Documento subastado y documentos desclasificados por la CIA

Según parece JF Kennedy, con 28 años, periodista por poco tiempo de la cadena Hearst en Berlín, intuyó la supervivencia de Hitler y un W. F. Heimlich dejó de ser Coronel-jefe de la Inteligencia Aliada en Berlín a los 34 años por afirmar tajantemente la fuga de Hitler.

 

El miércoles 26 de abril de 2017 se subastaron 61 páginas de un joven JF Kennedy de 28 años que había sido destacado a Berlín como enviado especial de la cadena Hearst. El 7 de agosto regresó a EE.UU, pero quedó ese material, en base al que se ha dicho que Kennedy creía en la supervivencia de Hitler. Yo he revisado bastantes de los folios mecanografiados y solo he encontrado las tres últimas líneas de este párrafo para poder atribuirle la creencia en la fuga de Hitler. Creo que es suficiente con suponer en él una apertura a la posible fuga, puesto que lo que se presentaba como indiscutible era que no se había encontrado el cadáver de Hitler y que los rusos dudaban de que hubiera muerto. Pero lo que parece más que probable es que tuvo una certeza total a partir del 20 de enero de 1961 en que asumió la Presidencia.

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El 26 de abril se subastaban 61 hojas de un joven Kennedy del que se dice que creía en la supervivencia de Hitler. En este trozo de una de ellas se afirma que “no había una prueba completa de que el cuerpo encontrado fuera el de Hitler. Los rusos dudan de que esté muerto.” Pero ¿es suficiente para sostener que Kennedy manifestaba su convicción de la fuga o, simplemente, refleja los criterios dominantes en ese momento…? Tal vez haya alguna expresión más que yo no he visto.

¿Habría que enlazar esas tres líneas con el primer documento de la relación, según el artículo de Peter Baker Scott Shane de 27 de octubre de 2017 en el The New York Times? La noticia aparecería en los días siguientes en multitud de periódicos.

Baker y Shane decían en ese artículo que habían desclasificado 891 documentos relacionados con el asesinato del presidente John F. Kennedy. Sin entrar en las posibles causas de “la presión de la CIA y el FBI para mantener clasificados miles de documentos adicionales” (El Confidencial de 29/11/2015 afirmó que quedaban 40.000 documentos federales por publicar sobre el asesinato de JFK), hay que decir que este  documento fechado el 3/10/1955 y microfilmado el 26/07/1963, estaba en poder de JFK cuando fue asesinado el 22-11-1962. ¿Es creíble que JFK estuviera considerando nada más ese documento o estaría estudiando más documentos en poder de la CIA y del FBI antes de tomar una resolución concreta sobre tan enojoso tema? ¿Tuvo noticia de lo que Werner Brockdorff (pseudónimo de Alfred Jarschel, alto ex-jefe de la Juventud Hitleriana) afirmó en su obra en 1969? Lo escribió en 1969, pero lo que Brockdorff-Jarschel revela es de 1952, es decir, de 17 años antes y, por tanto, 9 años antes de ser Kennedy el trigésimo quinto presidente USA: “El Servicio Secreto americano conocido por la CIA ha tenido noticia, por lo menos [en] el verano de 1952, de que Hitler vive. Dos funcionarios parece que han visitado entonces el ‘nuevo’ Berghof de Sudamérica y conversado largo rato con Hitler. Le hicieron, además, muchas fotografías y hasta rodaron un film. Estos documentos figurarían entre los secretos más celosamente custodiados de cuantos pueda celar (=ocultar) la CIA”. Y más adelante en la misma p. 305 dice: “Encuentro harto verosímil la noticia, que también me llega, de que tanto Hitler como su ‘entourage’ reciben de la CIA una subvención regular mientras el secreto siga siendo secreto”. Es decir, según BrockdorffJarschel (que no es un testimonio cualquiera) la CIA no sólo conocía su existencia, sino que pagaba para que ni Hitler ni nadie de sus adeptos incondicionales dijera ni mu.

