbrar la cara del varón. Miré muchos cientos de entradas de Google hasta que, finalmente, di con esta segunda en la que se veía aceptablemente la cara del personaje masculino. Está en: (ar.answers.yahoo.com/question/index?qid=20150525111323AAErRcp). No figura quién abre la entrada. Se supone que la primera, que está dirigida a un tal ‘Billy’, la envió (‘hace 2 meses’, sin aparecer la fecha, aunque por algún lado aparecía 2014) un tal Olafo. Luego aparece la segunda que lleva escrita por arriba la frase: “Olafo, encontré también esta otra foto del tipo ese de Mato Grosso” y por debajo aparece “Billy, The Kid, hace 2 meses”. Antes se nos ha asegurado que el vejete era conocido como “Adolf Lepzig, el Viejo Alemán”. Debo agradecer a quien haya publicado la segunda, porque nos permite afirmar con total seguridad que esa cara no es la de Hitler, sin tener que operar sobre que yo pueda tener certeza de que Hitler no vivió hasta los 90 años ―en algún caso se dice que hasta los 96―, como se asegura en varios artículos en los que aparece la primera fotografía. Es, pues, una de las fotografías más insólitas que uno se pueda imaginar, no ya porque se hubiera liado con Cutinga, una mujer de color ―algo inconcebible en el ex-jefe de una ideología tan hiperracista como la nazi―, sino porque el parecido es nulo. Lo único que tenían en común es que ambos se llamaban Adolf.

Se amplían datos en SDPnoticias.com de 25 de enero de 2014 ―en esas fechas apareció en muchas direcciones― se nos dice que, según el ilocalizable libro de la estudiante de posgrado Simoni Renee Guerreiro Dias, “Hitler en Brasil, su vida y muerte”, dice que Hitler habría huido a Argentina, después a Paraguay, yendo finalmente a parar al Mato Grosso, donde habría buscado un “tesoro” siguiendo un mapa facilitado por el Vaticano. Se habría instalado en Nossa Senhora do Livramento. Aparecen fotografías del cementerio donde estaría su tumba y de la ropa con que lo habrían enterrado. Se nos asegura que una monja del hospital donde Hitler estaba ingresado lo habría reconocido y le habría pedido que se fuera, pero habría sido reprendida por su superior quien le habría explicado que ese “hombre de edad avanzada” estaba ahí por órdenes del Vaticano, como si fuera creíble que hacia 1985 alguien del Vaticano impartiera semejantes órdenes.

LA QUINTA

H quinta

Esta foto la encontré en una entrada de Google de 2008. Aparecen envejecidos Bruce Lee, Marilyn  Monroe  y Adolf  Hitler.  Mediante  algún programa informático de tratamiento de imágenes se ha manipulado alguna de las muchas fotografías de Hitler. No parece que tenga intención alguna de engañar, puesto que la manipulación es evidente. Así es como yo creía que, más o menos, eran las posibilidades más sofisticadas de las manipulaciones prospectivas de las herramientas informáticas.  Hasta que me topé con…

LA SEXTA: Esta:

H sexta Basti 1

 

 

 

 

 

Abel Basti la  recibió en forma anónima hace muchos años…

H ojos pintados por V Y yo la he pintado así. Aparecerá completa en el próximo capítulo.

 

 

 

 

El campanero tocó y repicó unas campanas que no existían. Y ¿qué hacen los historiadores 70 años después?

¿Cómo pudo Trevor-Roper tocar unas campanas que no existían?

Él mismo nos lo dice en el Prólogo a la séptima edición en el que, con motivo de la conmemoración del quincuagésimo aniversario de los hechos, aprovecha para reafirmarse en lo sostenido en 1945 y 1947. Sin embargo, en 1983 había autentificado los falsos manuscritos que Konrad Kujau  intentó colocar a la revista alemana Stern como escritos por Hitler. Yo ya expuse los hechos en general en las p. 200-203 de mi libro, ampliando en las notas las incidencias correspondientes a España.

Sir Dick White, su otrora poderoso amigo y protector que le propuso para dirigir la investigación, se había jubilado en los primeros 70; él hacía tres años que había dejado de ser “Regius Professor of History of Oxford” y el desprestigio que causó la autentificación, aparte cuchufletas y chascarrillos, dio lugar en 1986 al libro, reeditado en varias ocasiones, de Robert Harris Selling Hitler: The Story of the Hitler Diaries,Libro sobre T-R ed. 2009libro sobre T-R y diarios x

que, a su vez, generó en 1991 una miniserie televisiva de 5 capítulos con el mismo título, que en 2010 aparecieron en DVD. He aquí su carátula:Portada de miniserie-Selling-hitler-dvd