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El 26 de octubre se desclasificaban los documentos de la CIA, entre los que destacaba el que reproducía una muy discutible foto de Hitler. Seguro que las tenían mucho mejores.

Son demasiadas las teorías existentes sobre el asesinato de JFK y no se trata de añadir una más. No voy a lanzar sospechas sobre el FBI con su todopoderoso jefe John Edgar Hoover (muerto en 1972 con 37 años de jefatura absoluta del FBI) ni a la CIA o a su antecesora la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos). Me limito a apuntar la hipótesis de que JFK y su hermano Robert, como Fiscal General de EE.UU., se encontraran en el punto de mira de quienes de una forma u otra habían contribuido a mantener el tratamiento oficial dado a la supervivencia de Hitler. Indudablemente el encubrimiento y sostenimiento económico con dinero americano y otros fondos incrementarían el pastelazo que aquellos dos jóvenes hermanos estaban dispuestos a descubrir. No deja de ser una coincidencia insuperable que ‘Bobby’ Kennedy también fuera asesinado el 6 de junio de 1968, es decir, dos años y medio antes de que Hitler muriera en África, sin que la doctrina oficial americana, británica y soviética tuvieran la más mínima noticia.

Cuando tantos servicios de inteligencia, determinados grupos nazis y muchos archivos eclesiales estaban dispuestos a mantener como fuera el ‘statu quo’ supérstite, pese a poseer documentos y fotografías fehacientes de su supervivencia, no es extraño, por tanto, que el progenitor del misionero le hiciera prometer en más de una ocasión que no tocaría el tema de Hitler (y no sólo, como es obvio, en lo que pudiera caer dentro del secreto de la confesión…). Fue el padre del misionero quien se encargó de facilitar los datos sobre el punto exacto de su enterramiento a quien correspondiera, para que, como efectivamente se hizo, su cadáver enterrado en posición vertical en un punto cercano al lago Chad, fuera transportado desde allí hasta Paraguay, donde fue enterrado definitivamente el 1 de enero de 1973, según dijimos en el blog el 1 de septiembre de 2017.  

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¿Conocían los hermanos Kennedy la pajarotada montada para ocultar un Hitler vivito y coleando y estaban dispuestos a denunciarla…?

Es posible que alguna vez cuente dónde y cómo dejé constancia de haber tenido este presentimiento en el verano de 1969. Hacía poco más de un año que había sido asesinado Robert Kennedy. No era yo el único que pensaba que ambos hermanos se debían haber topado con algo muy gordo, algo cuya verdad no se debía dar a conocer de ninguna manera. Finiquitado John, había que evitar a toda costa que Robert llegara a la presidencia e iba camino de ella a pasos agigantados. Yo disponía de una referencia que pocos tenían: en el verano de 1967 el misionero había dicho que Hitler vivía, porque lo habían llevado a confesarlo. Consulté con dos curas muy amigos, ya fallecidos, y convinieron conmigo en que, a nivel puramente personal, era el punto de apoyo de la palanca que me permitiría mover la creencia generalizada en el suicidio.

De verdad que lo he intentado. Si alguna vez es reconocido, espero seguir aquí para saberlo.

“Persiguiendo a Hitler” (mi opinión)

Son seis personas las que conforman el equipo que dirigen colegiadamente Bob Baer y el Dr. John Cencich en la serie Persiguiendo a Hitler de History Channel. Los seis llegan a caer simpáticos, incluido Gerrard Williams gerrard wiliamsque publicó a finales de 2011 con Simon Dunstand Grey Wolf. The Escape of Adolf Hitler. En muchos periódicos aparecieron artículos en los que Abel Basti denunciaba que, tras el fallido proyecto de publicar un libro y filmar una película con ellos, le habían copiado todo el material que él tenía. Todavía recuerdo que cuando examiné la obra en inglés en la Casa del Libro, tuve la impresión de que, efectivamente, le habían copiado parte del material publicado en distintas obras suyas. Después se publicó en español en Argentina, pero nunca supe si, finalmente, los demandó ni cómo quedó el asunto.

Bob Baer perteneció durante 21 años a la CIA, según parece, muy meritoriamente. En la Agencia decían que era el único que trataba de vivir la máxima esculpida en mármol a la entrada de la sede, consistente en las trece palabras con las que la llamada ‘versión del rey James’ había traducido en 1611 las correspondientes nueve griegas del Evangelio de san Juan (8,32): Y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Tal vez alguna vez lo hubiera oído, pero no recordaba que ese fuera el lema de la Agencia, y me pregunté si lo habían elegido como aspiración de cumplimiento o solo para dar brillo a la institución, sin que supusiera atribución de posesión de la verdad ni, menos todavía, potencialidad de conferirla.

Participó con rango parecido al de Bob Baer el Dr. John R. Cencich, profesor de Investigación de la Univ. de Pensilvania e investigador durante cuatro años para el TPIY (Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia) sobre los crímenes cometidos por Slobodan Milosevich en Croacia. También llaman la atención Lenny DePaul, alto oficial de las Fuerzas americanas de caza de fugitivos y Tim (Timothy) Kennedy, sargento de primera clase de las Fuerzas Armadas y, entre otras habilidades, maestro de artes marciales. Procedente del ámbito privado, forma parte Steven Rambam, fundador de Pallorium, Inc., una Agencia de Investigación particular que, entre todas sus filiales, había esclarecido más de diez mil delitos de todo tipo en el mundo entero.

Así que tenemos un equipo de seis personas, a las que se añaden en los ocho capítulos otros especialistas que intervienen con máquinas de alta tecnología, como intérpretes o como peritos en puntos muy concretos, destacando entre todos Sascha Keil, experto conocedor del subsuelo berlinés con sus 159 kilómetros de túneles subterráneos que no enseñan a casi nadie. Sascha ya había aparecido enseñando a Antony Beevor esos túneles en Los búnkeres secretos de Hitler y en algún otro documental. Así que seis personas para desenmarañar y comprobar los documentos contenidos en 744 folios con desmedida cantidad de tachaduras, con multitud de palabras ininteligibles por la mala calidad de las reproducciones, etc.

En la serie Persiguiendo a Hitler se dice y redice que esos documentos fueron desclasificados por el gobierno de EE.UU a comienzos de 2014. Sin embargo, Abel Basti nos dice en la p. 16 de Hitler en Argentina, obra de 2006, que el FBI liberó en 1998 las 754 hojas del Archivo Nº 65-53615, referido a Adolf Hitler y transcribe siete de ellos. Efectivamente, Basti prueba incuestionablemente que esos documentos eran públicos desde hacía quince años largos, lo que no resta mérito alguno a Baer y su equipo, sino más bien lo acentúa, porque rescatan del olvido una documentación válida.

En la serie de History se reproducen parcialmente numerosos documentos y repiten muchos de ellos reiterativamente, por aquello del ritmo cinematográfico, pero complican su identificación innecesariamente, cuando, en una cuestión tan debatida como el final de Hitler, se debería cuidar hasta el extremo su individualización, permitiendo localizarlos y distinguirlos de los pertenecientes a otras fuentes. Aquí estaba servida en bandeja, puesto que en los documentos del FBI apareció numerada cada hoja y agrupadas en cuatro bloques, bastaba con haberlas anotado del I al IV, poniendo, tras una coma, el número de la hoja. Así, Basti podía haber citado el fechado el 4 de septiembre de 1944, como el IV,139; los cinco fechados en 1945 como: I,1-3; II,164; II,169; II,176 y III,135; y el de 1955, como II,41. Sin embargo, en el libro de Basti se identifican muy bien, porque, además de traducirlos y comentarlos, los reproduce tal cual. Es en la serie Persiguiendo a Hitler donde se produce esa confusión.

Como ya presenté la serie capítulo por capítulo, ahora voy a examinarla, buscando el orden cronológico, independientemente del que ahora ocupen tras el montaje de las filmaciones, que con ese formato sin duda tienen más gancho que con un relato lineal. Y finalmente veremos algunas cuestiones de gran importancia que Baer y su equipo tratan con lógica, pero solo desde una de sus posibilidades.