Hay que decir que los británicos, que durante 38 años le habían considerado la máxima autoridad en la materia, hacían leña del árbol caído con la misma habilidad y dedicación que los españoles, mientras, paradójicamente, la doctrina oficial instaurada por él, jamás se revisó ni se buscó a fondo la verdad histórica, proclamada desde Heródoto (S. V a. C.) como aspiración del historiador. (Heródoto , considerado el padre de la Historía decía : “Sobre este punto voy a referir las cosas (…) [siguiendo] a aquellos que las cuentan como real y verdaderamente  pasaron” Los nueve libros de la Historia. Libro Primero: CLIO, XCV. “El amor de la verdad no me da lugar a que la calle y disimule” Libro VII. Polimnia. CXXXIX, etc.)

En 1995 se edita la séptima edición, pero 12 años no habían sido suficientes para curar las cicatrices de tanta desventura y desprestigio, que yo traté de reflejar, siguiendo el ‘tupido velo’ del olvido que se corrió sobre Trevor-Roper en The New York Times, medio en el que repartía credenciales a su gusto en sus artículos dominicales. Así que recuerda con gratitud y añoranza a su protector Sir Dick White, fallecido el 21 febrero de 1993, el todopoderoso jefe del Servicio de Inteligencia británica a quien en el prólogo de su libro considera “el primer padre y la comadrona del libro” y nos dice que “En este caso las circunstancias eran excepcionales, incluso únicas. El teatro en el que tuvo lugar la acción estaba cerrado; los actores eran pocos y conoci­dos; no había butacas para el público ni la prensa; ni críticas ni anuncios. Los documentos básicos eran pocos, y estaban todos en mi poder. Así pues, en teoría podía contar la historia sin miedo a que fuera objeto de correcciones posteriores.” (…) “¿Qué historiador podría desdeñar un desafío similar, una oportunidad como ésta?”

¡Vaya, que dicho en román paladino, lo tenía todo tan controlado que podía contarlo como le diera la gana! Y se volcó en esa tarea desde el minuto uno.

En la Itroducción a la tercera edición (1956) nos había dicho que había sido designado para llevar a cabo la labor de “reunir toda la información disponible para determinar, en la medida de lo posible, la verdad” y que británicos y americanos le dieron “todas las facilidades” para disponer de todo el material militar acumulado, para “interrogar a sus prisioneros y a garantizar la colaboración de su organización local de contraespionaje, el CIC”.

El Ejército americano había adoptado el dictamen de Walter C. Langer y su equipo de psiquíatras cuya octava posibilidad, muy probable, era el suicidio de Hitler y, por supuesto, había hecho suya la categórica declaración de Truman. El recién estrenado Presidente había dicho en la tarde del día 2 de mayo de 1945: “Los Estados Unidos tienen información oficial de que Hitler está muerto”. Churchill había dicho el 15 de mayo en la Cámara de los Comunes que su gobierno consideraba cierto el informe de la muerte de Hitler. A principios de septiembre los rusos acusaron a los británicos de esconder a Hitler y Eva en su zona de Alemania, lo cual, según el propio Trevor-Roper, “motivó mi designación para esclarecer los hechos”, lo que ocurrió a mediados de septiembre. Trevor-Roper tenía 31 años y era comandante en el Servicio de Inteligencia.

¿Qué había ocurrido? La comprometida decisión del gobierno inglés y su malestar por el morlaco que Stalin les había soltado inesperadamente; una investigación del ejército americano, la inoportuna declaración de su Presidente y, tal vez, la aplicación que Corsi dio al dilema de George Wasington; la seguridad que los británicos tenían de que serían apoyados por parte del Ejército Rojo, especialmente los del SMERSH; la inmediatez de la organización del Tribunal de Nuremberg… habían urgido a plantear la necesidad de una doctrina oficial clara, tajante y expresada en forma dogmática.

La ambición y el ego del joven comandante, elegido para ser el instaurador y principal vocero de la doctrina oficial, eran conocidos por Sir Dick White. No importaba que no tuviera preparación criminalística alguna como pone de manifiesto no haber entendido para qué podían servir la radiografías y tener que pedir “a D. S. Hayton Williams el que me explicara el significado de estas radiografías”. No es comprensible que le hubieran ordenado a él buscar la verdad, porque si, disponiendo de tan poco tiempo, hubiera sido así, se habría encontrado con demasiadas cosas que le habrían causado una perplejidad insuperable. En el escasísimo tiempo que duró su investigación es imposible que no se encontrara nada que fuera absolutamente incompatible con el suicidio; que no se percatara de la importancia de la desaparición de unos cadáveres quemados sin encontrar ningún resto de sus cenizas. Es sumamente extraño que no se hubiera planteado ni siquiera metodológicamente la hipótesis de la fuga por lo que uno no puede entender que no presupusiera, porque así estaba decidido, que Hitler se había escapado y que se había limitado a demostrar lo que le habían pedido que corroborara: que se había suicidado junto con Eva y que ambos habían sido quemados. Todos habían recibido la orden de encontrar a Hitler vivo o muerto. Sobre los rusos nos lo dijo Rezevskaya y Heimlich sobre los americanos. Solo a Trevor-Roper se le encargó que ‘averiguara la verdad’. Si hubiera tenido una disposición científica de apertura al conocimiento y establecimiento de lo que realmente hubiera podido ocurrir, no hubiera sido capaz de sacar esas conclusiones tan extremadamente pronto (da lo mismo que fueran tres semanas, como dice Corsi que consignó el Mayor Edward L. Saxe, o las seis que siempre se habían supuesto: habría necesitado, no meses, sino años).

Lo digo así, porque estoy firmemente convencido de que Trevor-Roper se limitó a cumplir una misión militar, demostrando lo que le habían pedido: que confirmara que se había suicidado. Con los apoyos con que contó, impuso el suicido y cremación SIN NI UNA SOLA PRUEBA INCUESTIONABLE. Pase que Trevor-Roper, dadas las circunstancias, tocara unas campanas que no existían, pero lo verdaderamente incomprensible es que hoy, 70 años después, los historiadores sigan tocando esas inexistentes campanas sin querer caer en la cuenta de algo evidente: que, SI ESTAS NO EXISTEN, SOBRAN TODAS LAS DEMÁS RAZONES QUE SE PUDIERAN ADUCIR.

 

Es imposible repicar campanas que no existen

Entre mis muchos recuerdos de estudiante en el Seminario de León está el de aquél profesor que nos explicaba en clase de Lógica que de poco servía acumular pruebas accidentales, si faltaba la que era esencial y lo hacía con una historieta esclarecedora e inolvidable.

Por aquel entonces los obispos solían hacer cada cierto tiempo la visita pastoral a las parroquias de su diócesis para conocer las necesidades de sus gentes e interesarse por ellas, para confirmar o dar la primera comunión, etc. El párroco solía salir al frente de sus feligreses, generalmente los niños y niñas escolarizados, bastantes mujeres y algunos hombres a esperarle en un determinado punto no muy lejos de la iglesia parroquial, frecuentemente cerca de la carretera. Todo estaba preparado para que, cuando se bajara del coche, comenzaran a repicar las campanas, celebrando su visita pastoral, entre cánticos y gritos de ‘¡Viva el Sr. Obispo!’, contestando todos a coro: ¡Viva!

Pero en aquel pueblo, al que había llegado en su primera visita pastoral el nuevo obispo de aquella diócesis, no tocaban las campanas por lo que no era fácil gritar a palo seco ‘¡Viva el Sr. Obispo!’ y el recibimiento resultó bastante frío. Así que el Obispo no tardó en preguntar al Párroco:

―¿Cómo es que no me reciben, como se hace siempre, con el tañido de las campanas…?

El cura respondió inmediatamente:

―Mire usted, señor Obispo, por cien razones. Primera: porque en la iglesia de este pueblo ¡no hay campanas! Segunda: porque no hay quien…

―¡Pare, pare, pare… ―le interrumpió rápidamente el prelado― que si no hay campanas, sobran las otras noventa y nueve!

campanas

Que si no hay campanas, no se pueden tocar es algo tan elemental  como que, si no hay cadáveres, no se pueden encontrar y sobran todos los demás argumentos que queramos aducir. Los rusos no pudieron hallar los cadáveres quemados de Hitler y Eva porque NO EXISTIERON TALES CADÁVERES NI QUEMADOS NI SIN QUEMAR.

El próximo 1 de noviembre se cumplirá el septuagésimo aniversario de un documento todo lo trascendente que se quiera desde el punto de vista militar, pero muy ominoso para la Historia, porque un militar, que conocía muy bien el oficio de historiador, gozando del apoyo incondicional de los ejércitos Aliados, incluido buena parte del ejército Rojo, invirtió la carga de la prueba y convirtió en verdad oficial lo que le convenía demostrar por unas razones u otras. Era él quien debía demostrar que alguien, que estaba vivo, había muerto. Era él quien debía probar que sus cadáveres habían sido quemados, mostrándolos convenientemente incinerados. No aparecieron, pero no importó: estaban las declaraciones de unos testigos, algunos documentos fabricados expresamente y ciertos argumentos que por sí mismos no valían nada. Aunque no existiera campana alguna que tocar, tenían poder para hacer creer a todos que realmente las podían repicar cuanto quisieran y que, pese a partir de la constatación inicial de que no podía hacerlo porque no existían, podían seguirlas repiqueteando siempre que quisieran.