Persiguiendo a Hitler se abre con la noticia difundida por radio de la muerte de Hitler y la el documento de Hoover, director del FBI, de 8 de mayo de 1947 (IV, 120) en el que se constata que “Los oficiales del ejército norteamericano en Alemania no han localizado el cuerpo de Hitler ni existe una fuente fiable que diga de manera definitiva que Hitler está muerto”.

Se preguntan partiendo del documento de 21-septiembre-1945 (I, 1), si Hitler pudo escapar de Berlín y cómo lo hizo. Documentan la dotación de 159 kms de túneles subterráneos, que llegaban hasta el mismísimo aeropuerto, por lo que deducen que se escapa en avión desde Tempelhof (cap. 3), donde había varios aviones y ya había sacado el 21 de abril sus pertenencias en uno de ellos (cap. 4).

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La serie demuestra que el túnel llegaba al mismo aeropuerto de Tempelhof, construido en 1927 y cerrado en 2008. Hitler pudo utilizarlo para escapar, pero no lo hizo.

Llega a Córneas, perteneciente al ayuntamiento de Baleira, provincia de Lugo, a unos 50 kms de Samos, ocultándose en el célebre monasterio (cap. 5).

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El Monasterio benedictino de Samos estaba unido por túneles a los edificios que están delante. Era un punto importante en la ‘vía de las ratas’.

Piensan que Hitler podía acudir a Franco por la ayuda prestada en la guerra civil y citan un documento de la OSS en el que se dice que Hitler no involucró a España en la guerra, porque le habían prometido refugio cuando Alemania fuera derrotada. Localizan en Venezuela al testigo que en 1945 vio a Hitler y a otro anciano que con 18 años presenció el aterrizaje de un avión con cuatro o cinco militares. Informan sobre la instalación de tres antenas de 120 metros, construidas en 1940 por Telefunken (cap. 5). En Vigo está el tungsteno y la actividad de los U-boat. Escapa en submarino desde Vigo (cap. 4) a Canarias, donde se repone en la finca de Gustav Winter (cap. 6º), partiendo después en submarino para Argentina. Llega a la Península de Valdés y Caleta de los Loros en San Antonio Oeste (cap. 3). Tres meses después de su muerte está en Florianópolis y en Charata (cap. 1). De allí habría ido al espectacular escondite de Misiones (cap. 2), habría estado en Inalco, propiedad de los Lahusen (cap. 6º) y en el hotel Edén. Buscan túneles entre la bodega y la vivienda de los Einhorn, distante 152 metros del hotel. Está bien documentada su presencia en Casino, Brasil, donde había antenas de tipo militar (cap. 7), y en Bogotá en relación el cohete V-3 y las ojivas nucleares, en línea con el establecimiento del IV Reich. Allí, habrían quemado el avión, arrojando los restos a un pantano cercano. Lo buscan, pero suspenden la búsqueda por falta de luz y por agotamiento del horario autorizado (cap. 8).

Deseo matizar los cinco puntos señalados en negrita que expondré en el mismo orden en que han aparecido en el resumen:

1º.- Respecto de que se escapara en avión desde el aeropuerto de Tempelhof, hay que decir que Baer y su equipo lo piensan así porque, efectivamente, los nazis habían dotado a Berlín de una acompleja red de túneles subterráneos en distintos niveles. Tal vez no se construyeran esos 159 kms subterráneos para poder escapar, pero es indudable que, si era necesario, podían utilizarlos con esa finalidad. Y es cierto que el día 21 salieron de Tempelhof diez o doce aviones con altos cargos nazis: además de otros, todos aquellos que convenía que estuvieran lejos, para que no sospecharan que Hitler se había escapado, no fueran a delatarlo. Y, efectivamente, ni Goering ni Himmler pusieron en duda su suicidio, aunque hubiera salido un avión con las pertenencias del Führer que para qué las iba a querer si se iba a suicidar. Es indiscutible que el día 30 por la noche ellos estaban en el búnker, ya que Eva fue vista por el Dr. Kunz en dos ocasiones, una de ellas “entre las 10 y las 11 de la noche”. Y respecto de él, la nota que pasaron al general Chuikov hacía las cinco de la mañana del día 1 lo decía muy claro: “Hitler se encuentra en el Tiergarten”. El mariscal Zhukov dijo que pudo escapar en el último minuto y Baur, el piloto de Hitler, contó a Bahnsen que el día 26 se le ordenó mantener una pista de aterrizaje en el eje Este-Oeste y que no asistió a la boda de Hitler en la noche del 29, ya que se quedó dormido, agotado por la instalación de una pista de aterrizaje de emergencia delante de la Puerta de Brandemburgo.

Y ¿por qué nadie sospecha que Hitler se hubiera escapado con posterioridad al día 21 en que salió un avión con sus propiedades: documentos, pasaportes, libretas bancarias, etc.? Porque Goebbels y su mujer se habían suicidado, previo sacrificio de sus seis hijos. Sabían que ellos no podían huir y esconderse sin ser descubiertos, por lo que su vida ya no tenía valor alguno, si no podían emplearla en el servicio del Führer y a su lado. Pero hubo un último servicio que los Goebbels podían prestar a su idolatrado Führer, consistente en proteger su fuga, aunque ya nunca más pudieran estar a su servicio y a su lado.

2º.- Se ocultó en el célebre monasterio de Samos: Yo nunca presté especial atención a que Hitler se hubiera escondido en España, salvo que fuera de forma tan transitoria como se señala en Persiguiendo a Hitler, tanto en lo que se refiere a haber aterrizado en avión en Córneas y escondiéndose unos días en Samos y, camino de Argentina, parara unos días en Canarias. La razón es la misma que expondré en el punto 3º: Hitler no se fiaba para nada de Franco, como manifestó en varias ocasiones, salvo que fuera una pose adoptada con finalidad de engañar, un poco como ocurrió con Suiza.

3º.- Sobre el documento de la OSS en el que se dice…:

a) Sobre ese documento: Que yo sepa no se ha desclasificado documento alguno relativo a Hitler de la Office of Strategic Services ni de su sucesora la CIA. Parece que ni juntas ni separadas hubieran producido ninguno. Por supuesto, Baer no nos lo aclara y él debía saberlo. Yo creo que hay documentos de la OSS y de la CIA sobre Hitler todavía sin desclasificar. Y del FBI también. ¿Cuántos…? ¿Más o menos que los rusos?

b) en el que se dice que Hitler no involucró a España en la guerra, porque le habían prometido refugio cuando Alemania fuera derrotada. Yo creo que Hitler no se fiaba en absoluto de Franco desde la conferencia de Hendaya (23/10/1940) y en aquellos momentos no creo que se pensara en la posibilidad de la derrota alemana ni que se hiciera la más mínima alusión a ella. Con la invasión de la URSS el (22/06/1941) y, sobre todo, con la entrada de EE UU en la guerra (8/12/1941), tras el ataque japonés a Pearl Harbor el día anterior, sí que hubo muchos militares alemanes que previeron el negro final que se cernía sobre el régimen nazi y, consiguientemente, sobre Alemania. Otra cosa es que a partir del contraataque de Zhúkov de 7 de enero de 1942 y, sobre todo, desde el enfrentamiento en Stalingrado se desencadenaran las intrigas de Jitomir entre Himmler y Schellenberg y no digamos a partir de febrero de 1943 se pusieran en marcha medidas previsoras de la derrota…

4º.- Sobre el espectacular escondite de Misiones preparado para ocultar a alguien muy importante: Si han aparecido medicamentos tan específicos de Hitler, se puede concluir que fue construido y preparado exclusivamente para él. Pienso que podría ser el proclamado por Doenitz en 1943 como “paraíso terrenal construido por la flota submarina alemana”, que Szabó suponía en “alguna ignota isla, situada lejos del mundo civilizado”. Esa construcción, tan compleja, hecha exclusivamente para esconder una altísima personalidad, solo pudo llevarla a cabo un equipo militar de la Marina o del Ejército en general. No es fácil que esa construcción hubiera sido hecha por un nazi muy rico (o un grupo de ellos) con un equipo de operarios.