En la ‘Presentación’ de mi obra en este BLOG destacaba estas incongruencias, diciendo que nos habían hecho comulgar con ruedas de molino, aunque en este caso concreto, dada la magnitud del engaño, habría que hablar más bien de “cabezas de tuneladora”. La comparación puede parecer exagerada; pero la dimensión del engaño colectivo normal ya había quedado fijado con las ruedas de molino y este era un engaño tan descomunal que los ejemplos tradicionales de las pétreas muelas o como el del ‘rey desnudo’ de Andersen en uno de sus cuentos (cuyo contenido ya lo había recogido Don Juan Manuel como contado por Patronio al Conde Lucanor en el ejemplo XXXII) se quedaban muy chicos. Este era un engaño tan descomunal que no exageraba un ápice cuando en la portada del libro lo califiqué de “la gran mentira del siglo XX”.

A lo largo de este septuagésimo aniversario iré exponiendo y analizando en este BLOG, bajo un título común ―BUSCANDO LA VERDAD HISTÓRICA― las distintas pruebas utilizadas por la doctrina oficial poniendo, poco a poco, en evidencia su escasa o nula consistencia. El Informe de 1 de noviembre de 1945, atribuido a Trevor-Roper, comienza reconociendo la limitación de su prueba “basada en gran medida en testimonios”, por lo cual nos dice con modestia que es “TODO LO CONCLUYENTE QUE PUEDE SER, NO HABIENDO APARECIDO LOS CADÁVERES”. Bueno, pues pese a esa premisa mayor, formulada aceptablemente, aunque no precise el grado en que pueda ser concluyente ―que en mi opinión es muy escaso, por no decir nulo― en el primer párrafo de los seis de que consta la conclusión asegura sin el menor rubor que “No existe prueba alguna que sustente ninguna de las teorías que presuponen que Hitler sigue vivo” [señor Trevor-Roper: se debe ‘presuponer’ que alguien sigue vivo, mientras no se demuestre fehacientemente que ha muerto](…) y en el segundo asegura sin sonrojo alguno que “han sido investigadas y carecen de fundamento” (…), “que la mayoría de ellas fueron refutadas y los autores de algunas han admitido que eran pura invención”. Por si fuera poco, como quien no quiere la cosa, trata de fortalecer las indefendibles declaraciones de sus testigos y nos presenta como imposible una fuga  de Hitler después de las 14:30 del día 30 de abril de 1945 y considera la suya la única prueba positiva, mientras las de los contrarios las juzga como “carentes de toda razón válida”.

Yo no encuentro expresiones ―dentro de una mínima educación― para definir esta forma insolente y despectiva de argumentar, pero alguien tendría que haberle dicho que, si se carecía de los cadáveres, era como si se carecía de las campanas y las otras 99 razones no servían para nada. Por eso los rusos lo tuvieron tan claro ante la pregunta que Stalin formuló el día 1 de mayo a las 5 de la mañana a Zhúkov ―”¿Dónde está el cadáver de Hitler?”― que se pusieron como locos a buscar unos cadáveres que poder ofrecer a Stalin, al pueblo ruso que contribuyó con tantos millones de muertos, y a sus aliados occidentales, para que no pensaran que se había escapado por su propia torpeza.

Alguien debería haber dicho a Trevor-Roper ―parece que fue él quien preparó el Informe de 1 de noviembre de 1945― que, si eran tan necesarios los cadáveres para probar la muerte y cremación de Hitler y Eva, no se podía suplir esa carencia invirtiendo la carga de la prueba y acumulando argumentos, porque aunque hubiera logrado contar hasta 99 de gran peso, que no era el caso, no serían suficientemente valiosos.

¿Tan difícil de entender es que, si no existen campanas, no se puede seguir campaneando…?

mussolini

¿Tan dificil es entender que no se puede seguir campaneando durante 70 años, si el 30 de abril de 1945 no había campanas, es decir, si no había cadáveres tan indiscutibles como los de Mussolini y Clara Petacci, que los vieron y tocaron cuantos quisieron…?

Cuando año y medio después publicó Los últimos días de Hitler ni siquiera trató de mejorar una prueba tan deficiente, sino que, simplemente, se limitó a establecer el relato oficial de cómo se habían suicidado, aunque con las razones esgrimidas no se pudiera demostrar que hubieran muerto…… y hoy, setenta años después, sus seguidores SIGUEN CAMPANEANDO ¡TAN SIN CAMPANAS COMO EN 1945…!