5º.- Sobre en línea con el establecimiento del IV Reich. En varias ocasiones se apunta la finalidad de algunas actividades como tendentes a la instauración del IV Reich. Yo creo que hacía ya mucho tiempo que ningún alto dirigente nazi creía en el renacimiento del III Reich, como lo pone de manifiesto el suicidio de los Goebbels y el interés del propio Hitler en conseguir su supervivencia manteniendo a toda costa su ocultación. Otra cosa es que, pasado un tiempo, en selectas reuniones se exaltara actitudes militaristas evocadoras de tiempos pasados que ya no volverían.

En conclusión, deseo que quede claro, pese a estas cinco matizaciones, mi respeto por la brillante contribución de estas seis personas —y todos los colaboradores — que intentan verificar algunas aseveraciones documentales sobre hechos ocurridos setenta años antes, acertando en lo principal, aunque se falle, aun empleando la lógica, en algún aspecto secundario. Hoy se requiere verdadero voluntarismo utópico y un denodado esfuerzo para que cualquier estulticia no valga como si fuera una verdad absoluta por el mero hecho de concordar con la estolidez de la doctrina oficial.

“Persiguiendo a Hitler”, una seria digna de tenerse en cuenta

A comienzos de 2014, el Gobierno de EE.UU. desclasificó de los archivos federales 744 folios del FBI relativos a Hitler (aunque parece que alguno había sido subido a internet el 6 de enero de 2013 -en concreto el doc. de 21 de septiembre de 1945- e, incluso, parece que alguno había sido desclasificado antes de concluir el siglo XX).

Folios primero y último de los documentos desclasificados.

A finales de 2015, History Channel concluye Persiguiendo a Hitler, serie de ocho capítulos en los que se desarrollan los principales argumentos recogidos en esos folios. History Channel los emitió a principios de 2016 y Mega los ha transmitido por parejas los martes entre el 10 de mayo y el 7 de junio.

La serie fue dirigida colegiadamente por el equipo investigador de Bob Baer, agente de la CIA durante 21 años, y John Cencich, investigador de crímenes de guerra. Componen el equipo Tim Kennedy, Steven Rambam, Gerard Williams y Lenny Depaul y, luego, cuentan con otros colaboradores, especializados en los temas concretos de cada capítulo. Se basan, pues, en esos documentos del FBI (y alguna otra fuente similar), y utilizan bases informáticas de datos e instrumentos de tecnología muy avanzada para verificar setenta años después las pistas citadas en ellos lo que les lleva a un trepidante periplo por Argentina, Colombia, Brasil y España.

Bob Baer, conocido por la persecución a Sadam Husein, cree que no hay nada que confirme la historia de Hitler en el búnker. Considera a Stalin, “hombre muy serio y cuidadoso con lo que decía” y recuerda que el 17 de julio de 1945 en la conferencia de Potsdam dijo que Hitler estaba vivo. Sostiene que las pruebas forenses permiten concluir que Hitler escapó y ahora estos documentos comienzan a desvelar el mayor encubrimiento de la historia.

El primer documento que cita es el 726 y está fechado el 8 de mayo de 1947. En él se dice que: “según Edgar Hoover, director del FBI, los oficiales del Ejército americano destinados en Alemania no han localizado el cadáver de Hitler ni hay fuente fidedigna que confirme su muerte”. Dos años después de acabar la guerra, el FBI tenía abierta una investigación justificada para encontrarlo.

A lo largo de las cuatro siguiente entradas voy a intentar hacer un resumen del contenido de esta magnífica serie. Mi intención postrera es analizarlo a la luz de mi verdad subjetiva reflejada en la obra ¿Dónde está el cadáver de Hitler?